jueves, 29 de abril de 2010

Heavy metal: la secta prohibida

El heavy metal, esa especie de secta prohibida a todo adulto buscador de valores convencionales, siempre ha llenado desde su inicio como género embaucador a base de decibelios, gran parte del panorama musical de todas las décadas. Es música intimidante, repetitiva, visceral. Embutida en sudor, sonidos atronadores y muecas, preserva como nadie y en estado puro, el mito adolescente del rock como bandera de rebelión. Sospechosa ante los medios de comunicación, la falta de respetabilidad que estos parecen mostrarle, aumenta más si cabe su aureola de heroísmo. Su aparente estancia fuera de la ley y de la industria del espectáculo -a pesar de los millonarios beneficios que garantiza y genera- es solo una forma de reforzar su magnetismo y vender una arisca válvula de escape.
En sus orígenes, los forjadores de tan sublime ruido metálico a todo volumen serán tres guitarristas que casualmente pasarían por The Yardbyrds, pioneros de casi todo, en la primera mitad de los años sesenta: Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page.




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