Aquel flautista barbudo y algo harapiento tenía algo distinto que pronto tendrá ocasión de demostrar. Al poco tiempo de su llegada a Londres, Jethro Tull ya participa en un festival multitudinario y graba su primer disco, que además será un éxito. Han dado en la diana y a partir de aquel instante la historia del grupo se convierte en una sucesión de álbums, ropajes con lo que vestir a su líder y espectáculos escénicos que explotan las cualidades de un frenético Ian Anderson. Su momento de mayor esplendor llegará en el periodo 1971-1972 con la publicación de sus dos mejores trabajos. Ellos inaugurarán el éxito del nuevo sello Chrysalis, pero con el paso del tiempo y de las modas, y tras una docena de discos triunfales, Anderson y su grupo notarán que ya no son tan importantes. Y es que en el mundo del rock nadie te explica por qué, como y cuando empieza la cuesta abajo. Esa es la última lección que uno aprende solo.
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