Se estaban viviendo acontecimientos como la desaparición de la pena de muerte o la legalización de la homosexualidad, aunque solo a mayores de 21 años y con la excepción de Escocia e Irlanda. Se observaba como crujían las más sólidas estructuras de la arrogante clase alta británica, que presenciaba con horror, escándalo televisivo incluido, como alguno de sus distinguidos miembros cedía ante las tentaciones de la carne. Y mientras el país se inunda del dinamismo y el optimismo que impulsa el triunfo de un partido laborista cuyo líder se ha fotografiado en plena campaña con los mismísimos The Beatles, en Londres terminará por consolidarse una nueva aristocracia de tipos impetuosos con fama, talento y dinero, pero sobretodo, y esa era la novedad, de origen proletario. Tipos que se convertirían rápidamente en personalidades nacionales gracias a unos medios de comunicación ansiosos de novedades que reafirmen tanto cambio experimentado.
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