Pero la arrogancia de su líder no impide descubrir que se trata de alguien inteligente, cosa poco habitual en su ambiente. Prototipo del macho rockero, exhibicionista y provocador, él es el primero en reírse de si mismo. No es un cínico, y la irrefutable convicción con la que interpreta su papel de divo en vídeos, actuaciones y entrevistas así lo demuestran. David Le Roth es todo un personaje, lo mismo que Van Halen es un buen grupo prácticamente perfecto: gran imagen, todo colorido y dinamismo, dominio técnico, facilidad para resultar espectaculares de forma abrumadora y una negrísima reputación que en el mundo del rock no debe de ser desdeñada. Los rumores sobre las bacanales con las que celebra sus éxitos corren de boca en boca, y la leyenda sigue hablando tanto de un David Le Roth perseguido por cientos de madres solteras que le imputan la paternidad de sus hijos, como de su estancia -y no de visita precisamente- en un rancho para adolescentes problemáticos y en tratamiento psiquiátrico. No es de extrañar por tanto que sus discos sean consecuentes con todo tipo de habladuría.
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