También en España resultará sorprendente la influencia de AC/DC entre ciertos sectores de los aficionados al volumen alto; en los barrios periféricos de las grandes ciudades se les adora como dioses, se pone su nombre a algunas calles y en las paredes su anagrama compite con pintadas políticas. 1979 supondrá el climax de su carrera artística con la aparición de Highway to hell, impactante producción donde el grupo demuestra su sobriedad y su solidez. Sin embargo, en abril de ese mismo año perderán a su cantante, quien aparece muerto en el asiento trasero de su coche a causa de sus abusos alcohólicos. Por fortuna para ellos y su legión de incondicionales, encontrarán en su magnífico sustituto, Brian Johnson, alguien que sabe berrear con la misma vehemencia que su antecesor y que además es aceptado por su público. Esta tragedia afianzará los lazos que unen a AC/DC con sus seguidores, fruto de lo cual surgirá una gira de presentación de su nuevo trabajo que se antojará descomunal. Tal vez desde entonces solo se hayan limitado a cubrir el expediente discográfico, pero en directo, detrás de las cortinas de humo y los efectos especiales, sigue palpitando una sección rítmica que es dinamita pura adentrándose en las venas y en la leyenda.
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