Destacaban también Love, que con un líder negro pero con una música luminosamente blanca, introdujeron la guitarra acústica en el rock con delicadas piezas mezcladas con drogas, peleas y mafias. Por su parte Sly and the Family Stone, con ritmos muy cercanos a la música de baile y al funk, llenaban de color y espectáculo cada una de sus soberbias actuaciones en una amalgama de intérpretes blancos, negros, jóvenes, menos jóvenes, hombres y mujeres...Los Vanilla Fudge también serán la sensación durante un tiempo con sus lentas versiones de todo lo que se les pusiera por delante, Beatles sobre todo. O los informales y atractivos Youngbloods, cuya música infundía una elevada sensación de pureza gracias a detalles acústicos y del jazz. Y obligado mencionar a los rugientes y elementales Steppenwolf, cuyo clásico Born to be wild es considerado el primer aldabonazo del heavy metal. Incluida en la banda sonora de Easy Rider, otro fenómeno de la época, llegará al número 2 en 1968 convirtiéndose en el himno de todo motero auténtico. Rock duro pero maleable, de pegadizos estribillos e indecisos vaivenes entre lo comercial y la psicodelia.
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