En España fue conocido como gay rock por sus connotaciones homosexuales, mientras que en otros países se usaría mayoritariamente el término glam rock para calificar a esa llamativa fauna que a principio de los setenta invadió los escenarios con todo tipo de maquillaje y lentejuelas con las que vender fantasía y extravagancia a un público ávido de audacias. Del mismo tronco de tan atrevida puesta en escena, aparecerán verdaderos caballeros elegantes y distinguidos de nuevo cuño como Brian Ferry en el lado británico, o perfectas bandas sonoras de los mitos del terror como el esperpéntico Alice Cooper por el lado norteamericano.
Pero empecemos por el principio. Estamos en 1965 y un solista británico de segunda fila llamado Ian Whitcomb conquista las listas americanas con un anodino tema pop, descubriendo al mismo tiempo que debido a su aguda voz, el disco se convierte en una especie de himno de la clandestina comunidad gay norteamericana. La caja de los truenos está a punto de destaparse.
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