Los antecedentes de la bossanova en Estados Unidos fueron ya un éxito, por lo que no será de extrañar que el primer álbum con el que conscientemente, y en 1959, se intenta el asalto a las listas americanas, solo pueda causar estragos positivos entre los músicos norteamericanos. Lo interpretaba Joao Gilberto y sus surcos contenían excelentes voces y armonías bajo el amparo de excelsas composiciones de los grandes padres y maestros de este nuevo género, Antonio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes y Carlos Lyra.
A partir de entonces, consagrados artistas norteamericanos entre los que destacará el saxofonista Stan Getz, se encargarán de que esta nueva actitud -traducción literal del vocablo bossanova- alcance los más recónditos lugares del planeta. Incluso hoy, aquel suave pero firme balanceo rítmico forma parte del acervo de la música occidental a través de las múltiples versiones que de sus temas se han ido produciendo, llevándose sin duda la palma, La chica (garota) de Ipanema.
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