Estamos en 1968. Vietnam alcanza ya su apoteosis sangrienta. Las flores y el ácido dejan paso a las barricadas de París o de Praga. En lo musical el ambiente está igualmente enrarecido: The Beatles han abierto innumerables puertas tras su Sargent Pepper's, California no acaba de cuajar en la industria discográfica y Cream, dejando vacante el trono del más contundente blues rock, ha dejado de existir.
En esos mismos días The Yardbirds, capitaneados en su última etapa por Jimmy Page -antes habían servido de trampolín para Eric Clapton y Jeff Beck- dan su último concierto. El tal Jimmy es un tipo raro, devoto de la brujería y los saberes esotéricos, al tiempo que reputadísimo y precoz músico de sesión. Recién entrado el verano de 1969 conocerá a Robert Plant, solista en grupos desconocidos y fanático del blues. Es un chico con imagen y, sobretodo, aulla de un modo devastador, algo que Jimmy Page va buscando para su nuevo proyecto. Junto a John Bonham, corpulento y sumo bebedor, aporreando la batería y el bajista John Paul Jones bautizarán a la nueva banda como Led Zeppelin.
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