Entre tal cantidad de nombres célebres y otros que sin serlo conseguirán algún que otro éxito aislado, quizá sea Chic -verdadera factoría de lujo- quien presente las más interesantes aportaciones a la música de baile. No inventaron la música disco, pero hicieron algo más difícil: condimentar una verdadera especialidad de la casa gracias a sus compenetrados cerebros Nile Rodgers y Bernard Edwards. Plato de alta cocina internacional para especialistas que también saben paladear los elementos básicos y primarios; los verdaderos cimientos sobre los que se construirá la especial manera de fabricar éxitos por parte de estos dos neoyorquinos. Reacios al uso de la habitual artillería electrónica y sintetizada, su fina sensibilidad de instrumentistas, compositores, arreglistas y productores, les bastará para dar color y vitalidad a unas melodías tan sencillas como efectivas. Eligieron el camino del músculo en lugar del de la técnica endiablada y demostraron lo que aún se podía hacer con guitarra, bajo, batería, teclados, voces reales y algunos refuerzos orquestales.
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