Más estrella que nunca, David Bowie eliminará los elementos perturbadores y sin dejar de crear modas y modos, se acomodará en su autocomplacencia intentando abarcar lo que todavía no tiene controlado. Se masifica, se dispara, se desdobla y escenifica como nadie el papel de hombre estrella para todos los públicos. Es el momento de tomarse en serio sus escarceos con la interpretación teatral. Motivado por la revolución del videoclip, tanteará el terreno para acabar dando el paso definitivo, el que también ha de llevarle a la pantalla del cine.
Pronto, su devorador ego descubrirá su medianía interpretativa. La estrella absoluta no cuajará como bestia cinematográfica. Incluso su supuesto talento dramático quedará sin justificar a excepción de su experiencia teatral en 1981 encarnando a John Merrick, más conocido con el sobrenombre de "El hombre elefante". En sus incursiones en la gran pantalla no destacarán ni la brillantez artística, ni el magnetismo succionador que le adjudica su rutilante imagen.
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