Para el mundo de la música vocal y del soul suave, Dionne Warwick es toda una leyenda. Nadie lo ha cantado con más clase y estilo que ella. Además tendrá la suerte de encontrarse con dos compositores que perecen escribir a la medida exacta de sus facultades vocales: Burt Bacharach y Hal David. Como buena intérprete soul, sus inicios también se encuentran en el gospel hasta que a finales de los cincuenta conocerá a sus compositores fetiche, con los que a partir de entonces y hasta 1970 triunfará de forma indiscutible gracias al encanto de su voz. Numerosas de sus canciones también triunfarán en la voz de Petula Clark, Cilla Black, o la mismísima Aretha Franklin, quien nos ofrecerá una versión más soul de su I say a little prayer. Treinta y cuatro álbums editados la convirtieron en el lado más sofisticado del soul.
Igual éxito y devoción pero menos respeto por parte de la discográficas que la explotaron -jamás obtuvo beneficio alguno por la triunfal reedición de su My baby just care for me en el conocido anuncio de Chanel nº5-, figura en el haber de Nina Simone, intérprete atormentada que a pesar de su voz rota y grave, será capaz de encandilar a legiones de fans a ambos lados del Atlántico cantando con sobriedad y sentada al piano, infinidad de temas propios y ajenos, convirtiendo estos últimos en interpretaciones totalmente nuevas, inéditas y cargados de esa fuerza espiritual y emotiva del soul primitivo. Nadie como ella para encoger el corazón de aquel que le escucha.
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