El temprano éxito de The Rolling Stones demostró que se podía vender música de origen negro con maquillaje blanco. En el Reino Unido los músicos se abalanzaron sobre los sonidos del ghetto con un entusiasmo desborbante, naciendo grupos con la señal del blues en la frente. Algunos causarán una gran impresión aportando su personalidad a un lenguaje ajeno y creando una forma tan vibrante e histórica como el rhythm and blues británico, que alcanzará su esplendor entre 1963 y 1966, como paso previo a intérpretes mucho más puristas que desembocarían más tarde en el blues rock.
Pero no adelantemos acontecimientos. En los primeros años sesenta, las llamadas escuelas de arte eran el refugio de estudiantes con vagas inclinaciones artísticas, de chicos problemáticos con dificultades para encajar en profesiones corrientes, de tipos aquejados por algún inexplicable tipo de virus de rebeldía y que estaban allí para acumular experiencia y descubrimientos. Entre ellos, la música negra.
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