Son muchos los que creen que gran peso de la leyenda que encierra el heavy metal recae en Deep Purple, poseedores por derecho propio de plaza en propiedad en tan singular paraíso. Lugar y leyenda conseguidos gracias a unos cuantos temas célebres, por un trío de músicos británicos de gran carisma y una abultada historia de descendencias musicales más o menos bastardas. Nacidos en 1968, sus inicios nos mostrarán evidentes síntomas de no saber que tipo de música interpretar: Ritchie Blackmore, guitarrista intenso y hasta entonces de estudio, y John Lord, teclista con estudios musicales clásicos, liderarán a la banda en su asalto al rock con afortunadas versiones que pasarán inadvertidas en el Reino Unido. Sin embargo, la primera de ellas llegará al número cuatro de las listas americanas en verano de ese mismo año. Voces melodiosas y juegos pantanosos de órgano que se incluirán en un primer álbum -atractivo crisol de psicodelia, blues rock y ramalazos de rock progresivo- con el que consiguen una mezcla de sonidos que desenvolverán con soltura hasta principio de los setenta.
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