miércoles, 21 de abril de 2010

Rock Progresivo: Pink Floyd (II)

Cuando la marea psicodélica californiana invadió el Reino Unido en 1966, encontró en los jóvenes universitarios -los componentes de Pink Floyd lo eran- a su público más receptivo. Bastaron unas cuantas pinceladas de color local para etiquetar tal trasvase como psicodelia británica, un estilo propio que no claudicará ante la irrupción por aquellos tiempos, del blues rock y su carga de voraces solos de guitarra. Aquella primera psicodelia por la que navega el grupo prefirió seguir buscando su sitio al abrigo de una línea interpretativa más personal, hasta que un día se topó de narices con el rock sinfónico. Y así será como estos nuevos instrumentistas que conforman Pink Floyd, más bien torpes en sus orígenes, no solo encajan en un estilo dominado por el virtuosismo, sino que incluso llegan a ser, tal vez, los más destacados. Mientras otros como Génesis, Yes o Emerson, Lake and Palmer trabajarán en un marco de arreglos barrocos y melodías sublimes, Pink Floyd preferirá quedarse en un eslabón más modesto: avanzar en la parte técnica del sonido con ruidos, efectos y caudales de sabia y medida imaginación.


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