Y de pronto, la sorpresa que ha de encumbrarlos a la mayor de las cimas posibles aunando a críticos y oyentes nos traslada a 1973, donde todos los trucos aprendidos en los últimos seis años son vomitados con la ayuda de un nuevo productor -un desconocido por entonces Alan Parsons que ya había ayudado a The Beatles en su Abbey Road- en doce canciones de pop de altísimo nivel comercial, suave, sensible, conmovedor y con el justo aliñado de rock. La publicación de Dark side of the moon significará la aparición de uno de los discos más vendidos de todos los tiempos, donde sonidos del latido de un corazón, de helicópteros, de un despertador insolente, de cajas registradoras, de gruñidos inmaculados de una voz de color femenina o de un lunático, lo mantendrán más de trescientas semanas ininterrumpidas -casi seis años- en las listas de éxito de todas las revistas especializadas de aquella década. La apoteosis es tal que, aunque nunca se habían planteado así sus trabajos, no dudan en sacar en formato single algunos de los cortes del álbum.
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