En los ochenta, y ya pasado el fenómeno, quedarán lejos los años dorados de la salsa; caerá el imperio Fania Records y ya no se prodigarían los multitudinarios festivales ambientados por una amplia convención de estrellas latinas. Aún así, en esta década muchas de las grabaciones efectuadas por viejas y nuevas glorias de la salsa -Celia Cruz, Tito Puente, Machito, Oscar de León...- resistirán la decoloración que impone el paso del tiempo sobre toda moda o costumbre. Y llegados a estas alturas en las que incluso hemos cambiado de siglo, la salsa es, más que moda, un bien establecido modo de interpretar un ritmo caribeño con proyección y reconocimiento internacional. Un toque hispano que en nuestros días, y en todos aquellos que todavía nos quedan por vivir, seguirá bien representado por artistas con mayor proyección y carisma, verdaderos ídolos de un público no solo juvenil, pero si unido por unas irrefrenables ganas de bailar bajo el sol o en la blanca arena de la playa de nuestros sueños. Gente como Jennifer López, Ricky Martin o Marc Anthony serán algunos de los que recojan el testigo.
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