Para los que vieron en el soul la expresión de la minoría negra será una conmoción descubrir que unos cortantes toques de guitarra pueden pertenecer a un músico blanco o que compositores de demoledoras canciones capaces de poner la carne de gallina a una piedra, no tendrían problemas en un país racista. Sin embargo, lo bien cierto es que estos músicos y compositores comparten y sienten como suyo, tanto esa preferencia musical como su actitud vital: incluso habrá quien los definirá como "blancos negros". Todos juntos están decididos a trasladar su música más allá de la cuna que les vio nacer. Las grandes estrellas terminarán por viajar a Europa asombrándose de ver como son recibidos con extraordinaria adulación. Son tiempos en los que Otis Redding, tal vez el más grande exponente del soul, acepta actuar gratis en el festival hippie de Monterrey, al tiempo que cada vez son más los cantantes que se ganan la vida con contratos en fraternidades de las universidades del sur, donde la integración racial ya es aceptada sin mayor problema.
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