Tal vez sea comercialidad uno de los adjetivos que mejor defina -sin que haya nada de peyorativo en ello- esta música para bailar que durante la segunda mitad de los setenta acabó convirtiéndose en elemento dominante de las listas de éxitos internacionales. Fue ese menú imprescindible de las emisoras de radio de medio mundo que, sin embargo, y a pesar de la larga lista de platos más o menos elaborados que lo componen, careció de los mitos y estrellas que por ejemplo si contemplaba el rock, el blues e incluso el jazz. Héroes con los que millones de personas, cada noche y con una pista de baile envuelta en luces cambiantes y afrodisíacos sonidos como refugio, necesitaban identificarse. Por suerte no habrá que esperar mucho: Robert Stigwood, responsable de RSO Records, tras leer un artículo de prensa -ficticio en su mayoría- sobre las discotecas que proliferan en los barrios pobres de Nueva York, adquirirá inmediatamente sus derechos de autor para desarrollar una película que de momento no tiene nombre. Lo que si es seguro por entonces es que para su banda sonora se ha elegido a los más queridos y protegidos de la compañía; los australianos Bee Gees.
martes, 29 de junio de 2010
Música Disco; Chic (IV)
Cada nuevo trabajo se convertirá en un verdadero hallazgo rítmico donde letras, presencia instrumental. modélica producción. elegancia derrochada y buen gusto, serán ya marca de la casa. En 1979 terminarán por afianzarse como factoría imbatible de éxitos millonarios, viéndose además agasajados por suculentas ofertas en las que se les ruega que fabriquen a medida nuevos estilos para otros artistas faltos de negritud rítmica: Blondie, Sister Sledge, Carly Simon o Diana Ross entre otros, sacarán partido de su genialidad como productores.
Chic seguirá grabando periódicamente, pero sus nuevos trabajos -bañados por una mayor dosis de rhythm and blues y más duros- resultarán menos tragables para un público de rostro pálido a pesar de su altísimo calibre. En 1983 se decide enterrar el grupo para al final centrarse solo en la producción, donde trabajos de David Bowie -impresionante el ritmo de su Let's dance-, Duran Duran, Mick Jagger o Madonna, dan fe de su calidad, lujo, prestigio y comercialidad.
jueves, 17 de junio de 2010
Música Disco; Chic (III)
Abandonadas las dudas sobre el camino a seguir y ya con el nombre de Chic, se iniciará un frenético trabajo de composición, principalmente por parte de Neil Rodgers, que terminará formando parte de una maqueta grabada sin apenas medios. Con ella, y a pesar de contener pequeñas joyas, se pasearán sin respuesta positiva alguna por diversas compañías discográficas hasta que por suerte, será el mismísimo presidente de Atlantic Records el que enmiende semejante escasez de olfato y en 1977 les produzca su primer trabajo. Solo un mes más tarde y con nuevo álbum en las tiendas, darán el salto definitivo a los mercados internacionales, incorporando por entonces a su formación a sus dos vocalistas. Sus temas, copas de licor embriagante mezcladas con diamantinos toques instrumentales, elevarán a Chic por encima de inventos electrónicos y bailes robotizados. En ellos, la guitarra y el bajo llenarán cada surco del nuevo disco, ese del que venderán cuarenta millones de copias en todo el mundo, y por el que muchos músicos de rock -ribeteando así la magia del grupo- acabarán mostrando interés.
Música Disco; Chic (II)
Chic consiguieron hacer algo tan lúdico como incitar al baile no computerizado. Los culpables Rodgers y Edwards, ambos de raza negra y provenientes de familias modestas, no eran unos cualquiera; científico nuclear al que una simple reflexión sobre la guerra bastó para redimirlo, el primero. Reputado matemático el segundo. Solo hasta que la música termina por seducirles en cuerpo y alma cambiando laboratorio y despacho por estudio de grabación. Nile Rodgers, guitarrista, ansiaba en convertirse en líder exhibicionista de banda de rock a semejanza de su ídolo Jimi Hendrix. Sin embargo su destino le llevará a formar parte de un discreto grupo de rhythm and blues desde 1972 a 1975, años en los que su mayor estímulo residirá en su perfecta compenetración con un obseso e insobornable del bajo eléctrico llamado Bernard Edwards. Pronto decidirán abandonar juntos el grupo aún sin tener un nuevo trabajo a la vista y sin un estilo interpretativo propio, algo que no evitará su determinante asociación artística. A punto de embarcarse en estridentes sonidos cercanos al punk, -puede parecer imposible pero así fue- terminarán por suerte postulando en favor de la más universal de las reacciones ante la música: el baile.
Música Disco; Chic (I)
Entre tal cantidad de nombres célebres y otros que sin serlo conseguirán algún que otro éxito aislado, quizá sea Chic -verdadera factoría de lujo- quien presente las más interesantes aportaciones a la música de baile. No inventaron la música disco, pero hicieron algo más difícil: condimentar una verdadera especialidad de la casa gracias a sus compenetrados cerebros Nile Rodgers y Bernard Edwards. Plato de alta cocina internacional para especialistas que también saben paladear los elementos básicos y primarios; los verdaderos cimientos sobre los que se construirá la especial manera de fabricar éxitos por parte de estos dos neoyorquinos. Reacios al uso de la habitual artillería electrónica y sintetizada, su fina sensibilidad de instrumentistas, compositores, arreglistas y productores, les bastará para dar color y vitalidad a unas melodías tan sencillas como efectivas. Eligieron el camino del músculo en lugar del de la técnica endiablada y demostraron lo que aún se podía hacer con guitarra, bajo, batería, teclados, voces reales y algunos refuerzos orquestales.
martes, 15 de junio de 2010
Música Disco (XIV)
Otras interesantes voces femeninas serán Ann Peebles, profunda y clara voz sobre melodías inusualmente bellas y de ritmo reiterativo. Minnie Riperton, voz fascinante, tierna, optimista y decidida, pero a la que un desgraciado y terminal cáncer en plena juventud, le privaría de mayor gloria. Y también estaba Dionne Warwick, llamada le "venus de Nueva York" y que perteneciente a una extensa familia musical -Whitney Houston es sobrina suya- aprenderá a cantar en la iglesia hasta dotar su voz de un timbre frío y estudiado, de gran influencia para cantantes posteriores.
En el lado masculino sería imperdonable obviar a Bill Whiters, una de las más insólitas personalidades de la historia musical. Instalaba lavabos para aviones cuando grabó su primer trabajo, una inspirada versión negra de cantante folk, estilo que adaptaría más tarde como propio y para el que, evidentemente, en un tiempo de luces, color y baile, no habría sitio. Aún así, su estilo soleado y humanitario será aplaudido gracias a colaboraciones en las que presta su voz a grandes instrumentistas como The Crusaders o Grover Washington Jr.
Música Disco (XIII)
Alguien que también entendía de suntuosas orquestaciones es Barry White, quien de hecho tenía su propia orquesta -The Love Unlimited Orchestra- y su propio grupo vocal femenino -el trío Love Unlimited-, con los que en la década de los setenta grabará lo mejor de su repertorio, producciones sin embargo tremendamente costosas que llevarán más de una vez a este gran -en todos los sentidos- intérprete de voz profunda y sensual, a la quiebra. Con el tiempo intentará suplir sus gigantescas secciones de cuerda y los batallones de guitarras y violines que incluía su orquesta, por fríos sintetizadores, algo que además de ser imposible de forma evidente, le condenaría al descrédito. Avanzados los años, el inconfundible tonelaje de su voz, volvería a encandilar a medio mundo
-al tiempo que lo descubre para nuevas generaciones- gracias a la conocida serie televisiva Ally McBeal.
No gracias a la televisión, sino al teatro -de gira por Europa con el musical Hair-, pudimos disfrutar de Donna Summer, quien tras sus principios como corista y gracias a las producciones de Giorgio Moroder, llegará a ser una figura destacada y polémica. Revolucionó -también con su excesiva sensualidad interpretativa y su exhibicionista erotismo- los conceptos del mercado musical al tiempo que se instalaba en las listas de todo el mundo, dando a la música disco una trascendencia y respetabilidad que antes le había sido vedada.
Música Disco (XII)
Kool and The Gang tuvieron unos principios más experimentales, pasando de la música disco que hacían con gran éxito durante los setenta, a un pop totalmente aceptado, celebrado y bailado en los ochenta. Se trata de un grupo agresivo y callejero cuyo público estaba exclusivamente integrado por gente negra hasta que irrumpieron con fuerza en las pistas de baile de medio mundo; momento decisivo que llegará con la incorporación de su actual vocalista y la de un nuevo productor con el que buscarán la masificación de su música. Hoy puede confirmarse, sin miedo a equivocarnos, que lo consiguieron. Por el contrario, Van McCoy era más clásico en sus composiciones, si bien sus dotes de gran orquestador de canciones -donde prevalecen los temas con inspiración latina y un inconfundible uso del viento, los pianos y la percusión- acabarán demostrando que una canción de música disco también puede tener una gran riqueza musical. Su prematura muerte, de seguro que nos privó de un mayor número de maravillosos discos con los que disfrutar en una pista de baile.
Música Disco (XI)
The Isley Brothers son un grupo familiar de larga trayectoria, autores de canciones cargadas de sensibilidad, melodía y acierto, tan brillantes como imitadas, y cuyos comienzos los encontramos a finales de los cincuenta en el sello Motown. Con la incorporación de dos parientes más su sonido se volverá más eléctrico y contundente, casi pionero de lo que algunos críticos llamaron funk and roll. El paso del tiempo y por qué no, la comodidad establecida, dejará paso de nuevo a un aplaudido y celebrado regreso a sus orígenes, tanto musicales como de formación.
De voz exquisita, expresiva y con influencias latinas, encontraremos a mediados de los setenta, a Gloria Gaynor, quizá la artista que puede alzarse con el título honorífico de pionera de esta nueva forma de entender la música, y que por la facilidad con la que invitaba al baile, colaborará de forma inequívoca a conseguir el cenit para la música disco. Todavía en activo, mantiene un canon de calidad prácticamente insuperable dentro del género, siendo seguro que casi todo el mundo ha bailado -o al menos ha movido sus pies- al ritmo que marca su I will survive.
Música Disco (X)
Otro grupo muy popular y admirado será Cornelius Brothers and Sister Rose, formación con un estilo muy definido, emotivo y sentimental, y destinado a grandes logros de no cortar su carrera un desgraciado accidente de circulación. Con igual sentimiento interpretará sus canciones Roberta Flack, pianista clásica con acusada debilidad hacia el jazz que triunfará entre un público más adulto -su Killing me softly es un himno perpetuado en la historia- al que transmite seriedad. Alguno de sus grandes éxitos se los debe a los dúos formados con Donny Hathaway, teclista de sesión, productor e inquieto cantante con trabajos cargados de conciencia social y experimentación, y en una línea ascendente que cortará su lamentable suicidio.
Integrando a The Temptations encontraremos a Eddie Kendricks, coleccionista desde 1971 -año en que abandona el grupo- de varios éxitos disco-soul. Prototipo de cantante elegante y refinado, sus discos son sorprendentemente brillantes, grabaciones de lujoso soul, envolvente, bailable y a la vez desgarrado.
viernes, 11 de junio de 2010
Música Disco (IX)
Otros imprescindibles de la música disco serán The Commodores, estandarte del sello Motown que fraguarán su carrera recorriendo carreteras y clubs de toda Norteamérica, y en donde sobre todo interpretarán bellas baladas. Todavía en activo, será su cantante Lionel Richie quien ya en solitario, se muestre más certero en sus composiciones. Por su parte Earth, Wind and Fire, aparecerán en los setenta con pretensiones filosóficas, pero será su funk frívolo el que les lleve una década después al éxito. Su evolución se antoja paralela a la de la música negra en general, teniendo en su líder Maurice White a uno de los mejores autores de estribillos comerciales de toda la música de baile, y gracias a los cuales conseguirán coleccionar multitudinarios éxitos durante diez años. También encontramos a The Chairmen of Board, capaces de vender un millón de copias de su primer trabajo y que, aunque solo sobreviven tres años, atesoran discos de indiscutible valor, casi siempre con la llorosa voz de su líder y sus melodías como gancho infalible.
Música Disco (VIII)
En aquellos maravillosos años del baile, incluso algunos grandes intérpretes de los sesenta, todavía en activo, lograrán una década después sus mejores discos: Gladys Knight, Diana Ross, Stevie Wonder, Marvin Gaye o James Brown entre otros, pondrán su enorme talento al servicio de las pistas de baile. De los recién llegados, y entre la inmensa multitud de artistas que nos harán bailar, habrá también nombres memorables como Ashford and Simpson, productores, intérpretes y compositores del sello Motown en los sesenta y que en 1973 comenzarán a grabar como dúo temas sensibles y nada convencionales; ternura y búsqueda musical serenamente combinadas. De idénticos orígenes musicales provenía Johnny Bristol, verdadero especialista en la creación de atmósferas orquestales pero cuyas grabaciones nunca llegaron al éxito rotundo. Estaba gente como The Chi-lites, quizá las voces más dulces durante más de veinte años de carrera basando principalmente en su vocalista de apabullante falsete; todo mezclado en cuidadas y sutiles armonías vocales que sobresalían entre lujuriosas orquestaciones.
Música Disco (VII)
Con los precedentes de Filadelfia y Miami, el nuevo oro negro que supuso la música de baile en los setenta acabará liberalizando a la sociedad norteamericana. Una sociedad que tras las luchas por los derechos civiles en los sesenta, cuenta ya con una asentada, próspera y culta burguesía negra para la que los estudios universitarios, las grandes casas, la ropa elegante, las joyas y los coches constituían prácticamente una reivindicación social. Y será precisamente la música negra de estos setenta la que reflejará esta situación: la euforia invade los estudios de grabación y dos intereses polarizan la atención de los músicos; el sexo, como de costumbre, y los temas sociales.
En lo musical habrá una tendencia generalizada hacia la sofisticación orquestal de la mano de productores dispuestos a despilfarrar presupuestos y medios hasta encontrar una música que podrá ser dulce, bailable, intelectual, comprometida o callejera, pero nunca pobre, humilde o pesimista.
Música Disco; Sonido Miami (III)
Los mejores años de este Sonido Miami serán 1975 y 1976, tiempos en los que asentados en su magistral fórmula, lanzarán en su momento justo éxitos de gran precisión y que se compaginan con trabajos para otras compañías. A partir de 1977, su mezcla de funk blanco y rhythm and blues comercial empezará a diluirse frente a otros productos de impacto sonoro mayor, pasando a un segundo plano salpicado de éxitos esporádicos. Estuvo francamente bien mientras duró, y aunque este sonido parece ya superado, todavía está lejos de rendirse. En cualquier momento, tal vez el menos esperado, volverá a tener una nueva oportunidad que de seguro sabrá aprovechar. Tanto Filadelfia como Miami siempre han seguido al acecho, aunque para ser justos, intentar sustituir sus grandes y costosas secciones de cuerda, viento y ritmo, por sintetizadores y acompañamiento electrónico, tal vez funcione en otros tipos de música, pero jamás cuando se trate de acompañar a aquellas espléndidas voces que tan a menudo nos invitaban a bailar.
Música Disco; Sonido Miami (II)
Al igual que en todos los éxitos salidos de Filadelfia, el Sonido Miami tendrá como principales protagonistas a sus compositores, y en especial a Wayne Casey y Richard Finch, músicos de sesión y compañeros de trabajo en TK Records. Juntos formarán KC and The Sunshine Band, grupo que en sus orígenes solo pretenderá ser la banda con la que arropar a los solistas de la compañía. Sin embargo, su innegable calidad y la repercusión que sus acompañamientos pronto empiezan a tener, les forzarán a iniciar su andadura en solitario y de modo independiente en 1973. Para asombro de muchos y del suyo propio, los resultados, aunque en círculos marginales, son bastante buenos incluso en el Reino Unido, donde influenciados por revistas especializadas esperan ávidamente cualquier material que pueda consumirse -y bailarse- bajo los focos de una discoteca.
Pronto estallará el éxito de estos compositores de moda, dos blancos trajinando con sonidos habitualmente reservados a artistas de color y que conseguirán dar réplica al Sonido Filadelfia con ventas de verdadero escándalo.
Música Disco; Sonido Miami (I)
Y mientras el Sonido Filadelfia se consagraba en las listas de éxito como sinónimo de calidad, el verano en Miami se convertía en un mar tranquilo y de aguas trasparentes para los pinchadiscos que allí se encontraban en 1974. Tranquilo y cómodo: cuando las pistas de baile empezaban a mostrar el más mínimo síntoma de agotamiento, no había más que sacar de su funda un disco preparado para la ocasión, "Rock your baby", soltarlo descuidadamente con un gesto de singular ternura sobre el plato, bajar delicadamente la aguja y esperar unos segundos de completa excitación antes de subir el volumen y efectuar la mezcla. A veces su entrada rompía el ritmo de la velada, pero el resultado era inmediato y colosal con una multitud dándose codazos por conseguir medio metro cuadrado de pista. Interpretada por George McCrae, cantante negro de contundentes agudos desconocidos hasta la fecha, no solo vendió más de diez millones de copias, sino que al mismo tiempo puso en boca de todos un nuevo término musical: Sonido Miami.
Música Disco; Sonido Filadelfia (VII)
Pero tampoco olvidemos a los propios grupos de Filadelfia, la verdadera cantera de este sofisticado soul de los setenta. Gente como The Tymes, quinteto triunfal del sello Cameo en los sesenta. The Delfonics, vendedores del concepto sexy-soul y con creaciones espléndidas. O The Intruders, músicos clásicos de origen humilde y que se conocieron en una barbería.
Esto sin olvidar a sus grandes estrellas, The Stylistics y The Tramps. Los primeros, reyes de lo dulce, tenían un gran solista poseedor de un tierno falsete, pero el nivel de sus discos dependía demasiado de quien fuese su compositor y productor. Con Tom Bell conseguirán hasta 1975 su más exquisito repertorio. Posteriormente, y tras el cambio de mánager, terminarán aproximándose a un sonido más latino pero igual de interesante. Por su parte, The Tramps, cosechadores de innumerables éxitos, serán los reyes de las pistas de baile; su nota más destacada la encontraremos en su autosuficiencia, ya que ellos mismos serán sus productores y compositores.
jueves, 10 de junio de 2010
Música Disco; Sonido Filadelfia (VI)
Con cierta trayectoria a sus espaldas y con una maravillosa voz solista, desde Mississippi llegarán The O'Jays, músicos rebosantes de profesionalidad e indiscutible personalidad, quienes con las composiciones de Kenny Gamble y Leon Huff se mantendrán siempre próximos al éxito con inspiradas canciones no exentas de cierto compromiso social. Otros en discordia y vendedores de millones de copias, serán Harold Melvin and The Blue Notes, quienes tras conseguir triunfar en las discotecas británicas, desembarcarán en Filadelfia para mayor gloria de su sonido. Tampoco le harán ascos a tremendas baladas capaces de derretir el más duro de los corazones, gracias entre otras cosas a su mayor atractivo, ese que recae en la persona de Teddy Pendergrass, su ex batería ascendido a voz solista, poseedor de una hermosa y poderosa voz de barítono, pero que por problemas de ego mal administrado abandonará el grupo en 1977 tras grabar cinco álbums considerados como joyas de este peculiar estilo. Hoy sigue en activo sin que apenas se haya perdido un ápice de tan descomunal garganta.
Música Disco; Sonido Filadelfia (V)
La industria musical se desarrollará velozmente en Filadelfia, consolidándose además su infraestructura con otras compañías menores con las que muchos artistas también llegarán a las listas de éxitos. Tal vez la más importante de ellas fue Salsoul Records, autora del lanzamiento de dos grandes figuras del género, The Blue Magic, grupo vocal que llegaría a "telonear" a los mismísimos The Rolling Stones en sus primeras giras americanas, y Bárbara Mason, una tremenda intérprete de soul tan liberada como torturada interiormente. Artistas como ellos harán que Filadelfia se transforma en la tierra de la promisión musical de la época. Por allí se dejarán caer extranjeros sorprendidos como David Bowie y Elton John, y emigrantes de todos los estados en busca del amor eterno que evoca su sonido y su libertad. Entre estos últimos, y desde Michigan, llegan The Spinners, quienes habían llegado a grabar con Motown Records colaborando incluso con Stevie Wonder. De la mano del compositor Tom Bell llegarán maravillosas canciones con toques procedentes del jazz y del gospel, y grandes temas de amor en los que su voz solista lucirá su expresiva garganta.
Música Disco; Sonido Filadelfia (IV)
Tom Bell desconoce que los dueños da la compañía, y compositores como él, le admiran fervientemente gracias a sus composiciones para The Delfonics, por lo que se sentirá extraño cuando le propongan formar con ellos el que sin duda es el trío compositor más célebre del ya establecido por fin, Sonido de Filadelfia, siendo CBS Records la que bautice con tan obvio nombre aquel sonido con identidad propia, y que a partir de entonces transitará entre influencias de las grandes orquestas de los años cuarenta, toques de bossanova brasileña, guitarras con estilo y pequeñas dosis de raíces africanas que pinchadiscos y gran público empezarán pronto a consumir de manera masiva. Comenzaba la era de los éxitos multitudinarios de Billy Paul, The O'Jays, las Three Degrees, The Stylistics o The Spiners. Hasta se creará un himno llamado "The Sound of Philadelphia", pieza instrumental del grupo MFSB -Mothers, Fathers, Sisters and Brothers- que acabará por convencer a los consumidores de todo el mundo que el dinero utilizado para su adquisición está bien empleado.
Música Disco; Sonido Filadelfia (III)
Excel Records pronto copará toda la producción discográfica de Filadelfia junto a Neptune Records, discográfica con idénticos propietarios. Con toda la tarta para ellos, la nueva y prometedora situación tardará sin embargo en proporcionarles el éxito deseado por problemas internos con su distribuidora, pero pasado un tiempo de zozobra lograrán resarcirse con creces gracias a producciones millonarias para gente como Jerry Butler y Archie Bell. Con los dólares ganados con estos encargos, inaugurarán con todos los medios disponibles a su alcance y facilitados por la multinacional CBS Records, la Philadelphia International Records, compañía con la que de una vez por todas pretenden establecer su inconfundible estilo. Para ello, y en su flamantes estudios de grabación, se rodearán de otros buenos compositores, de arreglistas capaces de entender sus ideas, y de profesionalísimos músicos de sesión. Uno de estos buenos compositores será Tom Bell, pianista jamaicano de formación musical con algún éxito menor a sus espaldas.
Música Disco; Sonido Filadelfia (II)
Pero antes, Filadelfia ya había tenido su protagonismo en el panorama musical. Durante los años sesenta, el sello Cameo será el promotor indiscutible de la fiebre del twist con la que Chubby Checker hizo estremecer a todo el mundo. Se trataba de una compañía que había sido creada por dos conocidos y respetados compositores -Bernie Lewe y Karl Mann- que tras los éxitos proporcionados por el twist sabrán continuarlos con un sinfín de luminarias adolescentes como The Orlons, Dee Dee Sharp o Bunny Singler, con los que además de dominar las listas de éxitos se ganarán un prestigioso lugar en las pistas de baile.
Otros compositores importantes de la compañía serán Kenny Gamble y Leon Huff, pianista de sesión este último. En 1966 abandonarán la discográfica para formar su propio sello -Excel Records-, cuya primera grabación con The Intruders venderá la nada despreciable cantidad de un millón de copias. En 1968, la desaparición de Cameo -obligada a cerrar por bancarrota- dejará un profundo vacío en la escena local.
Música Disco; Sonido Filadelfia (I)
Buscando los orígenes de la música disco, estos los encontraremos principalmente en dos zonas claramente definidas: Filadelfia, la ciudad del amor eterno, y la siempre cálida Miami.
Filadelfia siempre gustó del ritmo y el baile, no en vano su sonido acabará tomando personalidad propia en lo que terminará por denominarse, como no podía ser de otro modo, Sonido de Filadelfia. Se tratará de un estilo musical insertado en la mejor tradición orquestal norteamericana, y frente al cual, el público blanco mostrará una actitud contradictoria: por una parte despierta una ambigua admiración, pero serán muchos los que de la inicial incomprensión pasen al rechazo más absoluto. Les parecerá más fácil comprender a un músico de blues negro, rústico, pobre y sudoroso, que a otro culto, preparado y autosuficiente, desentrañando la maraña instrumental de una gran orquesta. Es así como las grandes producciones salidas de esta peculiar sociedad, venderán toneladas de discos sin que el trabajo de sus creadores sea apenas reconocido.
Música Disco (VI)
La música disco será la banda sonora de un periodo azotado por la recesión económica y la primera gran crisis del petróleo. Canciones que hablan del baile como válvula de escape de una realidad llena de incertidumbres y que predicará una promiscuidad sexual que nada les favorecerá ante la aparición en aquellos años de los primeros casos de SIDA detectados en Norteamérica.
Se trata de una locura por el baile que generará una enorme industria capaz de reportar a las compañías discográficas cantidades enormes de prosperidad en forma de dólares. Las discotecas multiplicarán su número lo mismo que las empresas especializadas en luz y sonido, surgirá una moda "disco" que rozará lo ridículo y lo hortera, renacerán las academias de baile con bailarines cuya épica quedará reflejada en docenas de largometrajes y documentales televisivos. Ningún área de la música popular quedará intacta, y prácticamente todos los artistas negros de la época dedicarán sus esfuerzos a este nuevo mercado. Se trivializa el talento pero se ganan nuevos públicos que ayudarán a pagar las facturas.
Música Disco (V)
Hasta conseguir su definitivo triunfo, la música disco será un fenómeno clandestino durante la primera mitad de los setenta. Por aquel entonces el rock progresivo había proscrito al baile y reducido la participación del público a tímidos aplausos. A pesar de ello, los locales para gays, latinos y negros de todo Estados Unidos insistirán hasta darle identidad propia, en masajear los sentidos con ritmos caribeños, elegantes combinaciones de auténtico sonido Filadelfia y algo tan atractivo y envolvente como unas buenas dosis de James Brown. Se trata de pinchadiscos dispuestos a que se escuche cualquier sonido que haga mover los pies, y lo mismo aceptarán sonidos africanos como los de Manu Dibango, que híbridos españoles como Barrabás o alemanes cibernéticos como Kraftwerk. Será entonces cuando entren en escena una serie de productores mercenarios que, valorando milmétricamente las posibilidades de estos ritmos pegadizos y con la ayuda de músicos y vocalistas de estudio, darán con el definitivo sonido de la música disco.
Música Disco (IV)
Aún así, muchos serán los establecidos en el circo del rock, los que califiquen a la música disco como música sucia. Nada más odioso para ellos, garantes de la pureza de la música juvenil, que ver a las masas sacudir sus carnes a las órdenes de ritmos insidiosos concebidos por oscuros personajes sin pretensión artística alguna. Iniciado el combate, el pulso terminará por ganarlo aquella hija bastarda del soul que simplemente hablaba un idioma diferente. Pronto terminarán por descubrirse los innumerables beneficios que supondrá su definitiva reconciliación. Primero lo corroborarán aquellos príncipes del rock de los sesenta: The Rolling Stones, Paul McCartney, Rod Stewart, Roxy Music y David Bowie serán los primeros en pasar por el aro. Ninguno pondrá inconvenientes en animar sus carreras a base de este repudiado ritmo bailable. Tiempo después, incluso muchos de los revolucionarios del punk como Iggy Pop, The Clash o Blondie, acabarán por aproximarse al enemigo para bailar con él sobre pistas de baile iluminadas.
Música Disco (III)
Sin embargo, la música disco se encontrará con un inesperado y mortal enemigo: el rock. En este nuevo sonido, sus métodos de creación donde el productor es su máxima autoridad, y su frivolidad, parecen ir en contra de la estética del rock. Y así, enzarzados en descalificaciones y enfrentamientos, los defensores de ambos géneros negarán la evidencia de unos puntos en común muy fuertes y arraigados, pues a pesar de sus diferencias, a nadie debería de escapársele que ambos tienen su origen en la música negra; ambos, al menos en un principio, van destinados a un público adolescente, y tal vez lo más importante, ambos comenzaron siendo rechazados por una sociedad bien pensante que, con veinte años de distancia, actúo respecto de la música disco tal y como había hecho con el rock and roll en los años cincuenta. Prohibiciones, quema pública de discos y escándalo ante explícitas alusiones sexuales, actuarán, en contra de lo esperado, como prueba inequívoca de la autenticidad de un estilo, al tiempo que le facilitarán automáticamente su visado para la supervivencia.
Música Disco (II)
La música disco es una derivación del soul, pero donde este es serio, negroide, profundo y testimonial, aquella es multirracial, frívola y cosmopolita. Será en los ambientes marginales de las grandes ciudades estadounidenses, guetos de negros, hispanos y gays, donde con más ímpetu aparezca la necesidad de un nuevo concepto de baile que desencorsete definitivamente todo indicio de represión contenida. La sociedad de los setenta, sumergida en una profunda crisis económica, acabará recibiendo con los brazos abiertos esta nueva vía de escape que se les ofrece desde las discotecas de moda. Porque se quisiera o no, la música disco, tanto con intérpretes de un solo éxito como con grupos que perpetuarían su existencia e influencia, acabaría actuando como un importante medio de integración social gracias a lo democrático de sus fundamentos; ver, oír y bailar. Además, todo lo que se necesitaba era dinamismo y melodía, un bajo fuerte, una batería vigorosa y un poco de color.
Música Disco (I)
A mitad de los setenta surgirá una variedad de música bailable destinada especialmente a las discotecas. Se le llamó música disco y tuvo un gran éxito hasta principios de los ochenta, convirtiéndose en la sublimación de ese pop en el que durante al menos quince minutos, uno podía sentirse una estrella entre efectos de sonido y luces multicolor. Con la música disco, además, el consumismo cobraría categoría de arte, ganando para gente que no eran músicos el derecho de hacer discos y triunfar con ellos. Cualquier grabación bajo esta nueva denominación supondrá una conmoción absoluta para los valores del mercado musical. La música disco cautivará a millones de personas en todo el mundo por su insistente pulso rítmico y sus pegadizas melodías, catalizando a su vez un estilo de vida que se centrará en las sudorosas pistas de baile. Considerada inicialmente como una aberración, y repudiada en los círculos del rock, esta terminará por infiltrarse con la elasticidad de sus temas, su voluntad popular, su énfasis en la construcción de nuevos sonidos y su elaboración interrracial, en toda la música pop surgida a partir de los ochenta.
martes, 8 de junio de 2010
Rock: sonidos del mundo; Rock Africano (VI)
¿Y qué hay de los auténticos protagonistas del rock africano? Por encima de los brillantes músicos reconocidos internacionalmente con todo merecimiento -King Sunny, Yossou N'Dour, Salif Keita o Touré Kunda entre otros-, se alza uno sobre todos los demás: el propio sonido africano. Ese que también podemos encontrar en las incontables orquestas de rincones perdidos como Tanzania o el Congo, y localizada a su vez entre los nombres anónimos de las contadas recopilaciones que aparecen en el mercado musical con cánticos alegres y guitarras chispeantes, bailables, sin ambición y resumiendo en su propia modestia y sinceridad el sentir de esas gentes y esas tierras: una música que brota del alma.
Y si su sonido no ha conseguido cambiar drásticamente el panorama del rock, al menos ha pulverizado el falaz cliché de nuestra sociedad avanzada, esa que marcada por las películas de Tarzán y similares, se atrevió a reducir la música africana a 300 negros desquiciados dándole al tambor delante de una olla.
Rock: sonidos del mundo; Rock Africano (V)
Las nuevas fórmulas africanas que llegan con éxito a Europa coincidirán con la aparición de talentos como Osibisa, tres músicos de Ghana, un nigeriano y tres caribeños que practican un afro-funk irresistible. También se dejará sentir el magnetismo rítmico del camerunés Manu Dibango, con trabajos que incluso se colarán en las pistas de baile.
Durante la segunda mitad de los setenta aumentará muy considerablemente el número de músicos africanos establecidos permanentemente en Europa, en gran medida favorecidos por el paulatino acercamiento de personajes ilustres de la música anglosajona a las estructuras africanas. Lo hacen gente como Talking Heads o Adam and The Ants con su percusión basada en los tambores de Burundi. Peter Gabriel y sus apuntes africanistas. Steve Copeland, batería de The Police afilando sus baquetas bajo el sol abrasador de la sabana. Por no hablar de Paul Simon, el más significativo redescubridor de estos sonidos.
Rock: sonidos del mundo; Rock Africano (IV)
Huyendo de un miserable mercado nacional donde 500 copias vendidas suponen un éxito, serán muchos los músicos africanos los que viajen a Francia, país rico en inquietudes artísticas, y particularmente a París, metrópoli del área francófona cuyo idioma comparte con la mayoría de países africanos, algo que dejará un pequeño espacio para la música africana en sus tiendas de discos; en la tierra prometida. Los coqueteos iniciales que África despliega en su cortejo a la música pop se producirán en 1967 con el triunfo mundial de la exiliada sudafricana Miriam Makeba. Meses más tarde hará lo propio su marido, el trompetista Hugh Masekela. Sin embargo, el primer aviso serio correrá a cargo de Ginger Baker, el mítico batería de los Cream y Blind Faith, al instalarse en 1971 en la capital de Nigeria y construir allí el primer estudio de grabación del continente africano. Con Fela Kuti, comprometido cantante local de airadas posturas políticas, formará el grupo Africa 70; de la mano del por aquel entonces mejor percusionista del mundo, constituirán un sonado impacto.
Rock: sonidos del mundo; Rock Africano (III)
Pero ¿qué es la música africana? ¿realmente la conocemos? Al igual que en Europa existen diferencias entre un cantante de flamenco, una gaita escocesa o una balalaika, y aún a pesar de los ineludibles nexos comunes, África también cuenta con significativas diferencias propiciadas por su variedad de naciones, ideologías, topografías, razas y religiones. Es por ellos que a grandes rasgos podríamos delimitar su música en dos inmensos territorios divididos por el desierto del Sáhara, el magrebí y el ecuatorial, pero con múltiples variaciones tanto en sus extremos geográficos como en los puntos en que estos se unen y mezclan. Sin embargo, a esta amplia variedad musical se le sigue viendo dormida desde el exterior. Etiquetada en el tercermundismo más profundo, parece continuar esperando con su característica calma y paciencia, a que soplen mejores vientos con los que fomentar la escondida ansia occidental por lo exótico; un trabajo de divulgación que correrá a cargo de aquellos músicos que prueban fortuna en Europa.
Rock: sonidos del mundo; Rock Africano (II)
Pero la herencia africana extiende su influjo mucho más allá de cualquier concreción. La personas interesadas en lo que ocurre entre los dos trópicos del continente negro conocen la importancia de la música en la vida diaria de sus habitantes; lluvia, sequía, nacimientos, entierros...Se canta, se toca, y se baila en cualquier acto relevante como fiel banda sonora, reflejando a través de siete notas toda la escala de la esencia popular. En la franja tropical tienen noción del ritmo y dejan que este domine la canción por que en realidad también les domina a ellos. Más que manifestación musical, es un modo de concebir la vida, algo tan tangible y común que también lo encontramos en la salsa latina y el reggae jamaicano. Para vergüenza del mundo civilizado, en todos los tiempos y en un alarde más de occidental hipocresía, la continua demanda de sonidos africanos ha terminado por producir un fenómeno de generalizaciones, bastante desagradable, en el que los consumidores afirman convencidos y obviando su ignorancia, estar enamorados de una música africana que desconocen.
Rock: sonidos del mundo; Rock Africano (I)
¿Y que hay de África? ¿Existe el rock africano? En general, el mundo occidental sufre una particular ceguera por lo que respecta a África. Europa descubrió allí tierras por colonizar, las explotó mientras pudo dejando solo migajas y salió de ellas, en una inmensa mayoría de los casos, por la puerta de atrás. Lo hizo muchas veces con arrogancia, como si todo lo asimilado fuese una pequeñez comparado con el regalo sin precio de esta nueva civilización. Los países colonizados han visto desde siempre como su cultura es menospreciada y a la vez saqueada, negándosele además cualquier esperanza de reconocimiento. Y esto también ocurre con su música, olvidando que gran parte de los sonidos del presente tienen sus orígenes en África. De allí trajeron los esclavos su música, mutada con el paso de los siglos en jazz, gospel, blues o rythm and blues. Hasta el rock y sus derivados surgirán de moldes negros. Hoy, intentar colocar este producto a quienes aportaron las bases de su creación, no solo implica descaro, ignorancia y oportunismo, sino también un atentado a la dignidad de un continente sin opción a los derechos de autor.
Rock: sonidos del mundo; Bossanova (VI)
La música brasileña de aquellos ochenta será algo más que un ritmo binario apenas exportable al resto del mundo. Desde las aportaciones del percusionista Airto Moreira al grupo de Miles Davis o formando parte de los primeros Weather Report, serán varios los creadores brasileños que traspasen fronteras. Es el caso de un albino genial llamado Hermeto Pascoal, un mago de los sonidos capaz de fabricar música a partir de herramientas, ruidos de toses y ladridos, reelaborando en un lenguaje innovador todos sus recuerdos infantiles. Por su parte, Egberto Gismonti o Eumir Deodato conseguirán integrar con sus composiciones, mundos tan dispares como la tradición sinfónica y las computadoras. Más espiritual se mostrará el respetado Milton Nascimento, cuyos trabajos constituyen una de las obras más apasionantes de la música popular brasileña; de ellos brota, arropada por extraordinarios músicos, una voz escalofriante capaz de hacer estremecer a las mismísimas estrellas.
En el tintero, es inevitable, se quedan cantantes, compositores e instrumentistas de una clase poco común; miembros de una música popular brasileña que rezuma melodías hermosas, armonías sutiles y ritmos arrolladores; sonidos que por los siglos de los siglos seguirán creando adicción.
Rock: sonidos del mundo; Bossanova (V)
En los ochenta, el mayor fenómeno de la música brasileña lo constituirá la ascensión, en forma de cientos de miles de discos vendidos, de los puros y jóvenes rockeros, quienes basarán su éxito en saber conectar con los problemas y anhelos de gran parte de la juventud a base de elevadas dosis de humor e ironía. Incluso habrá gente lúcida que buscará encontrar una identidad propia alejada de la simple copia de lo anglosajón, Lobao, Rita Lee o Cazuza. Pero esta explosión del rock se producirá en 1982 de la mano del grupo Blitz, y de los inmensos conciertos que bajo la denominación, todavía perdurable en el tiempo, de Rock in Rio, pusieron los dientes largos a las grandes discográficas. Desde entonces, cientos de grupos brasileños sueñan cada año con invadir el mercado y las frecuencias moduladas de todo el mundo, algo que no ocurrirá tal y como lo demuestra el hecho de que, incluso en nuestros días y desde su aparición a mediados de los setenta, el monarca de aquella nueva guardia brasileña y el mayor vendedor de discos del país, siga siendo el melódico Roberto Carlos.
Rock: sonidos del mundo; Bossanova (IV)
De la pasmosa facilidad de la bossanova para crear ritmos nuevos, nacerán canciones bailadas y tarareadas en todos los rincones del mundo, pero sin embargo, a estos sonidos alejados de lo "auténticamente brasileño", pronto se les certificará su acta de defunción en la segunda mitad de los setenta, esparciendo eso si, sus cenizas por los cuatro vientos. Aún así, aquel espíritu libertario que siempre abanderó este género, pervivirá en trabajos de idéntica fascinación gracias a nuevos discípulos como el guitarrista Toquinho -un aventajadísimo alumno del gran Vinicius de Moraes-, la melodiosa Maria Creuza, o Djavan, uno de sus intérpretes más internacionales, firme abanderado el mestizaje de todas las culturas negras y gran inductor del acercamiento que muchos aristas norteamericanos como Manhattan Transfer, Stevie Wonder o Quincy Jones hacen a la música brasileña. Surgirán desde cantautores eléctricos a hábiles alquimistas que combinarán con acierto tradición popular con parafernalia psicodélica. Desde elaboradas fusiones entre el rock y el ritmo más trepidante, hasta polémicos experimentos sonoros.
lunes, 7 de junio de 2010
Rock: sonidos del mundo; Bossanova (III)
En la década de los setenta, el auge de la televisión va a servir como trampolín para que numerosos y jóvenes intérpretes de bossanova se lancen a la aventura. Es el periodo de los grandes festivales competitivos que retransmitidos para todo el país establecerán récords de audiencia. De estos certámenes han de salir muchas de las grandes figuras de la música popular brasileña: Edu Lobo, Chico Buarque... En 1967, dos jóvenes de la ciudad de Bahía causarán cierto revuelo: Gilberto Gil, quien se presenta en los escenarios para ofrecer una sorprendente mezcla de instrumentos autóctonos y guitarras eléctricas, y Caetano Veloso, quien lo hará con una formación próxima al rock. De las huestes procedentes de Bahía también formarán parte la garganta privilegiada de Gal Costa, la carismática Elis Regina y sobre todo Maria Bethania, hermana de Veloso y calificada como la voz más cargada de sensualidad e intensidad dramática de todo Brasil. Y ante el asombro de la crítica por tales portentos, también surgirá Jorge Ben, tal vez quien mejor ha llevado a la práctica, con inusitada eficacia, los postulados tropicalistas con los que dotar de ritmo a la bossanova.
Rock: sonidos del mundo; Bossanova (II)
Los antecedentes de la bossanova en Estados Unidos fueron ya un éxito, por lo que no será de extrañar que el primer álbum con el que conscientemente, y en 1959, se intenta el asalto a las listas americanas, solo pueda causar estragos positivos entre los músicos norteamericanos. Lo interpretaba Joao Gilberto y sus surcos contenían excelentes voces y armonías bajo el amparo de excelsas composiciones de los grandes padres y maestros de este nuevo género, Antonio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes y Carlos Lyra.
A partir de entonces, consagrados artistas norteamericanos entre los que destacará el saxofonista Stan Getz, se encargarán de que esta nueva actitud -traducción literal del vocablo bossanova- alcance los más recónditos lugares del planeta. Incluso hoy, aquel suave pero firme balanceo rítmico forma parte del acervo de la música occidental a través de las múltiples versiones que de sus temas se han ido produciendo, llevándose sin duda la palma, La chica (garota) de Ipanema.
Rock: sonidos del mundo; Bossanova (I)
Otro mestizaje perfectamente acoplado es el producido por las músicas de Brasil y Estados Unidos, países en los que siempre se ha venido desarrollando un largo y acalorado romance. No en vano, las mismas matrices -indígena, africana y europea- que confluyen en el país sudamericano, se hallan presentes en todas aquellas zonas de Estados Unidos donde se han gestado algunas de las músicas más contundentes del siglo XX como el blues, el jazz o el rock and roll. También les une el hecho de ser un producto de culturas jóvenes a las que no ahoga el peso de la tradición, tal y como sucede sin embargo en el Viejo Continente.
La primera en desatar la pasión de los norteamericanos será Carmen Miranda con sus célebres tocados a modo de frutero tropical y sus vistosos trajes de la ciudad de Bahía. Corrían los últimos años treinta y empezaba una nueva década; tiempos en los que tras la denominación "ritmos latinoamericanos" se escondía una monumental caja de Pandora de la que saldrían desde rumbas a boleros, pasando por la samba.
viernes, 4 de junio de 2010
Rock: sonidos del mundo; Tex-Mex (IV)
Desde la muerte de Richie Valens, la cosa latina ha seguido funcionando. No siempre en línea recta, pero siempre con paso decidido. Lo ha hecho de la mano de gente como Ry Cooder, excelente instrumentista, autor de un montón de discos entre los que se encuentran bandas sonoras de gran repercusión como París-Texas. O deliciosos chalados como Steve Jordan o Flaco Jiménez, creador de un género delirante que oscila entre el mariachi y el punk. Incluso, hasta siendo benévolos, un farsante como Joe King Carrasco -hispano por vocación, ya que sus padres son holandeses emigrados- tiene su gracia al tiempo que demuestra un ingenio colosal. El nuevo tex-mex desde los ochenta tendrá en David Lindley -guitarrista permanente en la banda de Jackson Brown y cantante de casi la totalidad del éxito de este, Stay- a su creador más definitorio, y en su canción El rayo X, su himno. Un himno con el que traspasando fronteras, indicaría al mundo la existencia de un respetable futuro para ese toque latino que se disfruta al escuchar tex-mex.
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