Sin embargo, instalado ya en la cima, Jimi Hendrix comienza a mostrarse harto de un público que aplaude hasta sus fallos. Es entonces cuando su necesidad de progreso musical le hará desmarcarse del concepto meramente pop. Así, en sus siguientes trabajos Hendrix avanzará calladamente con inteligencia e imaginación, prólogo claro y contundente de monumentales trabajos posteriores en los que alcanzará la orilla del rock más experimental con tridimensionales sonidos que juegan con el stéreo, y calurosas improvisaciones. Sus grandes solos de guitarra lo convertirán en pieza clave del rock, pues Hendrix está decidido a que le tomen en serio. Para ello prescinde del marketing y la farándula, convirtiendo sus conciertos en una excusa para esos largos solos de improvisada guitarra en donde parece vaciar su alma. Poco a poco, su cambio musical se verá acompañado también por una profunda mutación personal: distanciado cada vez más de su grupo, una pelea a puñetazos con uno de sus compañeros casi pondrá punto y final a la formación.
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