miércoles, 21 de abril de 2010

Rock Progresivo: Pink Floyd (III)

Sorprender, asombrar, apabullar al oyente, hacerle creer lo minúsculo de su ser frente a tanta grandiosidad entrando por su oídos. Pink Floyd siempre apostó por ofrecer un producto único, sin comparaciones posibles al de otros grupos. Ya en 1966, cuando apenas llevan seis meses juntos, potenciaban la parte visual de sus conciertos con diapositivas y películas de grabación casera proyectadas sobre ellos mismos, y siempre en función de crear un efecto complementario al de su música a base de colores vivos y sensaciones de líquidos en movimiento: psicodelia de pureza casi total. Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason, tres universitarios envueltos en la espiral contracultural, probarán muchas combinaciones antes de introducir en la banda a Syd Barret, un compañero de instituto que había ido a Londres a estudiar pintura y acabó tocando la guitarra. El será el verdadero motor en esta primera etapa de la banda: compone gran parte de los temas, diseña las portadas, toma casi todas las decisiones y bastante LSD.


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