Sin embargo, la música disco se encontrará con un inesperado y mortal enemigo: el rock. En este nuevo sonido, sus métodos de creación donde el productor es su máxima autoridad, y su frivolidad, parecen ir en contra de la estética del rock. Y así, enzarzados en descalificaciones y enfrentamientos, los defensores de ambos géneros negarán la evidencia de unos puntos en común muy fuertes y arraigados, pues a pesar de sus diferencias, a nadie debería de escapársele que ambos tienen su origen en la música negra; ambos, al menos en un principio, van destinados a un público adolescente, y tal vez lo más importante, ambos comenzaron siendo rechazados por una sociedad bien pensante que, con veinte años de distancia, actúo respecto de la música disco tal y como había hecho con el rock and roll en los años cincuenta. Prohibiciones, quema pública de discos y escándalo ante explícitas alusiones sexuales, actuarán, en contra de lo esperado, como prueba inequívoca de la autenticidad de un estilo, al tiempo que le facilitarán automáticamente su visado para la supervivencia.
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