Como si de alquimistas intuitivos se tratara, The Beatles poseen una trayectoria modélica. Mientras que lo habitual en la carrera discográfica de cualquier artista de rock es el hallazgo repetido y explotado hasta la saciedad, ellos son un grupo inquieto que se renovará regularmente, que no permanecerá durante mucho tiempo en el mismo sitio, que toma la iniciativa y se arriesga: sin duda lo que les convierte en los líderes de la música de los sesenta. Si a esto añadimos el apabullante porcentaje de aciertos -en su producción raramente encontraremos temas mediocres- ya tendremos la clave de tantos superlativos, la explicación de esa adoración ilimitada por parte de los que vivieron su esplendor. Reflejo de este impacto es entre otros la proclama del poeta Allen Ginsberg en 1964: "El centro de la conciencia universal se ha trasladado a Liverpool", esa ciudad portuaria e industrial que lleva décadas agonizando y que va a ser testigo de una epopeya tan rica como la del propio grupo, de una parábola perfecta de como alcanzar el triunfo y sus peligros.
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