miércoles, 31 de marzo de 2010

Blues rock: Johny Winter (III)

Pero Johnny Winter pagará rápidamente el precio del éxito: su gran aventura hasta entonces, desembocará en nueve meses de desintoxicación en un hospital de Nueva Orleans. Ya curado, en 1977 se producirá su retorno al blues gracias a su amistad con Muddy Waters, a quien entre nuevos discos y actuaciones, le producirá cuatro discos en los que Winter también intervendrá como guitarrista. Su calidad es tan impresionante que tres de estas grabaciones recibirán sendos premios Grammy, al tiempo que devolverán a Johnny Winter al terreno musical al que siempre perteneció.
Acomodado en la felicidad que le proporciona tocar blues, en 1984 encontrará en el sello independiente Alligator Records, quien solo trabaja con músicos negros, la discográfica ideal para sus intereses, algo que, paradójicamente para un albino como él, siempre fue lo que más deseó. Desde entonces nada parece indicar que sus nuevas grabaciones durante todos estos años, desmerezcan anteriores trabajos.


Blues rock: Johny Winter (II)

Cuando su nombre salta a la fama de forma súbita y espectacular a través de un artículo publicado en la revista Rolling Stone de 1969, Johnny Winter llevaba ya diez años de actuaciones en locales modestos donde se había curtido de sobra como virtuoso instrumentista. Tanto que, además, ya había grabado casi una veintena de singles y un álbum. Si a su talento las habilidades mercantiles de su representante, no será de extrañar que de la noche a la mañana, despierte de su sueño convertido en superestrella del blues rock.
Con su trío, y de la mano de la potente CBS, se embarcará en giras y actuaciones en grandes escenarios, donde temas propios, junto a piezas de Bob Dylan y The Rolling Stones, le reportarán una gran popularidad. Tanta que otra gran discográfica, Columbia Records, no dudará en firmarle el contrato más lucrativo que hasta entonces se le ha ofrecido a una estrella del rock. Por supuesto que el albino Johnny Winter no iba a defraudarles.


Blues rock: Johny Winter (I)

Johnny Winter destacó inicialmente por su imagen, ya que ser albino no pasa precisamente desapercibido, pero sin embargo pronto se rebeló como un guitarrista incendiario y lleno de talento, el prototipo de la perfecta estrella del blues rock. También era un estilista original e incomparable en la línea de los mejores y definitivos intérpretes de la música negra.
Algunos detalles de su temprana biografía ya presentaban un cariz determinante y revelador. El pequeño albino viene al mundo en el seno de una familia totalmente predispuesta para la música y en una zona especialmente fecunda en la tradición afroamericana, y con los campos de algodón como horizonte. A los cinco años ya tocaba el clarinete, a los ocho el banjo y dos más tarde la guitarra, con la que será fácil verle intervenir en concursos y programas de la televisión local. En 1958 organizará su primera banda, con la que a través de las emisoras de radio negras y con actuaciones en los clubs de la zona, Johnny Winter asimilará con precocidad los sonidos del blues.


Blues rock: Jimi Hendrix (VII)

Sus ansias de renovación le harán deambular entonces por infinidad de estudios donde se mezclará con músicos de los más diverso, desde gaiteros escoceses a músicos de jazz. Pero lo único cierto es que Jimi Hendrix solo quiere volver a ser el que fue, recomenzar con las mismas ganas con las que irrumpió para asombro del mundo. Tras un alentador concierto de vuelta, se instalará en Londres para preparar a conciencia su nuevo disco. Un disco que la tragedia le impedirá ver publicado: el 18 de septiembre de 1970 morirá camino del hospital ahogado en su propio vómito, inconsciente por sobredosis de barbitúricos. A partir de ese instante, su muerte dará paso a uno de los casos de necrofilia comercial más apabullantes de la historia del rock: más de 20 discos póstumos, montones de discos pirata y películas de sus conciertos, algunas muy recomendables, con las que recordar a aquella estrella psicodélica de pintas raras que ante todo fue el guitarrista de la evolución musical.


Blues rock: Jimi Hendrix (VI)

La tensión en las giras a partir se ese momento será intensa. Como solución, sexo y drogas a la carta. Jimi Hendrix, extraño entonces en un mundo de blancos y escamado ante las artimañas de su representante, parece más desconfiado. Para colmo, activistas raciales como los Panteras Negras le acusan de traidor. Desalentado, a mediados de 1969 disolverá el grupo sin dar explicación alguna. Su incomodidad ante el mundo en general y su vida en particular es cada vez más patente. Meses después de la disolución de la banda, abandona disgustado su actuación en Woodstock, concierto en el que la muchedumbre queda desencantada ante el que un día fue su rey.
Esos mismos seguidores asistirán en la nochevieja de 1969 a la presentación de su nueva banda, músicos negros con repertorio más a juego, donde Jimi Hendrix iniciará una nueva etapa de mensajes pacifistas que no lograrán vencer ni su inseguridad ni su inconformidad. Nada parece evitar que el genio siga a la deriva.


Blues rock: Jimi Hendrix (V)

Sin embargo, instalado ya en la cima, Jimi Hendrix comienza a mostrarse harto de un público que aplaude hasta sus fallos. Es entonces cuando su necesidad de progreso musical le hará desmarcarse del concepto meramente pop. Así, en sus siguientes trabajos Hendrix avanzará calladamente con inteligencia e imaginación, prólogo claro y contundente de monumentales trabajos posteriores en los que alcanzará la orilla del rock más experimental con tridimensionales sonidos que juegan con el stéreo, y calurosas improvisaciones. Sus grandes solos de guitarra lo convertirán en pieza clave del rock, pues Hendrix está decidido a que le tomen en serio. Para ello prescinde del marketing y la farándula, convirtiendo sus conciertos en una excusa para esos largos solos de improvisada guitarra en donde parece vaciar su alma. Poco a poco, su cambio musical se verá acompañado también por una profunda mutación personal: distanciado cada vez más de su grupo, una pelea a puñetazos con uno de sus compañeros casi pondrá punto y final a la formación.


Blues rock: Jimi Hendrix (IV)

Es así como, ya instalado en Inglaterra, nace la Jimi Hendrix Experience, cuyo primer concierto será nada menos que en el Olympia de Paris teloneando al rockero nacional Johnny Hallyday. Sin embargo los comienzos serán muy duros hasta que, cuando su productor ya no sabe que vender para hacer frente a las numerosas facturas, una de sus canciones, Hey Joe, llega al número 3 de las listas de éxito británicas. A partir de ese instante, y a través de sus numerosas apariciones en televisión, pronto el Reino Unido descubre el salvajismo eléctrico de Jimi Hendrix. En 1967, Norteamérica se rinde a sus pies en el Festival de Monterrey, donde actuará gracias a la insistencia de Paul McCartney y Brian Jones, este último metido a fondo ya en los también salvajes The Rolling Stones. En el concierto, un Hendrix burlón y malicioso, controla como nadie el espectáculo: su número de quemar la guitarra ante el delirio del público se convierte en apoteosis. Más tarde, y de gira con The Monkees, será expulsado de la misma por inmoral. Una publicidad gratuita que está dispuesto a aprovechar.


Blues rock: Jimi Hendrix (III)

Jimi Hendrix había nacido en Seattle de padre jardinero y madre de ascendencia india. Autodidacta en todo, tuvo su primera guitarra a los once años y no está claro si dejó el colegio por motivos económicos o por rondar a una chica blanca. En 1961 se alistará en el ejército como paracaidista hasta que una torcedura de tobillo lo rescata para la música dos años más tarde. En los meses siguientes ya conocerá la rígida disciplina de las giras profesionales: las primeras multas por escándalo público y las imposiciones de vestuario no tardarán en llegar mientras se curte como músico de Wilson Pickett y Little Richard entre otros. En 1965 formará su propio grupo y toca en locales de moda donde las visitas de gente como Dylan, Beatles o los Stones son frecuentes. Y será en una de esas actuaciones donde se le presente la oportunidad de tocar en el Reino Unido: la promesa por parte de su nuevo promotor de ropa y gastos pagados, es más que suficiente para convencerlo.
Pronto se le busca grupo y se prepara su lanzamiento.


martes, 30 de marzo de 2010

Blues rock: Jimi Hendrix (II)

Jimi Hendrix expandía fuerza primitiva bajo un arco iris de elegancia y presunción. Con sus casacas entorchadas y trajes de rayones coloristas, apareció un día por Londres y en poco menos de un año se convirtió en la más fulgurante estrella del zoológico del rock: los eclipsó a todos. La floreciente crema de superguitarristas no daba crédito a sus ojos. Allí estaba aquel negro, zurdo e insolente, extrayendo los más insólitos sonidos. Sus conciertos eran mitad prestidigitación, mitad sexo humeante: utilizaba la guitarra como a una mujer o una prolongación fálica; la acariciaba, la atacaba con los dientes, por detrás, se la subia por la espalada mientras le arrancaba sin cesar orgásmicos quejidos entre convulsiones pélvicas. Con su inimitable técnica en el uso del pedal, parecía hacerla hablar en medio de un espectáculo casi circense. Tenía docenas de trucos, pero también tremendas canciones que derramaba con ses estilo inconfundible que le encumbró como el más influyente guitarrista de la historia del rock.


Blues rock: Jimi Hendrix (I)

Entre todos los virtuosos de la guitarra de ese universo llamado blues rock, existió alguien que ante todo fue impresionante e incalificable; Jimi Hendrix, pura subversión autodestructiva, revolucionó el estado del rock y la guitarra. Sus vistosas pintas eclipsaban las fantasías de cualquier diseñador de moda mientras su sexualidad dejaba a Elvis Presley y Mick Jagger a la altura de unos tímidos adolescentes. Tuvo más seguidores que nadie y sus proezas de cama y drogas rivalizaron con las guitarrísticas. Una imagen de sexo y abismo contrapuesta a la realidad de un maniático perfeccionista capaz de encerrarse días en un estudio de grabación. Impotente ante su encrucijada artística, fue víctima de la incomunicación y del propio circo que él creó. Volcán incontrolado, se inmoló mientras el público aplaudía. Su trágica biografía alecciona sobre el lado cruel del éxito, donde una prematura muerte lo elevó a la categoría de leyenda impidiendo el engorroso trance de comprobar si fue un genio truncado o acabado.


Blues rock: cuna de grandes mitos

Como antes hiciera Eric Clapton, otros guitarristas destacados emprenderán trayectorias independientes bajo el signo de la fusión, naciendo grupos como los Fleetwood Mac de Peter Green y John McVie, o la Electric Flag de Mike Bloomfield y Buddy Miles.
En lo que respecta a los bluesmen negros, las consecuencias de dicha fusión serán palpables. Su música cambia sustancialmente de escenario y audiencia, y aunque son muy escasos los que consiguen una popularidad comparable a la de sus compañeros blancos, la actitud de reconocimiento que adoptan muchos de estos hacia sus maestros, propicia que el público joven y blanco se familiarice con ellos hasta el punto que, ignorados por sus propios hermanos de raza, encuentran una nueva audiencia en las universidades, las salas de rock y los festivales. Solo así se explica que gente como Robert Cray, un joven bluesmen negro instalado cuatro veces en lo más alto de las listas de éxito británicas, sea un absoluto desconocido entre los negros norteamericanos.


Blues rock: la técnica instrumental al poder

El Festival de Monterrey de 1967, donde Jimmi Hendrix y Janis Joplin serán las grandes revelaciones, y las giras americanas de ese mismo año de Eric Clapton con sus Cream, inductores del rock en los grandes escenarios, señalarán la fusión de las corrientes del blues rock norteamericano y británico.
A partir de entonces se desencadenará la efervescente eclosión de bandas y solistas con espectros estilísticos que abarcarán desde el más puro blues acústico tradicional, rural y profundo, hasta la exacerbación de género, donde ese rugir de blues rock desembocará posteriormente en lo que en todo el mundo se conocerá como rock duro. Y ante tan maravillosa conjugación ninguna técnica instrumental permanecerá ajena al descubrimiento, y si la guitarra eléctrica solista es la herramienta por antonomasia del blues rock, la armónica, instrumento imprescindible de este nuevo sonido por sus posibilidades tímbricas, ganará también nuevos perfeccionistas, particularmente blancos.


Blues rock: un estilo duro y urbano

El sonido que llega desde Chicago está trabajado fielmente sobre las bases de grandes guitarristas como Muddy Waters o Little Walker, si bien en todo aquello persiste el toque inequívoco de B.B. King, el más influyente de todos los bluesmen modernos. Este sonido resulta aquí mucho más purista, ya que la mayoría de los intérpretes blancos de blues se dedican a reproducir los estilos acústicos del blues anterior a la Segunda Guerra Mundial. Será precisamente la Paul Butterfield Blues Band la que popularice un estilo más urbano en 1965.
Por su parte, desde el Reino Unido, las guitarras eléctricas simplemente tendrán características más duras y agresivas, si bien no tenemos más remedio que nombrar a aquel genio llamado Jimi Hendrix, en el que aún con la peculiaridad de su origen norteamericano y negro, resultará ejemplar observar su capacidad de innovación en busca de las posibilidades de la guitarra eléctrica, algo que difícilmente hubiera podido permitirse en otro lugar que no fuera Londres, el auténtico paraíso de toda experimentación proveniente del blues.


Blues rock: Londres y Chicago como origen

Este nuevo sentimiento tiene su raíz más inmediata en dos formaciones localizadas, respectivamente, en Londres y Chicago: The Bluesbreakers de John Mayall y la Paul Butterfield Blues Band. Con sus diferentes formas de aproximarse a la música negra y con la distancia que separa a la brumosa Londres de la capital por excelencia del blues, los papeles desempeñados por cada uno de sus líderes acabarán siendo casi intercambiables.
Ambos funcionan como jefes de fila y catalizadores del fenómeno blues rock, al tiempo que en ambas formaciones se va sucediendo el grato descubrimiento de grandes guitarristas como Eric Clapton, Mick Taylor y Peter Green en la banda inglesa, o Mike Bloomfield y Elvin Bishop por parte americana. Precisamente uno de ellos, Eric Clapton, superando en reputación a su líder y formando su propio grupo en 1966, Cream, inaugurará la era del guitarrista estrella, un tipo de prestigio individual hasta entonces reservado a los músicos de jazz.


Blues rock: guitarras solistas, guitarras poderosas

El tiempo demostró de forma sublime que en le segunda mitad de los sesenta el rock había caído bajo el influjo hipnótico del blues negro, aquel maravilloso género musical que había de iluminar los pasos de muchas estrellas blancas de los años hippies. Si en Europa esto se había traducido en verdadera fascinación por artistas de color marginados en su propio país, por el contrario, los norteamericanos blancos decidieron medir sus fuerzas con los grandes bluesmen negros añadiendo un enfoque más vitalista a aquellos sonidos surgidos del ghetto. Y paradójicamente, justo cuando el propio blues negro norteamericano va perdiendo vigencia entre su propia gente, que ahora ha descubierto y prefiere el soul, serán legiones de músicos blancos a ambos lados del Atlántico los que popularicen una adaptación de técnicas y repertorios con las que proporcionar las bases que han de redefinir el rock hasta convertirlo en una nueva vía, un nuevo género, una nueva forma de vida: el blues rock y el virtuosismo de la guitarra solista.


Rhythm and blues británico: otras bandas

Entre las decenas de nuevas bandas que también combinaron lo aprendido de sus maestros negros con una actitud combativa y de generosa agresividad, sería injusto no mencionar a Alexis Korner, fundador de una banda-escuela por donde desfilarían docenas de músicos que más tarde fundarían o formarían parte de alguna de las más importantes de rock de la década como Rolling Stones o Led Zeppelin. También pudimos disfrutar de Manfred Mann, cuya carrera destacó gracias a sus gratificantes interpretaciones del repertorio de Bob Dylan, para terminar como grupo de jazz rock y rock progresivo. Y de Pretty Things, una especie de Stones pero mucho más primitivos y salvajes que evolucionaron hacia la psicodelia y el rock. Injusto no hablar, antes de su majestuosa deriva hacia el blues rock, de John Mayall, pozo de sabiduría para gente como Eric Clapton y Peter Green. Y sobre todo de Spencer Davis Group, con un todavía entonces prometedor Steve Winwood como líder, y autores de algunas de las mejores canciones de la década.


Rhythm and Blues británico: The Animals (III)

Por entonces The Beatles están en pleno reinado coincidiendo además con el estreno de su primera película. Aun así, The House of the rising sun llega a lo más alto en solo tres semanas: dos meses después lo hará en Estados Unidos. Triunfaba la fuerza y la sencillez: los impecables arreglos pensados para la voz de Eric Burdon habían sorprendido a toda una juventud ansiosa de descubrir algo nuevo cada día. Y tal vez fue esa necesidad de cambio, unida a la saturación del mercado con infinidad de nuevos grupos, lo que impidió a The Animals repetir aquel éxito a pesar de otras excelentes canciones. A finales de 1965 abandona el grupo, tras continuas diferencias personales con Burdon, el organista, compositor y arreglista Alan Price. En 1966 también le abandona el resto del grupo, momento a partir del cual, la carrera de Eric Burdon se vuelve irregular, tan solo salpimentada con contados éxitos obtenidos con su nueva banda, War. Y aunque en tres ocasiones se volvieron a reunir The Animals para grabar nuevos discos, tan solo la voz negra de su cantante será depositaria de aquel espíritu que se pretendía recobrar.


Rhythm and Blues británico: The Animals (II)

El repertorio de los primeros The Animals, y que podía escucharse todas las noches del sábado en clubs de Newcastle, era un continuo homenaje a la música negra. En el Downbeat, un local estrecho, húmedo y sucio, canciones de Johnny Lee Hooker, Sam Cooke y sobre todo Ray Charles -al que cada noche Eric Burdon proclama su amor- parecían retorcer las paredes. A finales de 1963, un joven cantante con aspiraciones a productor los conocerá en tan singular local, proponiendoles grabar en Londres. Tras un previo debut en la BBC, en marzo de 1964 aparece su primer single, una canción tradicional americana que les lleva a alcanzar el número 15 de las listas de éxito. Por entonces, aquel joven Eric Burdon, hasta hace poco estudiante de grafismo y fotografía, enamorado de los viejos discos de blues, dejará de ser un simple cantante para convertirse en una leyenda. Tres mese más tarde y con una canción que reconocen haber compuesto tras escuchar a Bob Dylan, conseguirán su primer número uno.


lunes, 29 de marzo de 2010

Rhythm and Blues británico: The Animals (I)

Pero sin duda, el grupo británico de la primera mitad de la década de los sesenta más influenciado por la música negra norteamericana fue The Animals. También el más agrio, desgarrador e inconfundible. Buenos compositores aunque poco prolíficos, y hábiles en la elección de las versiones a interpretar, sus primeras canciones tenían una estructura muy simple: un comienzo sencillo de guitarra y la entrada posterior de un órgano y un bajo. Acompañamientos repetitivos y machacones con la fuerza de unos adolescentes blancos que deseaban con todas sus fuerzas emular a sus maestros negros. Y Por encima de todo esto, la voz excelente y profunda de un Eric Burdon con las ideas profunda e intensamente claras. Ya en sus principios dejaron a la industria discográfica con la boca abierta, por lo que tal derroche de negritud ya tan solo aguardaba el golpe de suerte en forma de canción con la que toda aquella generación de excelentes artistas llevaba un tiempo soñando.


Rhythm and Blues británico: The Yardbyrds (III)

A pesar de los buenos augurios, Eric Clapton abandona el grupo, hueco que se pretende llenar con Jimmy Page. Sin embargo este declinará la invitación al tiempo que les recomienda a Jeff Beck. En aquella época, alguna de sus canciones empiezan a venderse bien en Estados Unidos, pero las puertas siempre abiertas del grupo, convierten a este en un entrar y salir continuo: Paul Samwell, su hasta entonces cerebro se despide y, por fin Jimmy Page olvida su mala salud y sus lucrativas sesiones como músico de estudio para entrar así como bajista del grupo compartiendo punteo con Jeff Beck. Lamentablemente, esta unión de genialidades durará poco, ya que no pasará mucho tiempo hasta que este decida abandonar también el barco. El año 1967 será testigo del desorientado declive de The Yardbyrds: us discos sencillos se hunden en la cada vez más consolidada era del LP y terminan por disolverse en 1968. De sus últimos componentes, solo Jimmy Page entrará en la historia del rock con Led Zeppellin, otro gran grupo, otra gran historia...


Rhythm and Blues británico: The Yardbyrds (II)

The Yardbyrds se convertirán pronto en un grupo de culto que mantendrá un apretado romance con los flashes del éxito gracias a canciones de lujosa inspiración, gancho hipnótico y sonidos fantasiosos. Cantos gregorianos y guiños psicodélicos. Premoniciones de futuros trances hippies sin olvidar las raíces: sólidas puntadas de fogoso rhythm and blues. Hasta 1965 fueron una estricta banda de blues formada por típicos estudiantes de arte hasta que en octubre de ese mismo año, un guitarrista con pinta de monaguillo llamado Eric Clapton entrará en el grupo renovando el repertorio y ganándose muy pronto el apelativo por el que hoy es conocido por millones de devotos admiradores: slow hand (mano lenta). Se estrenarán acompañando a Sonny Boy Wiliamson, un intérprete de blues de gira por el Reino Unio: como resultado, un sonido atroz que sin embargo no pasará desapercibido para Columbia Records. Graban dos discos sencillos que naufragan estrepitósamente antes de la aparición de su primer LP, en donde sin embargo, se encuentra su primer éxito que llega al número tres de las listas.


Rhythm and Blues británico: The Yardbyrds (I)

Otro de los grupos que es necesario mencionar si de rhythm and blues tratamos, son The Yardbyrds. Aunque el solo hecho de que en él se dieran a conocer Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page, tres de los héroes de la guitarra más pontificados en la historia del rock, pudiera eclipsar cualquier otro mérito de la banda, lo bien cierto es que talento no les faltaba. Fueron pioneros en casi todo, la avanzadilla psicodélica británica que terminaría por aportar las grandes dosis de exotismo que encierra el rock, mediante aromáticas infusiones orientales. Su otra gran aportación en el terreno de las novedades, fue la idolatría que sentían por los guitarristas habilidosos y sus guitarras bien afinadas gracias a una diluida originalidad sonora que propiciará buena parte de los sonidos del futuro.
Sus cinco años de existencia serán el más vivo escaparate de remolinos y contradicciones que sacudirán la evolución del rhythm and blues hacia otros estilos como el pop, el garage o incluso el heavy metal.


Rhythm and blues británico: Van Morrison (II)

Con un contrato ya firmado con Decca se trasladarán a Londres con sus dinámicas y congestionadas interpretaciones. Pero los problemas de convivencia entre el grupo empiezan casi en el mismo momento de su formación: como muestra, el hecho de que sus dos únicos discos se registren con músicos de estudio. Tras una gira poco propicia por Estados Unidos, Van Morrison vuelve a casa mientras el grupo sigue por su cuenta al otro lado del Atlántico. Será en 1967 cuando, animado por su productor, se traslade a Nueva York para grabar sus primeras canciones en solitario. Allí, con absoluta libertad creativa grabará en tan solo 48 horas, Astral Weeks, disco considerado obra capital de su discografía y una impresionante colección de bellas canciones. El resto de su carrera, perdurable en el tiempo, será campo de cultivo también de su vertiente soul y del descubrimiento nostálgico de sus raíces irlandesas, y que impregnan de aromas célticos algunas de sus interpretaciones. Con su instintiva habilidad, este individuo pequeño y huraño sigue haciendo de su música, poseído por su arte, una religión libre con la que mirar el inarticulado discurso del corazón.


Rhythm and blues británico: Van Morrison (I)

Van Morrison será uno de esos jóvenes inquietos del rhythm and blues que terminará por desarrollar un estilo inconfundible cuyo espectro va del susurro introspectivo al más doloroso de los lamentos públicos. En el sentido estricto del término, no canta, sino que se confiesa y expresa sus sentimientos. Está considerado como el mayor exponente blanco del potencial del blues como método curativo, como exorcismo de demonios interiores y como catalizador de las inquietudes del espíritu.
Nacido en Irlanda del Norte, a los once años ya actúa en grupos locales amenizando bailes de domingo. Su madre era cantante de blues y de jazz, mientras su padre es un fanático coleccionista de discos. No resulta extraño pues que a muy temprana edad ya domine instrumentos como la guitarra, el saxofón y la armónica. En 1960 dejará la escuela para enrrolarse en un modesto grupo con el que pronto iniciará una larga gira por Alemania. De vuelta, en 1963, formará su propio grupo y lo llamará Them.


Rhythm and blues británico: puro trampolín

Pero también estaba la otra cara de la moneda: muchos de los intérpretes de blues hubieran muerto en la miseria de nos ser por la publicidad generada por sus melenudos alumnos. Fueron muchos los discípulos que reconocieron públicamente su deuda con las fuentes del ghetto, llegando incluso a llevar en sus giras a estos artistas originales. Que bonita paradoja: los británicos lograron que figuras de color ignoradas por la América blanca y en trance de olvido entre su propia comunidad, tuvieran una nueva y próspera carrera.
Y esa es quizá la grandeza del rhythm and blues británico de mediados de los sesenta; la reconversión de un sonido nacido en Chicago, en rock metálico y desenfrenado. Pero además, para mayor gloria, también servirá como trampolín para talentos con estilo propio como Mick Jagger, Keith Richard o Steve Winwood, y punto de partida del despegue de guitarras como la de Eric Clapton, Jeff Beck, Peter Green o Jimmy Page...¿que más se puede pedir?


Rhythm and blues británico: sonido negro diluido

La música americana interpretada por aquellos hijos de esclavos africanos era una fuente obvia de inspiración. Sus protagonistas habían pasado por los mismos dilemas en circunstancias mucho más penosas, resolviendo su marginalidad con el desarrollo de un estilo propio de vida. Eran tipos duros, gente auténtica. Y el blues una religión en la que para aquellos pequeños snobs de las escuelas de arte cabía todo lo que realmente necesitaban e interesaba: sexo, identidad y desafío. El resultado no podía ser más irresistible aunque hubiera opiniones para todos los gustos. Para el sector más tradicionalista, los grupos de rhythm and blues no hicieron más que diluir los sonidos negros con concesiones al gusto del momento, vendiendo una pálida copia a muy buen precio mientras que los intérpretes originales -y eso es cierto en bastantes casos- se morían de hambre. Una vez más la eterna historia de la explotación del arte negro por parte de manipuladores blancos.


Rhythm and blues británico: blues y presente

Estos alumnos se sentían diferentes y repudiaban los gorgoritos que dominaban en aquel entonces las listas de éxitos. Preferían los sonidos del jazz y del blues, algo que no será una mera cuestión de oído, ya que estos revoltosos adolescentes también simpatizan con la ética existencialista de los negros norteamericanos. Como ellos, se sienten solos frente a la sociedad que les cobija: se organizan de forma tribal, buscan la solidaridad del grupo y manifiestan su alejamiento con vestidos y peinados inusuales. Incluso aceptarán las acusaciones adultas que les tachan de irresponsables, amorales y despreocupados por el futuro. Y en parte así era, pero en su defensa se podría argumentar que cuando se sobrevive con las sombras de un pasado con cosas tan reales como la bomba atómica, es muy fácil acostumbrarse a una existencia donde solo cuenta el presente: el rhythm and blues apostará pues por el placer inmediato como argumento de enfrentamiento contra siglos de puritanismo.


Rhythm and blues británico

El temprano éxito de The Rolling Stones demostró que se podía vender música de origen negro con maquillaje blanco. En el Reino Unido los músicos se abalanzaron sobre los sonidos del ghetto con un entusiasmo desborbante, naciendo grupos con la señal del blues en la frente. Algunos causarán una gran impresión aportando su personalidad a un lenguaje ajeno y creando una forma tan vibrante e histórica como el rhythm and blues británico, que alcanzará su esplendor entre 1963 y 1966, como paso previo a intérpretes mucho más puristas que desembocarían más tarde en el blues rock.
Pero no adelantemos acontecimientos. En los primeros años sesenta, las llamadas escuelas de arte eran el refugio de estudiantes con vagas inclinaciones artísticas, de chicos problemáticos con dificultades para encajar en profesiones corrientes, de tipos aquejados por algún inexplicable tipo de virus de rebeldía y que estaban allí para acumular experiencia y descubrimientos. Entre ellos, la música negra.


domingo, 28 de marzo de 2010

The Rolling Stones: el cansancio del circo del rock

No obstante, la mayoría de lo que publican The Rolling Stones en la década de los setenta será material de primera calidad, incluso alguno bordeará la perfección. Ahora en ellos se abarca desde el country visto con ojos de "stone" hasta el blues más negro y rural que hayan podido hacer en su carrera. Las giras serán su alimento, pero el cansancio del circo del rock ya ha empezado a hacer mella. Se inician así los primeros proyectos en solitario, algo que relajará la tensión que supone mantenerse en la cumbre de la leyenda y el mito. Así, a mediados de los ochenta parecerá inevitable la disolución de la banda, como mínimo en lo que a conciertos se refiere.
Su tiempo se agota al igual que los vicios, y aunque a veces se asomen con un disco bajo el brazo o en algún escenario de cualquier parte del mundo, ya es tiempo de buscar la magia de su momento en las tres docenas de discos oficiales que contienen la música más arrebatadoramente negra que haya producido una banda blanca. Señoras y señores...The Rolling Stones.


The Rolling Stones: de vuelta al sosiego

Afortunadamente el ambiente se sosiega y aparece el primer disco de la banda con su propio sello, un disco que en su edición española también tuvo problemas con la fotografía de la portada: lo que en principio debían de ser un par de dedos pegajosos saliendo de la bragueta de un pantalón vaquero, en nuestro país se cambió por otros saliendo de un bote de tomate. Para entonces Mick Jagger ya ha rodado su segunda película y se ha casado con una modelo nicaragüense conformando una peculiar pareja. Son muchos los que ante los nuevos acontecimientos ya comentan con profusión la caída, en brazos de la nueva vida, de la airada y provocativa estrella del rock. Sin embargo, en 1972 su siguiente disco anunciará justo lo contrario. Hasta la crítica más corrosiva termina redimiéndose ante ellos.
Dos años más tarde será Mick Taylor quien abandone la banda, pasando Ron Wood a ocupar su puesto. El ritmo frenético de grabación es de casi un disco por año y para entonces ya parece imposible añadir algo más.


The Rolling Stones: iconografía y leyenda

The Rolling Stones ya están en ese punto en el que todo lo que se toca se convierte ineludiblemente en oro, pero la alegría del momento durará poco. En su gira americana se producirá un desgraciado incidente que llevará una vez más la imagen satánica del grupo a un triste primer plano: mientras interpretan Symphaty for the devil, muere apuñalado un joven negro a manos de un miembro del servicio de seguridad, encargado para la ocasión a los poco recomendables Angeles del Infierno. Se estaba perdiendo el control y la crónica negra empezaba a pesar demasiado. El grupo tardará más de seis años en volver a interpretar dicha canción sobre un escenario.
Mientras parecen meditar sobre lo que está sucediendo y tras la grabación de su primer disco en directo, en 1970 deciden crear su propio sellos discográfico, cuyo lenguaraz logotipo diseñado por Andy Warhol, pasará rápidamente a formar parte de la iconografía del rock.


The Rolling Stones: primeros cambios

Cuando las aguas vuelven a su cauce y con las pilas puestas, el grupo está dispuesto a seguir atrapando tan prodigioso momento, pero sin embargo todo se esfuma como si de un espejismo se tratara. Y aunque crece la fama, también lo hacen los problemas exteriores y las tensiones internas: la publicación de su séptimo disco se retrasará durante cinco meses a causa de las controversias que provocan las fotos que quieren incluir en él. Harto, Brian Jones amenaza con abandonar el grupo tras constantes y borrascosas discusiones: más experimentado desde el punto de vista musical, hará pública su decisión de formar una banda propia en junio de 1969, un sueño que se tornará imposible al ser encontrado muerto en la piscina de su casa y en lo que parece un accidente según reza la autopsia, un mes después. Por aquel entonces, el guitarrista Mick Taylor ya había ocupado su plaza, si bien en el próximo disco de The Rolling Stones, Jones será el guitarrista en la mayoría de los temas.


The Rolling Stones: tiempos satánicos

Su repertorio era amplio y escorado hacia el rock and roll, algo nada novedoso por aquel entonces. Sin embargo no será escasa novedad ver a un tipo culebreante como Mick Jagger cantando con completa desinhibición, una pronunciación francamente extravagante y una sensualidad provocadora, torso desnudo incluido, jamás vista hasta entonces. Durante su primera etapa se basan en versiones más o menos conocidas hasta 1967, año en que todo el material incluido en su nuevo disco es original. Es ahí donde The Rolling Stones encuentran la vía que ha de darles prestigio y consolidación a ambos lados del Atlántico, pero también donde encontraremos la antesala de los altercados con la ley y el orden: en febrero de ese mismo año Jagger y Richard son arrestados por posesión de drogas y en mayo el arrestado por igual motivo será Brian Jones. Las escaramuzas con la legalidad comienzan a ocuparles demasiado tiempo, por lo que el grupo se alejará momentáneamente de la escena pública. Jagger se traslada a la India con The Beatles para compartir extrañas experiencias iniciáticas.


The Rolling Stones: el mito empieza a rodar

Sea como fuere, entre enero y febrero de 1962 y tomando su nombre de una canción de su admirado Muddy Waters, Rollin' stone, terminará por definirse lo que iba a ser la primera formación del grupo. Nadie sospechará entonces que desde ese preciso instante, quedaba articulada una banda a la que le esperaba uno de los futuros más prolíficos, brillantes y rentables de toda la historia del rock. Pilares sobre los que levantar un mito.
A qué suenan en un principio es fácil de adivinar si sabido es que sus componentes profesan una adicción colectiva a los discos de blues, ese blues que ellos se encargarán de amplificar eléctricamente, pero sin alejarlo de sus raíces rurales. Del rock tomarán su sonido de corte más urbano y juvenil, formando con ambos estilos un delicioso pastel al que solo le faltaba la guinda: la extraordinaria asimilación por su parte del perfecto matrimonio que en los primeros sesenta formaban el gospel y el blues.


The Rolling Stones: la formación original

Pronto, y gracias a unos amigos comunes, estos cuatro futuros Stones - Jagger, Richards, Jones y Stewart - terminan por conocerse en un club nocturno donde suelen ir a ver alguna que otra actuación de grupos aficionados. En sus conversaciones ponen en evidencia sus similares gustos musicales, admirando sobre todo a estupendos guitarristas de blues y de rock: Jimmy Red, Chuck Berry, Bo Didley...Será en una de estas charlas en total camaradería cuando alguien les hable de Muddy Waters, excelente guitarrista que cuenta con bastantes admiradores y emuladores entre aquellos jóvenes amigos. Bebiendo de las fuentes de tan grandes guitarristas irá tomando cuerpo la idea de formar un grupo propioen el que todavía faltan dos piezas importantes: el batería Charlie Watts, quien se muestra cauto ante la posibilidad de incorporarse a un grupo de airados jóvenes, y Bill Wyman, quien más que nada se unirá a ellos por el potente equipo de amplificación que poseen.


The Rolling Stones: los primeros contactos

Mick Jagger y Keith Richard se conocieron en la escuela primaria. Diez años después sus caminos volverían a cruzarse cuando por entonces, finales de 1960, ambos descubren un común amor por el rhythm and blues norteamenricano y una compartida amistad con el guitarrista Dick Taylor. En ese momento Jagger estaba matriculado para estudiar económicas y a Richard acababan de expulsarlo del colegio por una inquietante acumulación de faltas de asistencia. Paralelamente, Brian Jones pasaba por serias crisis juveniles en su ciudad natal. Los estudios habían dejado de ser su norte a pesar de la brillantez de sus notas. Ahora le preocupan el jazz, los discos de rhythm and blues, una airado resentimiento frente a sus mayores y, por si fuera poco, las responsabilidades paternas sobre dos hijos ilegítimos reconocidos apenas cumplidos los 17 años. Mientras mejoraba su aprendizaje con la guitarra ya era consciente de que su pasión escondida era consolidar su propia banda, por lo que distribuye anuncios solicitando colaboradores: uno de los primeros e contestar será el pianista Ian Stewart.


The Rolling Stones: la TV como testigo

Pronto se producirá su debut televisivo en la cadena ABC, momento en que su imagen traspasará las pantallas para acomodarse en los salones de millones de hogares que asisten algo aterrorizados a la desvergüenza de aquellos muchachos, y más concretamente, a la de su cantante y aparentemente líder. Para tan memorable evento, The Rolling Stones visten chaquetas de pata de gallo con medios cuellos de terciopelo negro, pantalón oscuro y botines fulgurantemente lustrados. No obstante, ya hay en ellos algo o mucho que irrita a la gente de orden, un halo caótico y provocador palpable desde los primeros compases de sus broncas interpretaciones. Mientras estaban actuando y presentando sus dos primeras canciones, un directivo de la cadena de televisión se llevará a un rincón del plató a uno de los representantes del grupo y le ofrecerá en voz baja un bienintencionado consejo: "si tienes alguna ambición respecto a los Stones, deshazte del cantante, su apariencia es repulsiva y tiene neumáticos en vez de labios".




The Rolling Stones: los primeros pasos

Sus productores no podían ni imaginar cuanta verdad encerraría aquella sentencia con el devenir de los años, y hasta que punto lo que podía tomarse en su día como mero fogonazo publicitario o cabriola dialéctica acabaría siendo una realidad contrastable, mensurable y de alcance universal.
Cabellos largos, vestimenta descuidada, moralidad bajo mínimos, actitud a medio camino entre la provocación y la indiferencia: sobre estos pilares iba a cimentarse la reputación de un grupo que construía su repertorio alrededor de una música con fama de diabólica entre las filas conservadoras de la época, el blues con ritmo. Sin embargo, cuando acuden a grabar lo que será el primer single de su carrera el 7 de Junio de 1963, The Rolling Stones todavía son un grupo mesurado y contenido en sus formas externas, un sexteto que viste de uniforme, que usa americanas de corte y entallado clásico, y que hasta usa corbatas.


The Rolling Stones: satán anda suelto

En 1964 era muy común leer en la prensa todo tipo de alabanzas sobre The Beatles, alabanzas en las que por supuesto aparecían como cuatro chicos buenos. Al mismo tiempo, lo que nadie sabía es que los malos se estaban gestando. Todo había comenzado en un poco antes, primavera de 1963, cuando dos productores en busca de talentos se trasladan con su automóvil hasta las afueras de Ritchmond para contemplar la actuación de una de las más sólidas esperanzas del nuevo rhythm and blues británico, unos chicos que se hacen llamar The Rolling Stones. El acontecimiento tiene lugar ante unos feligreses compuestos al cincuenta por ciento por amantes del género y barriobajeros de Chelsea. Al finalizar el concierto, uno de los productores rebosa entusiasmo mientras el otro, aunque mantiene sus dudas, no parece muy descontento. Ese mismo lunes les ofrecen un contrato de representación exclusiva. Están seguros de que The Rolling Stones no son un grupo más, sino todo un estilo de vida.


The Who: se baja el telón

Tommy será llevada al cine igual que Quadrophenia, su siguiente ópera rock. Esta conseguirá un resultado más endeble, pero servirá expectacularmente para promover una curiosa resurrección del movimiento mod a principio de los setenta. En esta década The Who se resiente de su agotamiento creativo editando discos mediocres. Proliferan las actuaciones, las recopilaciones y las aventuras en solitario. Roger Daltry lo intenta también en el cine comercial mientras la distancia entre ellos ya parece insalvable. En 1978, Keith Moon -el gamberro que aterroriza a su vecino Steve McQueen entre otros- muere por sobredosis de tranquilizantes precipitando la caída del grupo. Poco más tarde, once personas morirán arrolladas en su concierto de Cincinatti. Con el movimiento punk ya desbordándose, Pete Townshend tira la toalla en plena crisis de identidad y The Who acaba por desperdigarse en fustradas carreras en solitario. Por suerte, son muchos los que les siguen adorándo mientras miles de jóvenes los descubren asombrados en las canciones de cabecera de la famosa serie televisiva CSI.


The Who: ópera rock y talento

Poco tardarán The Who en cambiar de aires. Tras varios juicios llegará un final feliz gracias a la ruptura del contrato que les ataba a Decca, quien seguía sin prestarles mucho entusiasmo. En 1966 crearán su propia compañía de discos, donde tras varios intentos y algún que otro fallo comercial, coincidiendo con el esplendor hippy aparece Tommy, saludada, aunque erróneamente, como la primera ópera rock. La ambiciosa historia de un disminuido transformado en ídolo espiritual de masas encierra una visión pesimista sobre la manipulación de las ideas que venderá millones de discos, estableciendo al grupo como artistas consagrados, la institución indispensable en cualquier festival de la época. Tras su representación en Estados Unidos y por teatros de ópera de toda Europa, The Who serán tan famosos en aquellos tiempos que,incluso terminarán rivalizando por el título de máxima banda de rock, con los ya consagrados por entonces Rolling Stones.


The Who: rumbo a la mayoría de edad

Los jóvenes del movimiento mod pondrían de moda los bailes sueltos, los ritmos negros, las anfetaminas, las "vespas" y los trajes franceses de solapa corta rediseñados en Carnaby Street, la calle londinense que floreció con ellos. Hasta Bob Dylan pasaba a veces por allí para poner a día su ropero.
Pero la idea del mod no era de The Who, pues se la prestaría su primer representante cuando todavía se llamaban The Detours y Roger Daltrey, recién expulsado del colegio entra en el grupo cambiando su guitarra por el micrófono, sustituyendo a un destituido vocalista. Mientras van diseñando sus innovadores acordes, alternan versiones del soul con veloces balbuceos hasta que, ya con Keith Moon a la batería se presentan al mundo como The Who. No pasará mucho tiempo hasta que los fiche Decca, que en enero de 1965 lanza tímidamente y de forma algo desatendida, mil copias de su primer disco. Pronto, el público que asiste a sus incendiarios conciertos irá haciendo crecer al grupo, hasta el punto de que muchas de sus canciones pasan a ser patrimonio juvenil, actuando como amplificador para toda una generación.


The Who: generación inconformista

Derrochaban magnetismo, pero bajo el circo de sus actuaciones también latía un caudal de talento. No solo ponían orden en su caos, sino que fabricaban muy deprisa canciones endiabladamente brillantes, directas. Incluso saben hacer voces. Se adelantaron en el uso de efectos electrónicos y se presentan como un grupo con cuatro personalidades explosivas y enfrentadas: se llevaban fatal, en directo se insultaban, pegaban y escupían a menudo. Incluso Roger Daltry será expulsado durante un breve espacio de tiempo. Llevaban chaquetas con la bandera británica y lo suyo era pura autodestrucción.
Su urgencia y ansiedad les elevó a portavoces del movimiento mod: acné urbano que asaltaba los titulares de prensa gracias a sus peleas de fin de semana con otro movimiento juvenil enemigo para ellos: los rockers. Los mods se armaban de firme inconformismo, cambiaban la ética del trabajo por la estética del ocio, y aceptaban trabajar solo como medio para conseguir independencia.


sábado, 27 de marzo de 2010

The Who: agresividad sin control

The Who transpiraban calculada arrogancia y agresividad incontrolada. Emitían espasmos en primera persona con toda la confusión y turbulencia adolescente de su tiempo. Se movían por el agitado espejismo de un movimiento que se denominó mod, mientras sus conciertos, erupciones totales de violencia, rendían culto al ruido y al caos con finales caracterizados por la masacre que sufría su equipo de sonido: guitarras rotas, amplificadores destripados entre el humo, chispas y estrépito. Todo matemáticamente medido por su líder y brincador oficial Pete Townshend, quien sobre el escenario descargaba continuos puazos sobre su guitarra con movimientos de brazo semejantes a las aspas de un molino. Tras la batería estaba el poseso Keith Moon, mientras que Roger Daltry era el solista especialista en tartamudear himnos de fustración y odio generacional, al tiempo que su micrófono se convertía en un lazo oscilante sobre su propia cabeza. John Enwistle, el bajista, se limitaba a observarlos con gesto impasible.


Del pop al rock salvaje: The Who

En el Reino Unido la embriaguez de aquel maravilloso momento del pop apenas durará dos años, hasta 1966. Aquel año hubo huelgas y dos nuevas palabras desconocidas hasta entonces terminarán por ensombrecer el horizonte, al tiempo que cobraban un inesperado protagonismo: inflación y Vietnam. Los cabecillas del movimiento apenas salían ya por la noche. El espejismo del paraíso juvenil aún pudo mantenerse brevemente: Inglaterra ganó el mundial de fútbol, el sol fue generoso con las islas y llegaron millones de turistas dispuestos a fotografiarse en Picadilly Circus o a retozar en Hyde Park. La máquina del pop ya funciona a medio gas cuando unos ruidos extraños presagian una convulsión que habría de terminar con aquella inocencia. Una inocencia de la que carecen algunos de los personajes que conforman el máximo exponente de aquellos años: por ejemplo cuatro londinenses de barrio proletario cuya música hará saltar el mercurio del termómetro del rock. Eran salvajes y se hacían llamar The Who.


Pop norteamericano: The Monkees en la memoria

The Monkees lo componían dos actores y dos músicos profesionales cuyas canciones habían sido compuestas especialmente para ellos por gente como Neil Diamond o Carol King, consiguiendo que sus discos se vendan en todo el mundo. The Monkees podían no ser unos genios, pero no les gustaba nada que los manejaran, motivo por el cual en verano de 1967 deciden que ha llegado el momento de iniciar una gira por todo el país, algo que no les irá nada mal: reciben buenas críticas y demuestran tener suficiente buen humor como para representar sus papeles con una sonrisa. Con el paso del tiempo van emergiendo sus verdaderas personalidades, al tiempo que se ganan la comprensión de algunos críticos. De la televisión saltaron al cine en una llamativa película dirigida por Jack Nicholson, pero sin embargo, su carrera terminará en 1968 tras el abandono de uno de sus miembros. Curiosamente, las canciones de The Monkees, gemas de pop juvenil, han ido ganando adeptos con el tiempo, siendo muchos los que terminan por descubrirlos en la banda sonora de la película Shrek.


Pop norteamericano: experimento The Monkees

Curiosamente, el mejor grupo pop americano de aquellos sesenta también será el resultado de un producto de estudio. El fabuloso éxito de The Beatles en Estados Unidos, tanto con sus discos como con sus películas desconcertó a la industria del entretenimiento, pero está no tardaría en reaccionar. CBS lanzaría a The Byrds, y de la noche a la mañana la cadena de televisión NBC creó de la noche a la mañana a The Monkees. La diferencia residía en que los primeros eran una banda de rock nacida de la voluntad de sus miembros originales, pero The Monkees fueron un grupo reunido, dirigido y utilizado por los productores y ejecutivos de la cadena para una serie inspirada en las películas del famoso cuarteto de Liverpool.
Y el invento funcionó; The Monkees no solo tendrán un gran éxito como actores de la mencionada serie, sino que sus discos de vendieron muy bien desde el primer instante. Sin embargo serán fuertemente criticados y puestos como ejemplo de lo que la industria discográfica era capaz de hacer para vender
discos.


Pop norteamericano: el sonido chicle

Paralelamente al pop, en su término más estricto, también aparecen grupos juveniles con melodías pegajosas e insustanciales, que escrupulosamente envasadas al vacío, buscarán un público fácil, de escaso criterio y paladar lacio: y como no podía ser de otro modo, a aquello lo llamaron sonido chicle. Tan peculiar nombre tal vez tuviera que ver con que el efecto de su música era como las golosinas: atraen con su sabor dulzón y fugaz, pero sin valor nutritivo e indigesto en dosis elevadas. Puro colesterol para los tímpanos. Aún así, rastreando en las ruinas de tan efímero momento podemos encontrar alguna inesperada sorpresa como The Archies, un grupo que no existía: se trataba de un proyecto de estudio con músicos anónimos para poner música a unos dibujos animados, pero su Sugar, sugar llegó al número uno, se convirtió en un clásico y se hizo necesario presentarlos en sociedad. Durante dos años el sonido chicle fue el sonido de la joven América, pequeñas miniaturas de pop bobalicón y evanescente. Pedazos de falsa inocencia y ritmos embaucadores. Euforia de laboratorio sin pretensiones ni mensaje y con títulos absurdos -Yummi yummy, Chewy, chewy...- que hicieron bailar a medio mundo y vendieron millones de discos hasta que a finales de 1968 el sonido chicle ya es indigesto.


Pop norteamericano: breve y vacío

Definitivamente, el pop norteamericano tuvo poco que ofrecer: hasta algo tan simple como unas botas, por aquel entonces objeto emancipador femenino y auténtico fetiche sexual de la época, serán capaces de darle reconocimiento internacional a Nancy Sinatra con una canción, These boots are made for walking, en donde una voz seca y dominadora castiga los surcos del disco entre perversos arreglos. Dúos famosos y mediocres películas le permiten un próspero estrellato entre el pop y el country. Todo cabe: el trompetista Herb Alpert y sus Tijuana Brass se lanzan a un inagotable saqueo instrumental del flocklore hispanomejicano con elegantes acordes y ritmo enérgico. Por su parte, The Rascals, cuarteto neoyorquino de origen italiano, hacían soul como nadie: instantáneas de amor físico junto a bellos y efusivos sentimientos, algunos grabados en castellano. Y por último, los chicos blancos de la voz negra: Righteous Brothers, dúo californiano especializado en feroces baladas de apasionamiento desatado que les convertirá en estrellas monumentales. Su Unchained melody, catapultada en gran medida por la banda sonora de la película Gosth, la encontraremos en cualquier recopilatorio de baladas que se precie.


Pop norteamericano: música inofensiva

El pop norteamericano es sinónimo de solistas y grupos inofensivos que, simultáneos a la erupción del folck-rock reivindicativo, carecían de la voluntad incordiante de este: no querían cambiar el mundo sino pasar un buen rato. En contrapartida ofrecían originales y aisladas propuestas donde cabían curiosidades y extravagancias. El nuevo pop tomaba de aquí y de allá e incluso algunos llegan a atrapar el instante mágico de la fama para, curiosamente, a partir de ese momento no saber nada más de ellos. Se trataba de un extenso pelotón de grupos e intérpretes de un sólo éxito como los Music Explosion, de voz rasposa y sonido rugiente; los Royal Guardsmen, sexteto melenudo que utilizaban efectos especiales y coreados estribillos; también sonaba Keith, un tímido y soñador muchacho cuyas canciones transmitían una apabullante fragilidad. Y The McCoys, algo más comerciales, de imagen arrebatadora y melenas británicas cuya música deambula entre exquisito pop de confitería y enérgicas descargas de rock lujoso;


Pop norteamericano: nada como el original

Pero la diferencia con el sonido pop británico era tangible. Los grupos ingleses irradiaban trepidación mientras que los norteamericanos no tenían nada de juveniles salvo la edad. Cuando The Beatles llegan a América con su pop fresco, la música en Estados Unidos seguía trabajando para la perdurabilidad de los bailes de moda mientras las emisoras arrullaban la felicidad del momento con azucaradas lágrimas vocales exprimidas por guapos de brillantina y tupés caducados. Las primeras reacciones frente al dominio del pop británico oscilarán entre la rendida imitación y la reconversión, algo que no va a impedir que los años del pop norteamericano no sean más que un tiempo de sequía musical apenas regada por unos pocos: Los Four Seasons, algo mayores y de aspecto serio, dispensarían millonarios bálsamos de lujuria vocal, drama y ternura. Len Barry, una transmutación blanca de James Brown. Gene Pitney, universitario bajito pero de enorme estatura vocal. Del Shannon, el falsete más hábil del pop y de los pocos que escribía sus propias canciones. O Lou Christie, puro romanticismo rosa envuelto en la leyenda de que escribía sus canciones a medias con una vidente amiga suya capaz de predecir sus éxitos.


Pop norteamericano

El pop norteamericano también vivió un periodo efervescente con el surgimiento durante esos años de infinidad de propuestas juveniles prensadas en discos single, algo que dice mucho de su creatividad inicial, y difundidas por emisoras de onda media. Muchas de ellas serán creaciones autóctonas -las hay numerosas que se podrían encuadrar dentro del folk-rock o, incluso el soul-, pero lo cierto es que predominarán las respuestas directas a los hallazgos que provenían del Reino Unido. Pero aunque el deseo de bailar crearía ídolos fugaces, también es lícito reconocer que aparecieron algunos grupos más ambiciosos que auguraron un nuevo rock para simplemente ser escuchado, y que abandonando el formato sencillo de edición, se podía oír en emisoras de frecuencia modulada. Esta primera aparición de la novedosa cultura pop también quedará reflejada en las abundantes películas sobre playas, motoristas y jóvenes rebeldes con las que Hollywood inundaría las pantallas de la mano, en el papel protagonista, de hijos de artistas consagrados.


Pop británico: Small Faces 2

Small Faces pronto fueron reclutados por un tiburón de las finanzas, que aparte de un sueldo semanal bastante aceptable, les abre cuenta en las tiendas de Carnaby Street: el sueño de cualquier mood. A las pocas semanas ya estarán triunfando y envueltos en un frenesí de giran en donde sufren con malos humos las avalanchas de sus fans, con lo que también se ganarán la fama de tipos incontrolables. Y cuando se creían nadando en la abundancia, sus padres descubrirán que clase de representante tienen sus chicos. Tras la consecuente ruptura, ficharán por una compañía vanguardista que les ofrece la posibilidad de experimentar, la ocasión perfecta para desarrollar una línea musical propia que sensibilizará profundamente con el pop. Por desgracia, su reputación de "grupo al que las chicas chillan" hace que pasen desapercibidas cosas como su madurez como autores, su curiosidad por las nuevas técnicas y la creciente riqueza de arreglos de la que hacen gala. Y así, de repente, a finales de 1968 todo se complica: problemas para actuar en directo, números rojos y tensión insostenible, terminarán por disolver violentamente el grupo en nochevieja de ese mismo año.


Pop británico: Small Faces 1

Echando la vista atrás a aquella época, son muchos los que coinciden en que el auténtico grupo del movimiento mood de aquella etapa, breve pero gloriosa del pop, fueron Small Faces. Ellos eran genuinos de este movimiento juvenil, muchachos de pulcras vestimentas y cuidadas melenas, adeptos a las anfetaminas y al soul negro. Y aunque muchos fueron los grupos que intentaron reflejar aquella agitación juvenil, ellos fueron los únicos que conquistaron las listas de forma regular con discos rotundos e impetuosos, a los que unirían una carrera paradigmática: crecieron como músicos, se sintieron fustrados y terminaron en la ruina.
El mismo año de su formación, 1965, estos cuatro críos de apenas dieciocho años ya causan una tremenda sensación entre los chichos de la "vespa" y los trajes de corte italiano. Lo de formar un grupo era mero entretenimiento, de hecho en un principio tocaban bastante mal, pero tenían la imagen adecuada y captaban con gran asimilación la efervescencia del momento.


viernes, 26 de marzo de 2010

Pop británico: sus ídolos (parte 5)

También The Easybeats procedían de Australia. Harry Wanda y George Young eran su cabeza pensante. De familia de emigrantes, llegarán al Reino Unido para conseguir un único éxito en las listas a pesar de que destilaban imaginación, energía y armonía. Se separaron en 1970 para tras varias formaciones fugaces, cosechar varios triunfos en los ochenta bajo el nombre de Flash and the Pan: su nuevo sonido, siguiendo las nuevas tendencias musicales se ha convertido para entonces en bailable tecnopop. De algo más cerca, de Birmingham, procedían The Move, quienes aterrizan en Londres destrozando televisores en escena y vestidos de gansters. Tras siete años de irregular carrera, sus tres supervivientes formarán la ambiciosa Electric Light Orchestra. Y del otro lado del Atlántico, de California, llegan The Walker Brothers: los más guapos portadores de flequillo que haya dado el pop. Sus majestuosos melodramas románicos les hacen rivalizar en idolatría femenina con los mismísimos The Beatles.


Pop británico: sus ídolos (parte 4)

En cuanto a los grupos que integrarán ese producto de primera necesidad en que se había convertido el pop, podemos encontrar a The Zombies, que a pesar de escribir tiernas epopeyas de insólita energía taciturna, solo triunfaron en 1964 con su primera canción y, curiosamente, en 1968 con la última. Estaban Paul and Barry Ryan, gemelos, guapos y trajeados, cuyas primeras canciones apenas arañaron las listas de éxito hasta que en 1968, su aparatosa y operística Eloise -interpretaba en España y de forma soberbia por Tino Casal- arrasa en todo el mundo. También aparecieron The Equals con un precoz Eddy Grant al frente de tan genuino quinteto cargado de ritmo, entusiasmo y estrofas facilonas con tinte racial. Y desde Australia llegaban los Bee Gees, tres hermanos que aterrizaron en el Londres psicodélico de 1967 para prolongar sus éxitos hasta 1969, hundirse en la época del rock e inesperadamente reaparecer con falsetes funky y música de baile en la lujosa banda sonora de Saturday's Nigth Fever, y con la que venden millones de discos en todo el mundo. Una pócima mágica que durará hasta principio de los ochenta.


Pop británico: sus ídolos (parte 4)

Pero tal vez, la gran voz negra del pop blanco sea un honorífico título que debiera caer en poder de Joe Cocker. Vapuleado por el éxito, más de cuarenta años después desde su primera aparición sobre un escenario, sigue arrastrando una leyenda de alcohol, drogas y naufragio interior. Iniciado como batería y armónica, obtendrá momentos geniales en la breve historia del movimiento pop: los espasmos con lo que parece subrayar sus canciones son historia inmortalizada en el gran documental sobre el concierto de Woodstock. Sus discos serán a partir de ese momento cita de famosos y sus giras arcos de triunfo. Tras momentos de "zombie" extraviado terminará por refugiarse en el domicilio paterno para, una vez reencontrado el sosiego perdido, comenzar a grabar con bastante regularidad discos que ahora se han vuelto, sin perder un ápice de profesionalidad y negritud, más suaves. En 1982, su canción en la banda sonora de Oficial y Caballero, le valdría un Oscar.


Pop británico: sus ídolos (parte 3)

Aunque el pop parecía cosa de grupos masculinos, también hubo un interesante hueco para osados muchachos que preferían ejercer como solistas; algunos con voces rotundas y la mayoría con inflexiones negras. Recordemos por ejemplo a Tom Jones, tremendamente popular y rejuvenecido en los años noventa, pero que ya empezó ofreciendo una imagen viril a mediados de los sesenta. Este minero de Gales mostraba una técnica envidiable a la hora de modular su prodigioso chorro de voz, que aunque puesto a disposición de un pop elegante, también le serviría para fabricar un buen número de memorables baladas.
En 1965, mucho más tierno y de padres griegos, surgirá a medio camino entre el folk y el pop, Cat Stevens, quien con canciones que hablaban de perros, tiendas y cicatrices fue capaz de construirse una aureola original y romántica. Cantante insatisfecho y exigente, será una tuberculosis la que le haga abandonar la música en 1968. Convertido al Islam, con el nombre de Yusef y con la entrada prohibida en Estados Unidos por tal motivo, volverá a los escenarios en 1979.


Pop británico: sus ídolos (parte 2)

Dusty Springfield era la voz soul con pestañas blancas postizas. Abusaba del pelo cardado y de las preferencias sexuales negras, algo que le costaría algún que otro incidente en su gira sudafricana. Sandie Shaw, miope, larguirucha y desgarbada, de gran popularidad en Europa y que actuaba descalza con voz rota y agridulce; grabaría en varios idiomas y en 1967 ganó el Festival de Eurovisión. Pero sobre todo estaba Mariannne Faithful, la voz ahogada y seductora que llegaba al corazón desde modestas versiones mientras su vida se desplomaba: hija de una baronesa, vio el pop desde el altar de la nueva aristocracia y encarnaba lo que hoy podríamos definir como "chica interesante". Hablaba de temas procaces con igual desvergüenza y tono que un camionero, teniendo relaciones con tres de los Stones antes de decidirse por Mick Jagger, con quien viajará a la India y a los titulares: detenciones, orgías, drogas...También hará teatro, cine y televisión hasta que una sobredosis complicada con un intento de suicidio la aparta de tan destructor circo. Recuperada, reiniciará su carrera a finales de los setenta.


Pop británico: sus ídolos (parte 1)

En tan grandiosa meca del pop, las radio pirata, la televisión y la moda forman parte activa de este complot cuyo fin no es otro que difundir nuevas consignas de inconformismo e independencia. Aparecerán propuestas femeninas, en minifalda como no podía ser de otro modo, como Cilla Black, la chica del guardarropas de The Cavern, en donde entablaría amistad con The Beatles consiguiendo para su chillón y recatado repertorio que estos le presten material inédito. Y Lulú, pequeña y regordeta que llegaría a Londres desde Escocia con su gran repertorio de minifaldas y su voz arenosa. Tenía 16 años cuando triunfó con su primer disco. Más tarde rodaría con Sidney Poitier el clásico juvenil Rebelión en la aulas, consiguiendo con el tema principal de la película su primer número uno en Estados Unidos. También encontraremos a Petula Clark y su admirable voz capaz de agarrarse con tremenda facilidad a todo lo que interpreta y cuya lista de éxitos ya se había iniciado en 1954.