No obstante, la mayoría de lo que publican The Rolling Stones en la década de los setenta será material de primera calidad, incluso alguno bordeará la perfección. Ahora en ellos se abarca desde el country visto con ojos de "stone" hasta el blues más negro y rural que hayan podido hacer en su carrera. Las giras serán su alimento, pero el cansancio del circo del rock ya ha empezado a hacer mella. Se inician así los primeros proyectos en solitario, algo que relajará la tensión que supone mantenerse en la cumbre de la leyenda y el mito. Así, a mediados de los ochenta parecerá inevitable la disolución de la banda, como mínimo en lo que a conciertos se refiere.
Su tiempo se agota al igual que los vicios, y aunque a veces se asomen con un disco bajo el brazo o en algún escenario de cualquier parte del mundo, ya es tiempo de buscar la magia de su momento en las tres docenas de discos oficiales que contienen la música más arrebatadoramente negra que haya producido una banda blanca. Señoras y señores...The Rolling Stones.
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