En aquellos días en los que lo andrógino era moda y subrayar los ojos con una línea de rimmel un signo de distinción, de las manos de un avispado productor, nació Queen. Todos se encargaron de que aquel invento sonara alto y fuerte, potenciando también la baza bisexual y "glamourosa" del cuarteto. Sus componentes integraron hasta la llorada y sentida muerte a causa del sida, de Fredy Mercury, su extraordinario y universal cantante, la formación perfecta capaz de resistir a las mil maravillas, tanto los embates de modas posteriores como las sañudas críticas de la prensa musical.
Con su primer álbum en 1973, Queen constituye ya un despliegue estratégico de buen hacer musical, con un sonido que rozaba el rock duro: guitarras aceradas, salvajes y fluidas, bases rítmicas contundentes y una cobertura vocal que recordaba inevitablemente a las polifónicas corales. Y todo sin sintetizador alguno; guitarra, bajo y batería al servicio de una de las carreras más brillantes del rock.
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