A partir de se momento todo vendrá rodado en su carrera, transformándose sus principios en una colección de discos sencillos que se convierten en éxito por arte de magia, con una música deslizante, suave e intimista, y cuyo contenido es pura poesía ambiciosa, desencantada e intelectual. Con la banda sonora de El Graduado de Mike Nichols, su fama se acrecienta aún más gracias a Mrs Robinson, un auténtico bombazo. Con su siguiente álbum llegaría entre otros la aparatosa The Bridges over troubled water, un tema tan significativo como The Boxer, que llegaría a grabar el mismísimo Bob Dylan. También estaba El cóndor pasa, interpretada junto al grupo peruano Los Incas. Y Cecilia, otro caramelo popular. Por si algo faltaba a tan sublime disco, Bye Bye Love, un homenaje de recuerdo y reconocimiento a sus maestros Everly Brothers. Y es que en verdad, aquel disco era y sonaba como un adiós. Con la nueva década vino la ruptura en pleno éxtasis comercial. Continuarán sus carreras en solitario, Paul Simon con mayor rigor, creatividad y calidad, y no faltarán los intentos por resucitar lo enterrado: en 1981 tendríamos la ocasión de verlos de nuevo juntos en el gigantesco concierto de Central Park en Nueva York.
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