martes, 15 de junio de 2010

Música Disco (XIII)

Alguien que también entendía de suntuosas orquestaciones es Barry White, quien de hecho tenía su propia orquesta -The Love Unlimited Orchestra- y su propio grupo vocal femenino -el trío Love Unlimited-, con los que en la década de los setenta grabará lo mejor de su repertorio, producciones sin embargo tremendamente costosas que llevarán más de una vez a este gran -en todos los sentidos- intérprete de voz profunda y sensual, a la quiebra. Con el tiempo intentará suplir sus gigantescas secciones de cuerda y los batallones de guitarras y violines que incluía su orquesta, por fríos sintetizadores, algo que además de ser imposible de forma evidente, le condenaría al descrédito. Avanzados los años, el inconfundible tonelaje de su voz, volvería a encandilar a medio mundo
-al tiempo que lo descubre para nuevas generaciones- gracias a la conocida serie televisiva Ally McBeal.
No gracias a la televisión, sino al teatro -de gira por Europa con el musical Hair-, pudimos disfrutar de Donna Summer, quien tras sus principios como corista y gracias a las producciones de Giorgio Moroder, llegará a ser una figura destacada y polémica. Revolucionó -también con su excesiva sensualidad interpretativa y su exhibicionista erotismo- los conceptos del mercado musical al tiempo que se instalaba en las listas de todo el mundo, dando a la música disco una trascendencia y respetabilidad que antes le había sido vedada.




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