viernes, 26 de marzo de 2010

Pop británico: sus ídolos (parte 3)

Aunque el pop parecía cosa de grupos masculinos, también hubo un interesante hueco para osados muchachos que preferían ejercer como solistas; algunos con voces rotundas y la mayoría con inflexiones negras. Recordemos por ejemplo a Tom Jones, tremendamente popular y rejuvenecido en los años noventa, pero que ya empezó ofreciendo una imagen viril a mediados de los sesenta. Este minero de Gales mostraba una técnica envidiable a la hora de modular su prodigioso chorro de voz, que aunque puesto a disposición de un pop elegante, también le serviría para fabricar un buen número de memorables baladas.
En 1965, mucho más tierno y de padres griegos, surgirá a medio camino entre el folk y el pop, Cat Stevens, quien con canciones que hablaban de perros, tiendas y cicatrices fue capaz de construirse una aureola original y romántica. Cantante insatisfecho y exigente, será una tuberculosis la que le haga abandonar la música en 1968. Convertido al Islam, con el nombre de Yusef y con la entrada prohibida en Estados Unidos por tal motivo, volverá a los escenarios en 1979.


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