miércoles, 28 de abril de 2010

Glam rock: Alice Cooper (I)

El rock, música de vocación adolescente y adicta a las sensaciones primarias, siempre tuvo una vieja querencia por el mundo del terror. En el glam rock también hubo un hueco para el esperpento, y nadie como Alice Cooper para explorar los más diversos mitos sangrientos, rebasando los límites morales y teatrales del rock.
Subía al escenario con serpientes, muñecos diabólicos y calaveras. Era la pesadilla nacional: greñudo y esquelético, grotescamente maquillado y casi siempre de negro, este cantante de Arizona que toma su nombre de una campesina quemada por brujería en el siglo XVII, ejercerá de ser depravado durante algunos años. No tenía redención y en sus actuaciones, aunque de forma teatral pero con gran realismo en escena, podía acabar electrocutado, vapuleado, guillotinado o encerrado en un manicomio. Alice Cooper representará una truculenta fábula moral sobre un rock que ponía los pelos de punta. Un viaje a los infiernos y a la catarsis colectiva.


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