Rod Stewart, cantante londinense, parece haber nacido para estrella del rock, pues acumula en su personalidad varias características útiles para tan envidiado menester: origen obrero, carencia de sutilezas, fervor por las lentejuelas, hambre de lujos, imagen de triunfador, bicéfala proyección sexual y una calidad natural. Su voz, personal e intransferible, es su carnet de identidad.
Siempre cuenta que desde pequeño solo se dedicaba a jugar al fútbol, pero un día escucha cantar a Sam Cooke en la vieja radio de su padre y su vida cambia radicalmente para siempre. Tras unos comienzos en los que toca la armónica como músico de acompañamiento para grupos de rhythm and blues, debutará en solitario en 1964, pero su naciente carrera, inspirada en los grandes del soul norteamericano, no estará precisamente tapizada de rosas. Hasta 1967 aprenderá el oficio con varios grupos de música negra hasta que desde la otra orilla del Atlántico, el guitarrista Jeff Beck le reclamará como solista para su recién estrenado grupo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario