Las grabaciones, aunque desiguales, se suceden periódicamente y las reediciones de añejas canciones se venden en grandes cantidades. El grupo se defiende en directo con el añadido de nuevos músicos pero no parecen hallar el rumbo. Y aunque parece que Brian Wilson ha recuperado su forma, la realidad es que se ha convertido en un personaje frágil al que sus amigos tratan como un niño mientras un doctor regula su vida. Patetismo mezclado con algún que otro destello de brillantez protagonizado por un grupo que ya no es más que una máquina nostálgica. Se suceden los enfrentamientos y los discos en solitario, las giras canceladas y las grabaciones con desgana. Y por si faltaba poco, en Diciembre de 1983, Denis Wilson muere ahogado en la playa a la que tanto cantó. Su cuerpo reposa en el mar por petición de sus hermanos al mismísimo presidente Reagan, quien les agradece aceptando su solicitud el hecho de que los Beach Boys hayan tocado en las convenciones del Partido Republicano. Pinceladas de tristeza para el final de un grupo que hoy en algo más que una institución en Norteamérica y que nos hablaba de una tierra de leche y miel. De que era posible un verano eterno.
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