jueves, 29 de abril de 2010

Heavy metal: la enormidad de los decibelios

Eric Clapton representa al rey de la guitarra con libertad para atormentar sus cuerdas, deformar su sonido y esculpirlo en enormes columnas. Jeff Beck, esa música borrascosa cuyo volumen colocará siempre las agujas del amplificador en zona roja, y, finalmente Jimmy Page, al moldeador de bloques sonoros a base de enfrentamientos entre su guitarra y la voz estratosférica de Robert Plant, ambos bajo los auspicios de su banda, Led Zeppelin.
Tres serán también las piedras angulares del asalto del heavy metal al panorama del rock: los mencionados Led Zeppelin abrirá el mercado; Deep Purple plasmará su descomunal y febril espectacularidad, y Black Sabbath predicará sus consignas perfectamente encajables en la turbulencia de los primeros setenta. Así, este producto tardío de la violación del blues por parte de músicos blancos y al que también llamaron hard rock, se aprovechará de las nuevas tecnologías para adueñarse de auditorios y festivales campestres.




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