Pero tras el éxito repentino de Santana se ocultarán tremendos problemas de drogadicción, ciertas críticas políticas y un evidente descontrol interno que acabará rompiendo la banda en 1971. Es sin embargo esta época la que les sitúa en ese lugar privilegiado que alimenta aún su aureola de grupo clásico del rock. En los años siguientes se sucederán mil y una formaciones, bien para giras o para nuevas grabaciones, siendo muy pocos los músicos que repitan y muchos los utilizados temporalmente. De 1972 a 1975, sus trabajos integrarán una etapa brillante en la que Carlos Santana abrazará el misticismo junto al deseo de explorar sendas más cercanas al jazz rock. Por suerte, en su álbum Amigos se encuentran los surcos de Europa, uno de sus mayores éxitos mundiales y con el que definitivamente apuesta por una vuelta al sonido latino. Vuelta no exenta de verdaderos naufragios musicales y con trabajos de dudosa trascendencia, si bien nunca dejan de sorprender por su humildad y generosidad. No será hasta la aparición de Supernatural, álbum de 1999 y con excelsas colaboraciones como la de los también mejicanos Maná, cuando Santana consiga de nuevo un número uno en todo el mundo.
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