domingo, 18 de abril de 2010

Soul: Sam Cooke (III)

Para cuando Sam Cooke decida pasarse al soul, su compañía no confiará en él fuera de los círculos del gospel, por lo que le dará permiso para que grabe lo que ellos consideran un experimento, en otra discográfica: lejos estaban de saber la fortuna que iban a perder, pues aquella canción -You send me- vendió casi dos millones de copias en 1957, convirtiéndose en el trampolín hacia su estrellato pop. Dos años después firmará con RCA, hecho que algunos considerarán desastroso dada la poca influencia que este sello tiene en el mercado de la música negra. Sin embargo, en sus filas le llegará la consagración definitiva. Nunca abandonará las listas de éxito con canciones que gustaban por igual a negros y blancos, quienes coincidirán en considerarlo un apuesto y simpático vocalista capaz de superar sus desventajas raciales. Su popularidad y su atractiva presencia hacen que, aún hoy, se le recuerde como un cantante eminentemente suave, elegante y con la rara habilidad de sugerir ritmo sin apenas esfuerzo, pasión sin melodramatismos. Fácil pero trascendente, santo pero pecador, Sam Cooke fue el principio de la música del alma.


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