En los festivales se producía la extraña unión de las masas en torno a una fugaz camaradería y la promesa implícita de que en ellos se podía hacer el amor bajo las estrellas, consumir drogas ilegales y sentirse parte de una alternativa arrogante. Tras aquel primer intento serán muchos otros los festivales que aglutinen a gente dispuesta a disfrutar de una vida sin complicaciones en la que la consigna será dejarse llevar: y así se celebrarán los festivales de Monterey, Newport, Miami, Wight, Atlanta o Atlantic City, pero ninguno como Woodstock. Este será el que termine por crear el mito y el modelo, pues desbordando las previsiones de sus organizadores, superando monstruosos atascos y aguantando todo tipo de incomodidades, será capaz de reunir a 400.000 personas durante aquellos tres días de agosto de 1967. Y todos dicen que fue maravilloso a pesar de que la mayoría se entera de lo que allí pasó gracias a discos y documentales posteriores.
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