Tras The Beatles llegó el diluvio: todos los grupos medianamente decentes de Liverpool fueron fichados con la esperanza de repetir la hazaña. Pero el sonido de aquella portuaria ciudad sería rápidamente eclipsado por docenas de nombres que venían de Manchester o Londres. Como primer síntoma de triunfante aparición, sus canciones, sus vestimentas, peinados y actitudes fueron copiadas en todos los rincones del mundo, dando un poderoso impulso a la música y a la moda juvenil. Eran chicos espabilados, algunos de temperamento inquieto e inclinaciones izquierdistas aunque sin pretensiones revolucionarias: simplemente se plegaban a las exigencias de sus representantes para adecentarse y moderar sus decibelios. Los años del movimiento beat serán disparatadamente locos mientras cada grupo buscará su propia forma de llamar la atención: algunos se convirtieron en rubios teñidos mientras otros destrozaban televisores sobre el escenario. Con una competencia tan asfixiante todo valía con tal de hacerse notar.
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