Paul MacCartney será el único de los cuatro de Liverpool que desde la disolución poco pacífica del grupo, apostará por la continuidad de su carrera como músico e intérprete. Sin grandes excesos ni experimentaciones, su calidad melódica ha terminado por proporcionarle un excelente trabajo y reconocimiento a lo largo de su nueva trayectoria. Tras un primer disco grabado en solitario -quizá en aquellos tiempos tan próximos a la desintegración de The Beatles lo que menos necesitaba era compañía-, irá poco a poco aceptando la idea de colaborar con otros músicos. En 1971 decide crear una banda estable que le acompañe, a la que bautiza como Wings y en la que toca los teclados su esposa Linda. Esta nueva andadura será recompensada con una gran aceptación entre el público, permitiendo una liberación personal en la que Paul McCartney cede parte de su protagonismo a sus excelentes músicos. En cualquier caso, serán sus canciones las que más destaquen, ofreciendo siempre lo mejor de un músico mítico que se ha esforzado siempre por escapar de su propia leyenda
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