jueves, 10 de junio de 2010

Música Disco (V)

Hasta conseguir su definitivo triunfo, la música disco será un fenómeno clandestino durante la primera mitad de los setenta. Por aquel entonces el rock progresivo había proscrito al baile y reducido la participación del público a tímidos aplausos. A pesar de ello, los locales para gays, latinos y negros de todo Estados Unidos insistirán hasta darle identidad propia, en masajear los sentidos con ritmos caribeños, elegantes combinaciones de auténtico sonido Filadelfia y algo tan atractivo y envolvente como unas buenas dosis de James Brown. Se trata de pinchadiscos dispuestos a que se escuche cualquier sonido que haga mover los pies, y lo mismo aceptarán sonidos africanos como los de Manu Dibango, que híbridos españoles como Barrabás o alemanes cibernéticos como Kraftwerk. Será entonces cuando entren en escena una serie de productores mercenarios que, valorando milmétricamente las posibilidades de estos ritmos pegadizos y con la ayuda de músicos y vocalistas de estudio, darán con el definitivo sonido de la música disco.




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