Miles Davis, referencia inevitable del mejor jazz de todos los tiempos, será otro de esos mitos que desde finales de los sesenta dejarán su marca en la historia del rock en general y en el jazz rock en particular. A tan distinguido artista le ha acompañado siempre una aureola de amenaza y misterio, al tiempo que en su persona se funde la leyenda personal y la voluntad de no aceptar ningún tipo de limitaciones.
Nacido en 1926, decidió muy pronto ser músico y para ello eligió la trompeta. A los 19 años fue descubierto nada menos que por el gran músico de jazz Charlie Parker, quien no se lo piensa dos veces a la hora de reclutarlo como un músico más de los que utiliza para la grabación de sus discos. Sin embargo, será tal el talento demostrado por el joven Miles Davis, que de músico de estudio pronto pasará a formar parte del Charlie Parker Quintet, por aquel entonces el grupo más importante del catálogo jazz. Con ellos se acostumbrará a los nuevos lenguajes de la música negra y, por desgracia, también a los narcóticos. Por suerte, cuando se da cuenta de que estos le sientan mal, deja de tomarlos sin el menor esfuerzo.
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