Pasada la tormenta de imperdibles y crestas, Pink Floyd resurge con otro trabajo ambicioso, The Wall, un doble disco conceptual alimentado mayormente por el sombrío panorama mental de Roger Waters: la soledad, la incomprensión y los muros que levantamos para aislarnos del entorno y de la realidad. Su adaptación posterior al cine con Bob Geldof, líder de The Bootown Rats, como protagonista y Alan Parker como director, obtendrá generosos dividendos, así como la canción principal Another brick in the wall, censurada en Sudáfrica y en algunas emisoras británicas al denunciar la represión de sus respectivos sistemas educativos. El pesimismo crónico que encierra este trabajo se consolidará en sus dos próximos trabajos con canciones repletas de consignas antibelicistas, que sirven además como despedida de unos combatientes honrados con infinidad de medallas de mérito en su pecho. Con un grupo mutilado y enfrentado -sin Roger Waters- aún grabarán un último disco antes de que las nuevas generaciones acaricien el placer de descubrirlos con la aparición de orquestadas e impactantes recopilaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario