La música disco es una derivación del soul, pero donde este es serio, negroide, profundo y testimonial, aquella es multirracial, frívola y cosmopolita. Será en los ambientes marginales de las grandes ciudades estadounidenses, guetos de negros, hispanos y gays, donde con más ímpetu aparezca la necesidad de un nuevo concepto de baile que desencorsete definitivamente todo indicio de represión contenida. La sociedad de los setenta, sumergida en una profunda crisis económica, acabará recibiendo con los brazos abiertos esta nueva vía de escape que se les ofrece desde las discotecas de moda. Porque se quisiera o no, la música disco, tanto con intérpretes de un solo éxito como con grupos que perpetuarían su existencia e influencia, acabaría actuando como un importante medio de integración social gracias a lo democrático de sus fundamentos; ver, oír y bailar. Además, todo lo que se necesitaba era dinamismo y melodía, un bajo fuerte, una batería vigorosa y un poco de color.
No hay comentarios:
Publicar un comentario