Despreciado por la crítica y mal visto socialmente, el heavy metal ha conseguido superar la erosión de los tiempos vendiendo puro desafío que sigue manteniéndose en lo más alto de las listas. Claro que poco queda, en la sonrisa dentífrica de grupos más menos nuevos, de aquel primitivo animalismo surgido a principios de los setenta. Aún así, los diferentes cambios de plumaje a los que se ha visto sometido el heavy metal, no han cambiado sus esquemas: poder, virilidad y volumen, solo eclipsados levemente por la aparición del punk y la new wave, resurgen suministrando fantasías épicas capaces de colmar la ansiedad heroica de nuevos adolescentes. Se ha convertido en unos de los géneros más perennes y recurridos, claro uniforme sonoro donde tienen cabida las mas diversas consignas políticas, sinfónicas, satánicas, sangrientas o sexuales. El heavy metal sigue acaparando portadas, fondos musicales para anuncios, carteles...un inabarcable mercado paralelo de muñequeras, camisetas y remaches donde los sueños, húmedos y de gloria, nos llegan desde innumerables grupos.
viernes, 30 de abril de 2010
Heavy metal: Led Zeppelin (III)
Transformados en un nuevo Atila a cuyo paso va quedando un rastro de oídos atormentados, habitaciones de hotel destrozadas, fans exprimidas y promotores de conciertos aterrorizados, y a partir de 1970, Led Zeppelin abrirá nuevas vías en su música con un mayor peso específico de los acústico y lo melódico. Un año después asistiremos a su llegada a la cumbre con las creaciones más sensibles e impresionantes del grupo -Stairway to heaven es la guinda de tan dulce pastel-, sin renunciar a temas explosivos y veloces. Sus giras serán cada vez más monstruosas y las ventas multimillonarias. Los escándalos de sexo y violencia hacen del grupo la encarnación de la prepotencia de las estrellas del rock. Entre nuevos trabajos y la creación de su propio sello discográfico llegarán a 1975, año que verá la más descomunal de sus giras, al tiempo que seis de sus álbums comparten lista de éxitos. Pero llega 1976 y con él la evidencia de que el gran dirigible pierde altura: su arrogancia no les permite amoldarse a los nuevos aires creados por el punk y sus trabajos se demoran en el tiempo. En 1979, totalmente estancados, la muerte por sobredosis de su batería marcará la defunción de Led Zeppelin.
Heavy metal: Led Zeppelin (II)
A los mandos comerciales de tan asombrosa nave, el productor de Led Zeppelin será en gran medida el responsable del meteórico ascenso de la banda. Y todo con una estrategia que se revelará infalible: grandes giras, dosificación en el lanzamiento de sus discos y una promoción demoledora les convertirán en paradigma de la industria discográfica con sus miradas y sus bolsillos apuntando con clarividencia a Estados Unidos.
Su primer trabajo tras unos pocos conciertos de duro engranaje les aupará a un limbo que ya no abandonarán y que marca las directrices de sus grabaciones posteriores con temas propios preferentemente brutales, alguna excepción lírica y breves incursiones por los terrenos del blues y del folk. Tanto, que hoy algunos de sus temas podrían pasar perfectamente como new age. Led Zeppelin es gracias a este disco el protagonista de uno de los debuts más espectaculares que se hayan podido conocer, algo que quedará eclipsado con su segundo trabajo, un álbum que se convertirá automáticamente en uno de los excesos más gloriosos de la historia del rock.
Heavy metal: Led Zeppelin (I)
Estamos en 1968. Vietnam alcanza ya su apoteosis sangrienta. Las flores y el ácido dejan paso a las barricadas de París o de Praga. En lo musical el ambiente está igualmente enrarecido: The Beatles han abierto innumerables puertas tras su Sargent Pepper's, California no acaba de cuajar en la industria discográfica y Cream, dejando vacante el trono del más contundente blues rock, ha dejado de existir.
En esos mismos días The Yardbirds, capitaneados en su última etapa por Jimmy Page -antes habían servido de trampolín para Eric Clapton y Jeff Beck- dan su último concierto. El tal Jimmy es un tipo raro, devoto de la brujería y los saberes esotéricos, al tiempo que reputadísimo y precoz músico de sesión. Recién entrado el verano de 1969 conocerá a Robert Plant, solista en grupos desconocidos y fanático del blues. Es un chico con imagen y, sobretodo, aulla de un modo devastador, algo que Jimmy Page va buscando para su nuevo proyecto. Junto a John Bonham, corpulento y sumo bebedor, aporreando la batería y el bajista John Paul Jones bautizarán a la nueva banda como Led Zeppelin.
Heavy metal: Deep Purple (II)
No será hasta 1970 cuando gracias a algunos cambios en la formación del grupo -el descubrimiento de la ululante voz de Ian Gillian será determinante-, este defina el verdadero sonido Deep Purple. La guitarra y la voz ganarán la apuesta a los teclados y aparecerá el primer éxito en las listas británicas, matriz de su nueva línea que se concretará en sus siguientes tres trabajos: ejemplos claros de riguroso trabajo de composición con temas bien estructurados, claves instrumentales perfectamente coordinadas y acordes limpios y comerciales. Por fin un sonido claramente identificable que el grupo logrará cristalizar en singles fantásticos. Pero solo hasta que la pugna de egos llegue a su máxima plenitud con reproches mutuos sobre su encasillamiento estilístico. Por suerte, antes de las primeras deserciones editarán Made in Japan, doble álbum en directo y lúdica antología de lujo que marcará el heavy metal de los setenta. A partir de entonces se sucederán años de vida irregular que terminarán con la disolución de Deep Purple en 1976 en un póstumo Made in Europe. Todo lo que venga después, intentos de reaparición incluidos, se antojará cargado de una sospechosa falta de sinceridad.
Heavy metal: Deep Purple (I)
Son muchos los que creen que gran peso de la leyenda que encierra el heavy metal recae en Deep Purple, poseedores por derecho propio de plaza en propiedad en tan singular paraíso. Lugar y leyenda conseguidos gracias a unos cuantos temas célebres, por un trío de músicos británicos de gran carisma y una abultada historia de descendencias musicales más o menos bastardas. Nacidos en 1968, sus inicios nos mostrarán evidentes síntomas de no saber que tipo de música interpretar: Ritchie Blackmore, guitarrista intenso y hasta entonces de estudio, y John Lord, teclista con estudios musicales clásicos, liderarán a la banda en su asalto al rock con afortunadas versiones que pasarán inadvertidas en el Reino Unido. Sin embargo, la primera de ellas llegará al número cuatro de las listas americanas en verano de ese mismo año. Voces melodiosas y juegos pantanosos de órgano que se incluirán en un primer álbum -atractivo crisol de psicodelia, blues rock y ramalazos de rock progresivo- con el que consiguen una mezcla de sonidos que desenvolverán con soltura hasta principio de los setenta.
Heavy metal: AC/DC (III)
También en España resultará sorprendente la influencia de AC/DC entre ciertos sectores de los aficionados al volumen alto; en los barrios periféricos de las grandes ciudades se les adora como dioses, se pone su nombre a algunas calles y en las paredes su anagrama compite con pintadas políticas. 1979 supondrá el climax de su carrera artística con la aparición de Highway to hell, impactante producción donde el grupo demuestra su sobriedad y su solidez. Sin embargo, en abril de ese mismo año perderán a su cantante, quien aparece muerto en el asiento trasero de su coche a causa de sus abusos alcohólicos. Por fortuna para ellos y su legión de incondicionales, encontrarán en su magnífico sustituto, Brian Johnson, alguien que sabe berrear con la misma vehemencia que su antecesor y que además es aceptado por su público. Esta tragedia afianzará los lazos que unen a AC/DC con sus seguidores, fruto de lo cual surgirá una gira de presentación de su nuevo trabajo que se antojará descomunal. Tal vez desde entonces solo se hayan limitado a cubrir el expediente discográfico, pero en directo, detrás de las cortinas de humo y los efectos especiales, sigue palpitando una sección rítmica que es dinamita pura adentrándose en las venas y en la leyenda.
Heavy metal: AC/DC (II)
En realidad, en sus primeras actuaciones AC/DC se limitan a ofrecer con generosidad todo lo que el público, extremadamente joven, les reclama: energía en bruto, facilidad para unas melodías de acero blindado, un sonido crudo y sabroso, y una excelente guitarra solista siempre en primer plano. La presencia en escena del grupo, lugar en donde verdaderamente se aprecia su efectividad, se apoya por igual en un irresistible sentido rítmico que retomará influencias del glam, y en un truco visual mínimo: el personaje de diabólico colegial británico interpretado por un menudo pero espectacular Angus Young. Un limitado pero incendiario cantante que responde al nombre de Bob Scott será otro de los grandes alicientes de la banda.
Primero en el Reino Unido y más tarde en Estados Unidos, el público se rinde incondicionalmente ante sus descargas y su espectáculo. Algo que no tardará en traspasar fronteras: AC/DC se convierte por mérito propio, y solo con un primer disco editado, en una de las más grandes bandas mundiales del heavy metal.
Heavy metal: AC/DC (I)
Otro elemento indispensable en la historia del heavy metal es la fuerza bruta de AC/DC, forjadores electrizantes de un blues rock metálico con el que establecieron un puente entre el decadente rock duro de mediados de los setenta y la nueva ola heavy de principios de los ochenta. Australianos de nacimiento, se dieron a conocer internacionalmente a principios de 1974, casi al mismo tiempo que el punk, movimiento musical del que parecían renegar, pero con el que compartían ciertas actitudes. El núcleo de la banda lo forman los Angus Young y Malcolm Young, hermanos y auténtica alternativa válida contra la senilidad prematura de los grandes dinosaurios del heavy metal. Su propuesta se basaba principalmente en la inmediatez, la energía y la falta de pretensiones.
1976 es el año elegido para plantarse en Londres con la ambición de conquistar todos los mercados empezando desde cero, y actuando hasta sudar la camiseta noche tras noche en locales de aforo reducido donde pronto logran el apoyo incondicional de quienes van a verlos.
jueves, 29 de abril de 2010
Heavy metal: Van Halen (III)
Alardeando de que ninguna de sus canciones ha sido grabada a menos de 85 decibelios, Van Halen supo dar al concepto canción el valor que se merece. Sus inmensas ventas les permitieron tomarse libertades estilísticas como el uso de sintetizadores y un acercamiento al pop, algo normalmente prohibido en el heavy metal. Tras una superlativa y bestial gira en 1984, año de su apoteosis, David Le Roth, deportista, fanático de las artes marciales y aventurero impenitente, se embarcará en unos años sabáticos que le llevarán de safari por Latinoamérica. A su regreso, la idea de grabar en solitario tomará forma en 1986, hecho que conduce a su divorcio con el resto de la banda a pesar de que su autodidacta trabajo solo obtiene una tibia acogida. Su sustituto, un cantante de garantías y estrella del heavy metal por méritos propios como Sammy Hagar, no conseguirá relanzar al grupo. 1987 cerrará su apabullante trayectoria de grupo divertido, brutal e imaginativo. Un nombre imprescindible para captar la dimensión circense del rock.
Heavy metal: Van Halen (II)
Pero la arrogancia de su líder no impide descubrir que se trata de alguien inteligente, cosa poco habitual en su ambiente. Prototipo del macho rockero, exhibicionista y provocador, él es el primero en reírse de si mismo. No es un cínico, y la irrefutable convicción con la que interpreta su papel de divo en vídeos, actuaciones y entrevistas así lo demuestran. David Le Roth es todo un personaje, lo mismo que Van Halen es un buen grupo prácticamente perfecto: gran imagen, todo colorido y dinamismo, dominio técnico, facilidad para resultar espectaculares de forma abrumadora y una negrísima reputación que en el mundo del rock no debe de ser desdeñada. Los rumores sobre las bacanales con las que celebra sus éxitos corren de boca en boca, y la leyenda sigue hablando tanto de un David Le Roth perseguido por cientos de madres solteras que le imputan la paternidad de sus hijos, como de su estancia -y no de visita precisamente- en un rancho para adolescentes problemáticos y en tratamiento psiquiátrico. No es de extrañar por tanto que sus discos sean consecuentes con todo tipo de habladuría.
Heavy metal: Van Halen (I)
Durante los ochenta, el heavy metal vivirá un desestabilizador dilema con la palpable pérdida de fiereza rítmica y virulencia estética: se trata además de un peaje que habrá que pagar para entrar en los grandes circuitos de las emisoras de radio. Una concesión que se traduce en un rock de agradable digestión al gusto de los estudios demográficos de la industria discográfica. Una tentación demasiado golosa. Sin embargo, a pesar de los millones generados por las nuevas hornadas de estudiadas melenas, esto no impedirá que surjan nuevos guerrilleros capaces de descubrir el placer de subir el volumen sintiendo como los dedos generan olas de sonido mientras alguien vocifera calentura y otras frustraciones: esos que seguirán haciendo del heavy metal un genero no respetado, pero donde si se respeta a sus grupos. Como Van Halen, cuarteto capaz de poner de acuerdo tanto a la crítica como al aficionado, y con un líder, David Le Roth, con el que resulta difícil no simpatizar por su sentido del humor y su desfachatez.
Heavy metal: vitalidad regenerativa
A finales de los años setenta y con sus estrellas dedicadas a una constante repetición mecánica, de la mano de pequeñas compañías independientes británicas en busca de un público fresco, el heavy metal retornará a sus orígenes virginales con gente como Iron Maiden, Def Leppard y otros nuevos apóstoles. La más clara demostración de la vitalidad del heavy metal. Un género que ya no es ese cuerpo enclenque al que se le puede acusar de que todo suena igual. Junto a los pocos supervivientes de los setenta brota una savia nueva donde cabe de todo: desde los expertos en asustar a los bienpensantes con referencias satánicas y crudo erotismo, hasta jóvenes que citan la Biblia entre pesados compases. Ni tan siquiera tiene ya sentido la definición del heavy metal como música para chicos: grupos como Europe o los alquimistas Bon Jovi endulzarán las pintas de este estilo varonil con horas de peluquería y canciones listas para conectar con infinidad de corazones femeninos.
Heavy metal: ritmo implacable
Al heavy metal se le ha colocado demasiado a menudo, junto a muchos otros, el sambenito de la violencia, pero jamás se ha hecho merecedor de esa medalla a pesar de las poses y las letras. Siempre ha preferido invocar como méritos la veteranía y su defensa a ultranza de una autenticidad vital más allá de las influencias y las modas.
Y todo esto ocultando a su vez un sofisticado entramado comercial donde los lanzamientos de nuevos trabajos se planifican con precisión militar, lo mismo que las mastodónticas giras mundiales -donde verdaderamente está el dinero tanto de las entradas como de la venta de parafernalia afín-, esas tan exhaustivas y asfixiantes que han triturado a más de un grupo, y cuyo implacable ritmo de trabajo repercute tanto en la producción discográfica como en la rutina abismal a la que se ven abocados. Sin embargo, como toda música que responde a una potente realidad sociológica, el heavy metal siempre es capaz de regenerarse con sangre nueva para el viejo monstruo.
Heavy metal: libertad sin freno
Desde el escenario, esas masas en tensión serán bendecidas con habilidad por artilleros del heavy metal que gustan de exhibir su poder. Poder para dominar los sentidos descargando himnos apocalípticos o hazañas sexuales. La estrella metálica tiene permiso para todo, presume de una libertad sin freno ni responsabilidad, bebe a morro de las mejores marcas, lleva las melenas más largas y los pantalones más ajustados, consume todas las drogas, se permite arrasar las habitaciones de los hoteles y da un corte de mangas a un sistema que predica trabajo duro y vida moderada.
Y esa es una imagen inmensamente atractiva para esos seguidores suyos que parchean sus uniformes y camisetas con el nombre de sus ídolos: invocaciones a una galaxia orgullosa y que se considera depositaria de los valores primarios del rock. El heavy metal se convierte en rock elevado a la infinita potencia cuyo reflejo es un espejo deformante de todas las fantasías que han nutrido esa música desde sus orígenes.
Heavy metal: exhibición de poder
Desde sus inicios el heavy metal se enfrentará al mundo que le observa con escepticismo, prometerá aplastar la apatía del momento y recargará las baterías de jóvenes con ansia de identidad comunitaria. Su música es la suma de un bajo atronador, una batería machacona, una guitarra solista desaforada y una voz que intenta abrirse paso a chillidos entre instrumentos amplificados más allá del límite del dolor. No conoce el significado de la palabra sutileza -aunque bien es cierto que se defenderá como pocos en los temas lentos- y preferirá el impacto inmediato con ojos y oídos asaltados por la enormidad de los decibelios y los imponentes despliegues de luz. El heavy metal es una fe basada en la resistencia, pero sin ánimos de revolución, que adquiere pleno sentido en los rituales de sus espectáculos en directo, lugar donde se alcanza una íntima compenetración entre oficiantes y espectadores: los músicos son saludados con puños cerrados en alto, símbolos de victoria, silbidos y gritos de seres dispersos que acuden a su convocatoria.
Heavy metal: la enormidad de los decibelios
Eric Clapton representa al rey de la guitarra con libertad para atormentar sus cuerdas, deformar su sonido y esculpirlo en enormes columnas. Jeff Beck, esa música borrascosa cuyo volumen colocará siempre las agujas del amplificador en zona roja, y, finalmente Jimmy Page, al moldeador de bloques sonoros a base de enfrentamientos entre su guitarra y la voz estratosférica de Robert Plant, ambos bajo los auspicios de su banda, Led Zeppelin.
Tres serán también las piedras angulares del asalto del heavy metal al panorama del rock: los mencionados Led Zeppelin abrirá el mercado; Deep Purple plasmará su descomunal y febril espectacularidad, y Black Sabbath predicará sus consignas perfectamente encajables en la turbulencia de los primeros setenta. Así, este producto tardío de la violación del blues por parte de músicos blancos y al que también llamaron hard rock, se aprovechará de las nuevas tecnologías para adueñarse de auditorios y festivales campestres.
Heavy metal: la secta prohibida
El heavy metal, esa especie de secta prohibida a todo adulto buscador de valores convencionales, siempre ha llenado desde su inicio como género embaucador a base de decibelios, gran parte del panorama musical de todas las décadas. Es música intimidante, repetitiva, visceral. Embutida en sudor, sonidos atronadores y muecas, preserva como nadie y en estado puro, el mito adolescente del rock como bandera de rebelión. Sospechosa ante los medios de comunicación, la falta de respetabilidad que estos parecen mostrarle, aumenta más si cabe su aureola de heroísmo. Su aparente estancia fuera de la ley y de la industria del espectáculo -a pesar de los millonarios beneficios que garantiza y genera- es solo una forma de reforzar su magnetismo y vender una arisca válvula de escape.
En sus orígenes, los forjadores de tan sublime ruido metálico a todo volumen serán tres guitarristas que casualmente pasarían por The Yardbyrds, pioneros de casi todo, en la primera mitad de los años sesenta: Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page.
Glam rock: Sweet / Suzi Quatro
Sweet era un cuarteto de aspecto deplorable, capaz de romper con la tradición "quinceañera" de admirar a sus ídolos por querer ser como ellos. Eran admirados por sus buenos discos o por la apoplejías que producían en los más reaccionarios del movimiento, pero nunca nadie en su sano juicio querría ser como ellos. Desde 1971 a 1975 tuvieron una de las más impresionantes listas de éxitos de la historia, año en que, tomando las riendas de su propia carrera, se convertirán en inexcusablemente clásicos, algo que les apartará definitivamente de la popularidad.
Por su parte, Suzi Quatro es una norteamericana que ya triunfará con apenas 22 años embutida en un precioso conjunto de cuero negro y arrolladoras canciones. Vendía una imagen de chica dura, pero su cara infantil de niña buena sugería sin dobleces que tenía un corazón tierno. Los chicos se volvían locos por ella y las chicas por imitarle, contrapunto visceral de una crítica musical que la despreciaba. A mitad de la década de los setenta ya había pasado a un segundo plano.
Glam rock: Gary Glitter / Slade
Entre tantos protagonistas también se encuentra Gary Glitter, mitad Elvis Presley, mitad dandy británico con tendencia a la obesidad y de edad indefinida mal disimulada, y quien tras cantar bajo una larga lista de seudónimos, lograría impulsar algunos temas de éxito con los que arrasar principalmente en verano. Con su banda derivó en la mejor y más estridente música macarra del momento, pero no hay duda alguna de que terrible e indudablemente bailable.
También son británicos Slade, quienes comenzaron su carrera con pintas skinheads y tocaban de forma horrible. Suerte que su productor sacó a flote las venas rockeras del grupo y los hizo crecer al igual que a sus cabelleras. Son autores de joyas musicales maravillosamente histéricas y conmovedoramente rápidas. Componer su propio repertorio las dio la credibilidad que les quitaba su aspecto, hasta el punto de que, pasada la época del glam, se convirtieron en una verdadera institución en el Reino Unido, a la que ahora le gusta -y degusta- el heavy metal.
Glam rock: momentos felices de atrevimiento
Muchos fueron los que contribuyeron al escándalo del glam rock con sus maquillajes, vestimentas y poses. Eran alardes y atrevimientos de una serie de artistas que se presentaban con el aspecto de las vedettes de revista y la desfachatez del triunfador. Inspirado en la moda espacial y adornado con boas y pestañas de cabaretera, el glam, música discotequera, reiterativa, adolescente y descarada, supuso la contraposición perfecta a la pedantería progresiva de la Gran Bretaña de los años setenta. Incluso algún que otro aristócrata tuvo que vestirse de lentejuelas. Hasta la llegada de la new wave en 1978, su fuerza popular fue innegable, por lo que todo tipo de artistas intentaba adoptar su estilo para acabar encontrándose a sí mismos tras una sombra azul de ojos o unas botas de plataforma. Una edad en la que el culto a la imagen llegó a extremos nunca imaginados. El único problema lo tenían los fans, pues imitar a sus ídolos se volvió casi imposible: encontrar un modelo similar a los que ellos utilizaban era toda una hazaña, pero todavía lo era mucho mayor salir a la calle con ellos puestos.
miércoles, 28 de abril de 2010
Glam rock: Marc Bolan (IV)
En 1977, ya con el punk arrasando todo lo que encuentra a su paso, se publicará el último trabajo aparecido en vida de Marc Bolan. Su gira de presentación es un éxito descomunal, y en verano de ese mismo año estrenará un programa televisivo de carácter semanal donde, además de interpretar sus nuevos temas y los viejos éxitos de siempre, hará desfilar por él a gente como David Bowie o Brian Ferry.
Todo parece encarrilarse de nuevo cuando el 16 de septiembre de 1977, el "mini" que conduce su novia se estrella y Marc Bolan pierde la vida.
A partir de ese instante, lo normal en estos casos: discos póstumos, grabaciones de conciertos pasados, discos y vídeos recopilatorios...por suerte sin llegar a los extremos de lo ocurrido con su buen amigo Jimi Hendrix, con el que seguro que se encuentra en alguna parte observando, entre otras cosas, como el punk, el heavy metal y otros tantos estilos musicales, no habrían llegado a donde están sin sus dosis de imaginación y frivolidad.
Glam rock: Marc Bolan (III)
Los renovados T Rex -se ha hecho obligatorio abreviar el nombre de la banda- pronto se configuran establemente al tiempo que los número uno se van sucediendo sin interrupción. Sus actuaciones en directo se convierten en auténticos delirios colectivos: un público en el umbral de la adolescencia aúpa a Marc Bolan a niveles de mito, al tiempo que encumbran al grupo como los verdaderos reyes del glam rock. Es el cenit, porque de pronto, en 1975, todo parecerá irse a pique para el artista. El glam va pasando de moda, empiezan los abandonos dentro del grupo, su esposa le pide el divorcio y él mismo se entrega por meses enteros al uso y abuso del alcohol y las drogas.
Por suerte, una nueva relación sentimental será su tabla de salvación: de ella nacerá, tras una cura de desintoxicación, un hijo que le dará la fuerza que necesita para volver a un estudio de grabación. Un regreso que le reporta buenos puestos en las listas y buenas críticas. Incluso algunos de sus antiguos compañeros volverán a un grupo que se había reforzado con músicos de estudio.
Glam rock: Marc Bolan (II)
Tipo prolífico y de fácil verbo, Marc Bolan concilió los mitos del rock and roll con sus particulares fantasías envueltas en un universo sonoro inconfundible. Sus primeros trabajos serán recibidos sin pena ni gloria, en 1965. Dos años más tarde y tras unirse a un grupo de flower power, una gira por Alemania teloneando a The Who, les hará obtener cierta repercusión; sobre todo cuando su canción más significativa reciba el veto de la BBC.
Ya de vuelta, y junto a un joven percusionista apasionado como él por la literatura fantástica, formará Tyrannosaurus Rex, aportando con sus primeros trabajos un increíble y mágico lirismo cargado de sugestivas dosis de dulce exotismo. En 1969 se quedará solo al frente del grupo pero no por mucho tiempo. Mickey Finn, excéntrico donde los haya, compartirá con Marc Bolan -decidido ya a empuñar una guitarra eléctrica- las horas de máximo esplendor del grupo. Coincidiendo con 1970, y con uno de sus nuevos temas en el número dos de las listas de éxito, llegará el pistoletazo de salida para el fenómeno Bolan.
Glam rock: Marc Bolan (I)
En el rock existe la máxima de que "No hay nada más destructor que el éxito porque nadie te explica que hacer cuando llegas allí". Son palabras de Marc Bolan, para muchos el verdadero rey del glam. Murió en Londres, su ciudad natal, a los treinta años. Verdadera mala suerte, justo cuando empezaba a levantar de nuevo el vuelo tras un periodo de oscuridad provocado por infinitos problemas personales. Justo también cuando, a punto de acabarse los setenta, muchos de sus discípulos dan sus primeros pasos: fanáticos suyos que sin ningún pudor erigirán su nombre como estandarte: desde Prince hasta Frankie goes to Hollywood, desde Radio Futura a Dinarama.
Sin embargo no será su muerte, pese a la mitificación inevitable que acarrea tal circunstancia en un negocio tan necrófilo como el rock, la razón primordial de su descubrimiento: aunque esta potencie su figura, es evidente que el nombre de Marc Bolan ya pertenecía mucho antes a la categoría de estrella de la música pop.
Glam rock: Alice Cooper (III)
Pero como en sus actuaciones, tanto atrevimiento tuvo su castigo. Esquizofrénico, acabó desmantelando su banda, pasó por el túnel del alcoholismo y terminó revelándose como un buen patriota conservador capaz de apoyar a Richard Nixon, jugar al golf con Bob Hope, alternar con Groucho Marx o competir en extravagancia con el mismísimo Salvador Dalí. El odiado pervertidor de jóvenes resultó ser un simple mortal que gozaba con lo mismo que la inmensa mayoría. Descubierta esta realidad, su público, aquel que le pedía escándalo, sexo y violencia, no acabará de entender tan estúpido chiste y terminará dándole la espalda prefiriendo caricaturas más burdas como Kiss.
El comienzo del lento eclipse de alguien que aún hoy sigue por el camino del rock teatral como progenitor destacado de punk. Alguien que para ofrecer lo que le pedían sus incondicionales se limitaba, según sus propias palabras, a ver la televisión.
Glam rock: Alice Cooper (II)
Alice Cooper recalará con uno de sus primeros grupos en la California de la apoteosis hippie. Dado que paz y amor es lema de rigor por aquel entonces, él optará por lo contrario y se decantará por escandalizar a los jóvenes de la flor en el pelo. En poco tiempo será la banda más odiada de Los Angeles.
Frank Zappa, verdadero conocedor de lo que es el mal gusto, les apoya y edita sus primeros discos, pero será su representante el que ponga a punto el fenómeno con la ayuda de perfectos y comprometidos músicos de estudio y un oportuno productor. Son momentos en los que Alice Cooper se especializa en trallazos de rock que glorifican por un igual un fin de curso escolar, un ardiente encuentro erótico o cualquier otra preocupación del "quinceañero" medio. Todo padre decente quedará alienado ante sus declaraciones necrófilas, sus propuestas electorales o la ternura con la que habla de la menstruación. Sin embargo, sus espectáculos llenos de premeditada locura, se destaparán como un concepto vendible que lo convierten en la primera mitad de los setenta en la gran estrella norteamericana.
Glam rock: Alice Cooper (I)
El rock, música de vocación adolescente y adicta a las sensaciones primarias, siempre tuvo una vieja querencia por el mundo del terror. En el glam rock también hubo un hueco para el esperpento, y nadie como Alice Cooper para explorar los más diversos mitos sangrientos, rebasando los límites morales y teatrales del rock.
Subía al escenario con serpientes, muñecos diabólicos y calaveras. Era la pesadilla nacional: greñudo y esquelético, grotescamente maquillado y casi siempre de negro, este cantante de Arizona que toma su nombre de una campesina quemada por brujería en el siglo XVII, ejercerá de ser depravado durante algunos años. No tenía redención y en sus actuaciones, aunque de forma teatral pero con gran realismo en escena, podía acabar electrocutado, vapuleado, guillotinado o encerrado en un manicomio. Alice Cooper representará una truculenta fábula moral sobre un rock que ponía los pelos de punta. Un viaje a los infiernos y a la catarsis colectiva.
martes, 27 de abril de 2010
Glam rock: Rod Stewart (III)
En sus discos se alternan sucios espasmos rockeros, guiños "nuevaoleros" y baladas de un poder calorífico capaces de derretir el hielo con esa voz única, algo macarra y poco educada, pero llena de fuerza y de verdad. Esa voz que Rod Stewart se machaca sin tecnicismos y con la que canta y encanta, se mueve y conmueve.
Visualmente nunca será un ejemplo de distinción. Pelos de alambre, bufandas delirantes, estampados de leopardo, ropas escandalosas, mirada desafiante...Se ganó a pulso el título de hortera exuberante. Proclive a las borracheras colectivas, políticamente conservador, apologista del confort, coleccionista de rubias y dado a los más inusitados caprichos, Rod Stewart ha llegado hasta nuestros días con ese misterio sagrado que únicamente los grandes como él conocen: dar vida a una canción sin ser héroe de nadie ni de nada. Siendo simplemente un cantante de rock capaz de fascinar a cualquiera solo con su trabajo.
Glam rock: Rod Stewart (II)
Junto a Jeff Beck superará las pruebas de aprendizaje con sobresaliente, por lo que en 1969, y contratado por Mercury Records, Rod Stewart comenzará una vitalista y fulgurante carrera como destemplada figura del rock. Paralelamente aceptará formar parte de The Faces, una alocada banda de rock grosero y bañado en cerveza que constituirá un sonado fracaso comercial. Sin embargo, con ellos nuestro protagonista, además de divertirse se entregará disciplinado al dominio del escenario mientras, como siempre ha contado, está siempre disponible para fiestas, bodas y funerales.
Para sus trabajos propios, su cerebro será mucho más exigente y, aunque empezó haciendo gala de sus profundas raíces folk, pronto derivó con pasión hacia su admirado soul y el rock, donde demostrará sobrado buen gusto a la hora de seleccionar temas ajenos, al tiempo que compone algunos impresionantes. En su discografía aparecerán baches, pero todos sus trabajos tendrán algo recomendable.
Glam rock: Rod Stewart (I)
Rod Stewart, cantante londinense, parece haber nacido para estrella del rock, pues acumula en su personalidad varias características útiles para tan envidiado menester: origen obrero, carencia de sutilezas, fervor por las lentejuelas, hambre de lujos, imagen de triunfador, bicéfala proyección sexual y una calidad natural. Su voz, personal e intransferible, es su carnet de identidad.
Siempre cuenta que desde pequeño solo se dedicaba a jugar al fútbol, pero un día escucha cantar a Sam Cooke en la vieja radio de su padre y su vida cambia radicalmente para siempre. Tras unos comienzos en los que toca la armónica como músico de acompañamiento para grupos de rhythm and blues, debutará en solitario en 1964, pero su naciente carrera, inspirada en los grandes del soul norteamericano, no estará precisamente tapizada de rosas. Hasta 1967 aprenderá el oficio con varios grupos de música negra hasta que desde la otra orilla del Atlántico, el guitarrista Jeff Beck le reclamará como solista para su recién estrenado grupo.
Glam rock: Queen (III)
Queen se apuntará por igual al funky, a la música disco, al rockabilly, a las baladas o a cualquier moda que impere en el momento. Su imagen también cambiará con el paso del tiempo: el glam se convertirá en un simple recuerdo ocultado por cazadoras de cuero negro y posturas virilmente rockeras donde abundarán las gorras de plato, las gafas oscuras, los bigotes poblados y el pelo corto.
Musicalmente, Queen hallará su fórmula mágica en lo que ellos mismos denominarán "canciones himno", piezas fácilmente identificables, de esquema sencillo y tono epopéyico que constituirán los momentos más álgidos de sus actuaciones en directo. Hasta 1991, año en que muere su líder y cantante Fredy Mercury, intercalarán con sabiduría trabajos de estudio, recopilaciones de grandes éxitos, discos en directo, colaboraciones y bandas sonoras que supondrán en su totalidad unas ventas superiores a los ochenta millones de ejemplares. Queen fue un grupo que supo dosificarse, que arrastraba multitudes y que cuando apuntaba, siempre acertaba.
Glam rock: Queen (II)
Cuatro discos más hasta 1976, y el éxito de Queen ya se ha disparado de forma internacional, gracias sobre todo a temas como la descomunal y apabullante Bohemian Rapsody -para la mayoría de la crítica la mejor canción de la historia del rock-, uno de los discos más vendidos del mundo. La confirmación de Queen como el máximo exponente de una monarquía autocrítica y ejemplo a seguir por muchas otras bandas. Inevitablemente, el éxito les sumirá en las mastodónticas estructuras del negocio del rock: escenarios inmensos, teatralidad y golpes de efecto; como esa corona de más de cinco toneladas de peso que descendía desde lo alto del escenario y ocultaba al grupo al finalizar sus actuaciones. Todo en el mundo de Queen será grandilocuencia desmesurada. Por suerte, los vapores del éxito no desembocarán en resaca eterna, y desde 1976, el grupo dará forma a gran cantidad de álbums -unos mejores y otros peores-, pero siempre haciendo gala de una extraordinaria capacidad de adaptación.
Glam rock: Queen (I)
En aquellos días en los que lo andrógino era moda y subrayar los ojos con una línea de rimmel un signo de distinción, de las manos de un avispado productor, nació Queen. Todos se encargaron de que aquel invento sonara alto y fuerte, potenciando también la baza bisexual y "glamourosa" del cuarteto. Sus componentes integraron hasta la llorada y sentida muerte a causa del sida, de Fredy Mercury, su extraordinario y universal cantante, la formación perfecta capaz de resistir a las mil maravillas, tanto los embates de modas posteriores como las sañudas críticas de la prensa musical.
Con su primer álbum en 1973, Queen constituye ya un despliegue estratégico de buen hacer musical, con un sonido que rozaba el rock duro: guitarras aceradas, salvajes y fluidas, bases rítmicas contundentes y una cobertura vocal que recordaba inevitablemente a las polifónicas corales. Y todo sin sintetizador alguno; guitarra, bajo y batería al servicio de una de las carreras más brillantes del rock.
Glam rock: Roxy Music / Brian Ferry (IV)
Incansable, aún habrá un último y deseperado intento de conquistar América con un nuevo álbum en solitario donde se rodea de músicos de sesión norteamericanos para una vez más, pasar inadvertido. Octubre de 1978 es el momento en el que Brian Ferry decide resucitar Roxy Music. La evidencia ya no le permite usar otra jugada. Paradójicamente, lo que pudiera parecer la vuelta de un derrotado se convertirá en la mejor música de su carrera: una trilogía de música inteligente y sofisticada, no tan atrevida como la de sus comienzos pero de altísima calidad, y con la que volver, a lo más alto de las listas. Hasta 1983, año en que una multitudinaria gira -con grabación de disco incluida- cerrará definitivamente la triunfal segunda etapa de Roxy Music.
Por el momento, Brian Ferry es ahora un señor mayor, respetado, feliz y aburrido a un tiempo, que en sus actuaciones sigue sonando igual que siempre: como si en el horizonte se vislumbrara un nuevo resucitar de su refinado hijo predilecto.
Glam rock: Roxy Music / Brian Ferry (III)
A pesar de su éxito en Europa, los programadores de las emisoras americanas siguen sin encontrar un hueco para la música de Roxy Music, un desengaño definitivo del sueño americano que llevará a Brian Ferry a sepultar el grupo en vida. Por su parte, su carrera en solitario parece estancarlo en un especie de Frank Sinatra moderno. Con este devenir de acontecimientos, no parecerá extraño pues que en 1975, coincidiendo con la edición de un nuevo disco y un espectacular concierto en Wembley, Ferry anuncie el canto del cisne de la banda: ya no habrá Roxy Music. Para entonces, su líder aumentará sus dosis de ambición con dos nuevos trabajos en solitario, que a pesar de su etiqueta inconfundible y elegante, no funcionarán. Para colmo su novia de entonces, la modelo Jerry Hall a quien podemos observar en la portada de uno de sus discos, le abandonará para irse con Mick Jagger. Aún intentará recuperar el pulso con la edición de un disco en directo de Roxy Music, pero sin canciones nuevas, la misión resultará vacía e inútil.
Glam rock: Roxy Music / Brian Ferry (II)
Dentro de Roxy Music, Brian Eno será el exponente del atrevimiento y la osadía del principiante: un aplicado de la electrónica pero peligroso opositor a la dictadura de Brian Ferry, quien poco después de editar su segundo álbum en 1973, le expulsa del grupo. Antes, el grupo entrará por primera vez en las listas británicas en 1972, y con un modelo de música que funcionaría a la perfección en la vieja Europa. No sucederá lo mismo en Norteamérica, donde pasarán más que desapercibidos tras su presentación como teloneros en una de las giras de Jethro Tull. En 1974 asomará el ego desbocado de Brian Ferry publicando su primer trabajo en solitario, una colección de temas pop y rock donde se pueden encontrar canciones que suenan a Bob Dylan o The Rolling Stones, y al que ese mismo año seguirá un segundo. Como colofón a tanta creatividad, Roxy Music alcanzará su primer número uno en las listas británicas, algo que sucederá a partir de entonces cada vez que se edite un nuevo trabajo. La portada de uno de estos -y en la que aparecen dos chicas en bragas y sujetador- será censurada en España y Estados Unidos.
Glam rock: Roxy Music / Brian Ferry (I)
Tal vez, el rock más artístico y elegante dentro del movimiento glam esté capitalizado por Roxy Music, que es como decir Brian Ferry, director, conductor y dictador del concepto del grupo hasta devorarlo y prolongarlo con su propio nombre. Que las personalidades de grupo y líder se hayan prolongado desde 1970 hasta nuestros días es la mejor prueba de que la fórmula era inteligente, persuasiva y seductora. Brian Ferry creó un grupo de rock innovador, apoyado en su elegante ironía romántica, y con un inicio anárquico que terminaría por aburguesarse.
Su actitud provocadora de lo primeros años ya vendrá avalada por dos estrategias de su líder: la primera de ellas la imagen, con indumentarias mucho más vanguardistas que las vistas hasta entonces en el mundo del glam rock. La segunda estrategia, una vez maquillada la imagen, será proteger su aterciopelada voz con músicos nada convencionales, siendo el más importante e inteligente, un excéntrico genial llamado Brian Eno.
Glam rock: Elton John (III)
Pasión musical y escénica donde se desbordará su vestuario, sus gafas de sol -de las que es un enfermizo coleccionista-, y zapatos de plataforma. Serán muchas las canciones de Elton John que, al margen de vender millones de copias hasta convertirlo en el artista más rentable de la década de los setenta, podemos calificar de maravillosas, pero su primer número uno no llegará hasta 1976 con un dúo con la cantante Kiki Dee, protegida de su propio sello discográfico. Para entonces sus trabajos habrán perdido su encanto. Tras separarse de su amigo e imprescindible compositor, numerosos proyectos darán fe de la carencia de rumbo: zarpazos ciegos de un desposeído jugando a retirarse. Y esa será su oferta a partir de los ochenta, resignado a su música y al papel de estrella mítica en decadencia, aunque capaz de sorprendernos con productos de envergadura como su "oscarizada" banda sonora para The Lion King, esa gran película de animación de la factoría Disney. Todo desde la consciencia de que su futuro será actuar junto a otros cincuentones en las fiestas de cumpleaños o despedida de algún miembro de la familia real británica.
Glam rock: Elton John (II)
Hasta los primeros setenta, Elton John no será más que un buen compositor de apariencia gris, confortablemente operativo en el seno del pop romántico, además de teclista en un grupo local. Al mismo tiempo también colaborará con Bernie Taupin, poeta antes que simple letrista, haciendo canciones por encargo. A partir de 1970, juntos formarán la pareja de compositores más importante en el ámbito comercial después de John Lennon y Paul McCartney.
En aquellos días, Elton John despegará con lo que será su segundo álbum, un trabajo que el Reino Unido, patria del cantante, recibe con recelo; los norteamericanos, sin embargo, lo acogerán rápidamente en sus listas de éxito. Tremendamente prolífico, sus siguientes cinco discos en solo tres años, representarán su cumbre lírica y su consagración gracias a un pop de lo más tradicional: bonitas melodías ejecutadas por un pianista de voz agradable que a veces soltará las amarras de su pasión por el rock.
Glam rock: Elton John (I)
Calvito, gordito, bajito...A Elton John le sientan bien los diminutivos. Lo hacen entrañable y, por que realmente lo es, lo definen mejor. Mirando cualquier fotografía suya se hace difícil apostar por él como triunfador, sobre todo en una disciplina de las características que inundan el mundo del espectáculo, mundo donde se exige que la belleza venda tanto o más como el propio contenido artístico. Pero Elton John fue listo. Suplió sus limitaciones físicas basándose en imaginación y buen humor, convirtiéndose en una especie de payaso entrañable capaz de encandilar a todo tipo de audiencias; el contrapunto perfecto para su personalidad y talento de envergadura.
En cierto modo, si esta era su estrategia, tuvo la suerte de querer hacerse famoso en la época del glam rock, ya que adaptar su idiosincrasia estridente y a veces vulgar a las tendencias de tan colorista movimiento, no le costaría demasiado esfuerzo dado además, que posee talento para ello.
lunes, 26 de abril de 2010
Glam rock: David Bowie (X)
Let's dance se convirtió en su resurgir comercial y en la aparición de una nueva personalidad; la del showman apto para todos los públicos. Gran parte de todo ello se lo deberá a la elección como productor de Nile Rodgers, una verdadera máquina de fabricar éxitos de baile -y archiconocidos riff de guitarra- desde sus tiempos con el grupo Chic. Muchos de sus temas serán éxitos rotundos dentro de un álbum que quizá no esté a la altura de lo más significativo de David Bowie, pero que sin duda tiene la virtud de convertirle en mito para aquella generación -demasiado joven en los setenta- que gracias a este disco descubrirá a un músico que de haberse ceñido a lo que muchos esperaban de él, tal vez se hubiese convertido en poco más que una imitación de sí mismo. Y a partir de aquí, el peligroso y vertiginoso descenso con trabajos menores en los que abusará de la aparición de estrellas invitadas, algo que reducirá su personalidad. Tal vez la estrella esté en declive, pero de tan glorioso embaucador aún puede esperarse todo, incluso un nuevo y sorprendente cambio.
Glam rock: David Bowie (IX)
David Bowie, malabarista de la fascinación aplicada a la imagen, no dará la medida exacta a la hora de prescindir de sus piel de actor cotidiano y tener que hacerse cargo en la ficción de unos personajes a los que sus camaleónicos tics de conducta no hacen nada creíbles. Aún así, películas como Dentro del laberinto o Absolute begginers, se beneficiarán, no solo de su presencia, sino también de canciones compuestas por Bowie para tan especial ocasión.
Al margen del cine parecerá atreverse con todo: desde formar un dúo con el ya casi anciano Bing Crosby para interpretar un tema navideño -que no es otro que la versión inglesa del tamborilero de Raphael-, a asociarse Queen para la grabación de un tema conjunto con el que conseguirán cierta aceptación. Por suerte y tras diez años en RCA, en 1983 su primer trabajo para EMI Records, Let's Dance, lo consolidará como estrella pop y referente momentáneo de las pistas de baile, con lo que queda confirmado que sus dotes de camaleón no parecen disminuir con el paso del tiempo
Glam rock: David Bowie (VIII)
Más estrella que nunca, David Bowie eliminará los elementos perturbadores y sin dejar de crear modas y modos, se acomodará en su autocomplacencia intentando abarcar lo que todavía no tiene controlado. Se masifica, se dispara, se desdobla y escenifica como nadie el papel de hombre estrella para todos los públicos. Es el momento de tomarse en serio sus escarceos con la interpretación teatral. Motivado por la revolución del videoclip, tanteará el terreno para acabar dando el paso definitivo, el que también ha de llevarle a la pantalla del cine.
Pronto, su devorador ego descubrirá su medianía interpretativa. La estrella absoluta no cuajará como bestia cinematográfica. Incluso su supuesto talento dramático quedará sin justificar a excepción de su experiencia teatral en 1981 encarnando a John Merrick, más conocido con el sobrenombre de "El hombre elefante". En sus incursiones en la gran pantalla no destacarán ni la brillantez artística, ni el magnetismo succionador que le adjudica su rutilante imagen.
Glam rock: David Bowie (VII)
David Bowie regresará a Europa en 1976 fascinado por la música electrónica con la que experimenta gente como Brian Eno. Bowie está dispuesto a asumir su papel de profeta de este nuevo sonido con una trilogía de nuevos trabajos, tres relatos despiadados del final de una década experimental y pesimista, de estética austera, expresionismo distorsionado y crispación controlada. El tema Heroes con la cortante guitarra del ex guitarrista de King Crimson, Robert Fripp, se convierte en el himno definitorio de toda una generación fermentada en un peligroso caldo de cultivo. Son tiempos en los que el mundo está siendo sacudido por la marejada punk, momento en que David Bowie se refugiará en las sombras de Berlín para recibir la nueva década. Nueva década y nuevo Bowie. 1980 ensamblará la colección de canciones que componen Scary monsters, para muchos su obra maestra. Una serie de nuevas canciones donde se condensa lo mejor del artista. El carpetazo a más de diez años de constantes inquietudes con los que afrontar con optimismo los nuevos tiempos.
Glam rock: David Bowie (VI)
Y cuando lo más fácil hubiese sido continuar por esa línea, David Bowie disuelve el grupo y prepara su próximo trabajo, donde inicia la aproximación a la sensibilidad musical norteamericana con el fin de traspasar fronteras definitivamente. Y de nuevo establecerá otra de sus salvajes mutaciones: mitad hombre, mitad perro en la portada de Diamond dogs, lanzará extrañas proclamas sobre la aniquilación del mundo en unas canciones que parecen presagiar su acercamiento al soul. El acercamiento definitivo a la música negra está cerca: en 1975, y tras haber grabado su primer disco en directo, un nuevo álbum significará un eslabón más en esa paulatina aproximación y uno de sus trabajos capitales: un perfecto diseño de ritmos ejecutados por músicos de sesión negros en la mismísima Philadelphia y que contará además con el adorno suplementario de la colaboración, en dos de sus canciones, de su amigo John Lennon. David Bowie disfrutará del éxito y de los excesos de su nueva vida en Los Angeles.
Glam rock: David Bowie (V)
David Bowie diseña su propio vestuario, combina maquillaje extremo con peluquería desaforada y ciencia ficción de cartón piedra. Se exhibe impúdicamente hortera desde unos zapatos de plataforma y se envuelve en ropas procaces, colores desquiciantes, lentejuelas y mallas transparentes. Una estética de la provocación y un romance con el mal gusto que controla a su antojo desde la cuerda floja de su audaz transformismo. Justo entoces grabará Ziggy Stardust, una de las piedras angulares del rock y apabullante parábola sobre la idolatría y las estrellas: potente sonido de guitarra en lo que es su nueva banda, clave en la definición de David Bowie como fulgurante estrella del rock más punzante. Ha llegado la época de su ascensión al trono como animal asexuado y futurista, reflejo de un fecundo estado de creatividad cuyo sonido adquiere en esos momentos una vigorosa textura que nos mostrará las aristas del David Bowie más rockero.
Glam rock: David Bowie (IV)
En 1969 David Bowie se casa con su novia Angela, para la que The Rolling Stones escribirán años más tarde Angie. Es también el año de su primer impacto discográfico, Space oddity, tema que abre su primer álbum oficial: un trabajo en el que ya se presiente la búsqueda de un sonido propio lleno de bases acústicas y narraciones de largo desarrollo.
Pero no será hasta su tercer disco, año 1971, cuando David Bowie consiga ejecutar con maestría su astuto ideario de premeditada ambigüedad sexual: peinados y vestidos femeninos en la mejor tradición del glamour de Hollywood. Convertir la farsa en genialidad comienza a ser su meta, afianzándose cada vez más en su papel de maestro de ceremonias, y en inexplorable comunión entre música e imagen. Son los tiempos del glam rock, la etapa más identificativa de toda la trayectoria de David Bowie y la que por extensión mejor lo define a la hora de explicar sus camaleónicos cambios posteriores.
Glam rock: David Bowie (III)
En 1963, y como reacción al pop imperante, David Bowie probará fortuna con la formación de diferentes grupos cuya línea se acercará al rhythm and blues: en sus inicios ya se constatará la importancia que tienen los más diversos aspectos visuales en el conjunto de su percepción musical. Hasta 1967 solo logrará editar unos pocos discos "single" mientras su ego empieza a rebelarse. Es en ese momento cuando decide trabajar en solitario y elige su apellido artístico, nombre que extrae de la marca de un cuchillo de caza. Son tiempos en los que con su amigo Marc Bolan -considerado por muchos el rey del glam- se va introduciendo en los ambientes artísticos de Londres y termina integrándose en la efervescencia hippie del momento. Se interesa por el teatro, en especial por la mímica y entra a formar parte de la compañía de Lindsay Kemp, con quien permanecerá durante un año y medio. El rompedor sentido del espectáculo y la interpretación de tan prestigios autor teatral influirá enormemente en las posteriores puestas en escena de David Bowie.
Glam rock: David Bowie (II)
Doble mérito para un artista que sabe imprimir a cada momento su fuerte huella creativa, un tipo que se curte sacando provecho de los momentos adversos. Ya en su infancia, y a consecuencia de un fuerte golpe en el transcurso de una pelea escolar, casi perderá el ojo izquierdo: lo salvará a costa de sacrificar gran parte de su visión, pero a partir de ese momento su pupila inmóvil lo marsa de por vida. La diferencia como orgulloso signo de distinción será el primer detalle de su afirmación personal.
David Robert Jones nace en Londres en 1947 en el seno de una familia pequeño burguesa asentada en un barrio obrero. Desde muy temprana edad y por imposición paterna, comenzará a tocar el saxofón y a interesarse por el jazz y la filosofía budista. Influenciado por su hermano mayor pronto abandonará la escuela para iniciar trabajos de dibujante publicitario. Son tiempos en que su acercamiento a la música se realiza desde una perspectiva meramente estética.
Glam rock: David Bowie (I)
Nadie como David Bowie para plasmar de manera tan clara y rotunda los caprichosos vaivenes del rock como manifestación artística destinada al consumo popular. Porque Bowie, mutante e imprevisible, siempre ha jugado con un poder visionario que le ha permitido ir mucho más allá que al resto de sus contemporáneos. Y todo usando una amplísima gama de músicos y productores, remodelando episodios de la historia del rock a medida que esta avanza, anticipándose a corrientes y modas, jugando con ellas y utilizándolas siempre de forma ventajosa para su propio lucimiento. Y lo más importante: siendo siempre él mismo.
Toda una estrella que ha sabido enmascarar con brillantez sus particulares apropiaciones para, reconvertidas por su hábil carácter y su desbordante personalidad, lograr conectar con las inquietudes de su tiempo gracias a un asombroso poder de intuición; aunque no todas su hazañas le pertenecen, el talento de David Bowie así lo hace creer.
Glam rock: rock and roll con pintalabios
Con el glam rock, los pantalones superajustados, la abundante bisutería, las botas de plataforma y los maquillajes pasan a ser parte del bagaje de muchas estrellas establecidas, The Rolling Stones incluidos. Para algunos, el glam es una atrocidad que retrasa el glorioso avance del rock hacia cumbres artísticas inalcanzables. Otros, como John Lennon que lo califica simplemente como rock and roll con pintalabios, serán más tolerantes. Sobre todo porque el glam rock será sin más un atrevido movimiento que reclutará nuevos oyentes para el rock y un punto de partida para memorables carreras artísticas. No es ni mucho menos, tal y como algunos sostienen, una reivindicación de la conducta homosexual, y más si añadimos que su travestismo no pasa de ser una mera táctica de choque con la que vender discos que ayuden a pagar las facturas. Algo bien cierto también que demuestra la cualidad de simple pose comercial, es que hasta 1977 y con el movimiento viviendo la cuesta abajo, no aparecerá la confesión del primer cantante claramente alineado con los movimientos de liberación gay.
Glam rock: tierno tabú
Pocos serán los grupos y solistas que se atrevan en aquel momento a violar el tabú. En 1970, The Kinks habían colocado en lo alto de las listas Lola, una jocosa historia de un inocente seducido por un travestido en el barrio chino londinense: algo nada escandaloso si lo comparamos con el aluvión de exuberantes animales de gran colorido que invadirán el top británico en la primera mitad de los años setenta. Serán grupos que para contentar a un público tierno que nada entiende de los laberintos del rock sinfónico de la época, exhibirán brillantes atuendos mientras martillean ritmos de batalla para canciones chillonas. Una irrupción de color, de fantasía y de provocación que conseguirá arrastrar a las masas juveniles.
Es el glam rock, término que engloba a todo artista de vestimentas resplandecientes durante el periodo 1971-1976 y cuya mayor parte estará orientada a las ventas masivas de discos sin más, como Sweet, Slade o Gary Glitter. Por suerte, otros sobrevivirán al nuevo género con una visión propia del momento como Marc Bolan, Elton John, David Bowie, Queen o Brian Ferry.
Glam rock: reputación pecaminosa
Tras su repentino e inesperado éxito entre la comunidad gay, uno de los nuevos seguidores de Ian Whitcomb se atreverá a enviarle una composición propia, una pieza cargada de frivolidad donde el protagonista de la historia le pregunta a su amiga si puede prestarle a su novio por una noche. El cantante no dudará en enviar la grabación a su compañía discográfica, quien al día siguiente y de mano de su máximo responsable, le contestará mediante un antológico telegrama: "Querido Ian, llevo veinticinco años en este negocio. He trabajado con el mismísimo Frank Sinatra. Por favor, no -repito- no intentes registrar canciones de naturaleza homosexual. Buena suerte y mantente tan comercial como hasta ahora".
Estaba claro que aquel ejecutivo no deseaba destapar algo que merecía seguir estando escondido: esa pegajosa reputación de antro homosexual que tenía el rock and roll en general y la música juvenil en particular, con pecaminosas actividades de puertas adentro y cantidad de rumores de desaprensivos y algodonosos representantes con tiernos protegidos.
Glam rock: la fauna llamativa del rock
En España fue conocido como gay rock por sus connotaciones homosexuales, mientras que en otros países se usaría mayoritariamente el término glam rock para calificar a esa llamativa fauna que a principio de los setenta invadió los escenarios con todo tipo de maquillaje y lentejuelas con las que vender fantasía y extravagancia a un público ávido de audacias. Del mismo tronco de tan atrevida puesta en escena, aparecerán verdaderos caballeros elegantes y distinguidos de nuevo cuño como Brian Ferry en el lado británico, o perfectas bandas sonoras de los mitos del terror como el esperpéntico Alice Cooper por el lado norteamericano.
Pero empecemos por el principio. Estamos en 1965 y un solista británico de segunda fila llamado Ian Whitcomb conquista las listas americanas con un anodino tema pop, descubriendo al mismo tiempo que debido a su aguda voz, el disco se convierte en una especie de himno de la clandestina comunidad gay norteamericana. La caja de los truenos está a punto de destaparse.
domingo, 25 de abril de 2010
Jazz Rock: los hijos necesarios / otros representantes
Un último desglose de intérpretes de jazz rock abrazaría a aquellos hombres del jazz que asentados en su cátedra y tentados por llenar sus cuentas corrientes, el neón de los grandes escenarios, la promoción radiofónica y el reconocimiento de las listas de éxito, dieron sus correspondientes pasos en falso como Freddie Hubbard. A los descaradamente enganchados al carro del pop como George Benson o Grover Washington Jr, del latin jazz como Gato Barbieri o de las más imprevisibles aventuras como Chuck Mangione.
Un cajón de sastre más contemporáneo será el denominado, sin ánimo despectivo alguno, sonido light: música descafeinada, algodonosa, pulcra, roma y ambiental como la de Shakatak, a la que añadiremos un empalagoso derivado llamado jazz pop, sonido ideal para cantantes como Gino Vanelli, Michael Franks, Patti Austin o la enigmática y bellísima Sade.
Jazz Rock: los hijos necesarios / Miles Davis (III)
De su nuevo estilo irresistible e irreversible, Miles Davis sacará aceptables rendimientos, sobre todo con grabaciones en directo que constituyen un testimonio parcial de las numerosas apariciones del músico en conciertos multitudinarios donde ya recibe el mismo trato que las estrellas del rock. Tras el éxito total abrirá un largo paréntesis de silencio por problemas de salud que se complicarán debido a un accidente de automóvil para a finales de los setenta regresar con una música más sencilla y una apariencia más abigarrada, como si quisiera a su más de cincuenta años competir en imagen con los guapos de su raza. Sus partidarios celebrarán discos llenos de inteligencia y modernidad, una onda por la que Miles Davis seguirá deslizándose mientras se hace fotos preciosas, pinta dibujos llenos de color para las portadas de sus discos, toca canciones de artistas del pop como Michael Jackson o Cindy Lauper y sigue siendo un individualista para el que no hay estilos ni músicas, solo individuos a los que ofrecer su talento.
Jazz Rock: los hijos necesarios / Miles Davis (II)
La experiencia acumulada por Miles Davis en aquellos años de la década de los cuarenta establecerá las bases de nuevos estilos dentro del jazz y que pueden disfrutarse dentro del sello Capitol. En ellas se dejará acompañar por grandes músicos, blancos y negros, con lo que configurará multitud de formaciones poco habituales. Durante las dos décadas siguientes formará dos quintetos históricos con los que grabará lo que podemos catalogar como su repertorio más indispensable. En 1969 cambiará Miles Davis y cambiará su público. Ese año, los directivos de su nueva compañía, CBS, deciden lavarle la cara a la discográfica y modernizarla. Mientras otros músicos de jazz se estrellan en su empeño de ajustarse a las nuevas demandas, Davis dará una vez más en el clavo con un disco donde presenta una especie de rock suave. Su siguiente trabajo se convertirá en el mayor éxito de ventas del que disfrute el jazz, amén de consagrarse como un clásico de obligada escucha.
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