Derrochaban magnetismo, pero bajo el circo de sus actuaciones también latía un caudal de talento. No solo ponían orden en su caos, sino que fabricaban muy deprisa canciones endiabladamente brillantes, directas. Incluso saben hacer voces. Se adelantaron en el uso de efectos electrónicos y se presentan como un grupo con cuatro personalidades explosivas y enfrentadas: se llevaban fatal, en directo se insultaban, pegaban y escupían a menudo. Incluso Roger Daltry será expulsado durante un breve espacio de tiempo. Llevaban chaquetas con la bandera británica y lo suyo era pura autodestrucción.
Su urgencia y ansiedad les elevó a portavoces del movimiento mod: acné urbano que asaltaba los titulares de prensa gracias a sus peleas de fin de semana con otro movimiento juvenil enemigo para ellos: los rockers. Los mods se armaban de firme inconformismo, cambiaban la ética del trabajo por la estética del ocio, y aceptaban trabajar solo como medio para conseguir independencia.
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