David Bowie, malabarista de la fascinación aplicada a la imagen, no dará la medida exacta a la hora de prescindir de sus piel de actor cotidiano y tener que hacerse cargo en la ficción de unos personajes a los que sus camaleónicos tics de conducta no hacen nada creíbles. Aún así, películas como Dentro del laberinto o Absolute begginers, se beneficiarán, no solo de su presencia, sino también de canciones compuestas por Bowie para tan especial ocasión.
Al margen del cine parecerá atreverse con todo: desde formar un dúo con el ya casi anciano Bing Crosby para interpretar un tema navideño -que no es otro que la versión inglesa del tamborilero de Raphael-, a asociarse Queen para la grabación de un tema conjunto con el que conseguirán cierta aceptación. Por suerte y tras diez años en RCA, en 1983 su primer trabajo para EMI Records, Let's Dance, lo consolidará como estrella pop y referente momentáneo de las pistas de baile, con lo que queda confirmado que sus dotes de camaleón no parecen disminuir con el paso del tiempo
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