jueves, 29 de abril de 2010

Heavy metal: exhibición de poder

Desde sus inicios el heavy metal se enfrentará al mundo que le observa con escepticismo, prometerá aplastar la apatía del momento y recargará las baterías de jóvenes con ansia de identidad comunitaria. Su música es la suma de un bajo atronador, una batería machacona, una guitarra solista desaforada y una voz que intenta abrirse paso a chillidos entre instrumentos amplificados más allá del límite del dolor. No conoce el significado de la palabra sutileza -aunque bien es cierto que se defenderá como pocos en los temas lentos- y preferirá el impacto inmediato con ojos y oídos asaltados por la enormidad de los decibelios y los imponentes despliegues de luz. El heavy metal es una fe basada en la resistencia, pero sin ánimos de revolución, que adquiere pleno sentido en los rituales de sus espectáculos en directo, lugar donde se alcanza una íntima compenetración entre oficiantes y espectadores: los músicos son saludados con puños cerrados en alto, símbolos de victoria, silbidos y gritos de seres dispersos que acuden a su convocatoria.




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