Una destacada parte del nuevo éxito de Peter Gabriel habrá que adjudicársela a las nuevas tareas de producción de Robert Fripp -una vez abandona King Crimson- y al descubrimiento de las posibilidades armónicas del sintetizador, gracias al cual sus interpretaciones gozan de un fondo sonoro altamente tecnificado, y en el que los ritmos, entre tribales y futuristas, son los que mandan. Y en esta atmósfera, Peter Gabriel dejará fluir sus sentimientos más ocultos y sus opiniones más radicales: la desintegración de la sociedad será su campo temático. Todo con simplicidad embriagadora y hermosas baladas de piano y guitarra.
Con la colaboración de reputadísimos músicos de estudio en sucesivas grabaciones y conciertos -su ex compañero Phil Collins incluido- su música seguirá arriesgándose con la introducción de sonidos étnicos y elementos indígenas, que lejos de convertirle en un vulgar imitador, terminarán por fortalecer su presencia en los escenarios del pop rock progresivo.
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