Ray Charles tuvo una infancia muy desgraciada que para nada vaticinaba la gran estrella de éxito que ha llegado a ser: su hermano menor murió ahogado y él quedó ciego a los seis años y huérfano a los quince. Sin embargo, desde muy joven se dedicará a la música sin que su ceguera represente barrera alguna, imitando primero a simpáticos músicos como Nat King Cole, para terminar probando con un nuevo estilo que oscilaba entre el gospel y el rhythm and blues a principios de los cincuenta. Y no parece que las cosas le vayan del todo mal, pues pronto firmará su primer contrato con la por aquel entonces aún era una compañía minoritaria, Atlantic Records. Sus primeros éxitos ya le otorgarán un sobrenombre de prestigio, el genio, y un cetro honorífico entre los que le descubren entusiasmados, el rey del soul. Cada una de sus nuevas grabaciones no harán sino confirmar la durabilidad de tal reinado al tiempo que Ray Charles diversifica, y sin que se le pueda reprochar nada, su campo de acción a terrenos tan diferentes como el country, del que ha sido una de sus estrellas durante más de veinte años, el pop, el jazz o incluso la ópera.
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