Dejando aparte sus marrullerías, lo bien cierto es que Brian Epstein no tardó en tomar decisiones significativas. Conseguirá limar las primeras asperezas del grupo, tanto en imagen como en sonido e insiste en que las actuaciones de The Beatles se conviertan en un show donde sobresalga la profesionalidad. También les hace renunciar a los vaqueros y a las cazadoras negras sustituyendo todo por trajes de buen corte al tiempo que consigue que se peinen. Y aunque estos detalles pueden parecer desagradables compromisos, lo cierto es que constituirán un acierto, presentando el grupo una apariencia fresca que pronto conecta con un público joven para el que el rock and roll es un recuerdo lejano. También habrá que ocuparse del trabajo sucio: el productor se queja del batería Pete Best, por lo que decide sustituirlo por Richard Starkey, un tipo simpático que ya había compartido con el grupo los escenarios de Hamburgo, y al que conocen como Ringo Starr. Las 25 libras semanales que va a percibir por ello no son ningún obstáculo para que este firme.
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