Definitivamente, el pop norteamericano tuvo poco que ofrecer: hasta algo tan simple como unas botas, por aquel entonces objeto emancipador femenino y auténtico fetiche sexual de la época, serán capaces de darle reconocimiento internacional a Nancy Sinatra con una canción, These boots are made for walking, en donde una voz seca y dominadora castiga los surcos del disco entre perversos arreglos. Dúos famosos y mediocres películas le permiten un próspero estrellato entre el pop y el country. Todo cabe: el trompetista Herb Alpert y sus Tijuana Brass se lanzan a un inagotable saqueo instrumental del flocklore hispanomejicano con elegantes acordes y ritmo enérgico. Por su parte, The Rascals, cuarteto neoyorquino de origen italiano, hacían soul como nadie: instantáneas de amor físico junto a bellos y efusivos sentimientos, algunos grabados en castellano. Y por último, los chicos blancos de la voz negra: Righteous Brothers, dúo californiano especializado en feroces baladas de apasionamiento desatado que les convertirá en estrellas monumentales. Su Unchained melody, catapultada en gran medida por la banda sonora de la película Gosth, la encontraremos en cualquier recopilatorio de baladas que se precie.
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